China: El Vaticano anima a los sacerdotes en sus esfuerzos por la unidad

A través de una carta de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 29 de julio de 2010 (ZENIT.org).- La Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha animado a los obispos y sacerdotes de la China continental a mantener sus esfuerzos por la unidad de la Iglesia y ha apreciado los frutos logrados ya en este sentido.

Lo ha hecho a través de una carta fechada el 5 de julio que les ha hecho llegar y que difunde este jueves la agencia Fides, firmada por el prefecto y el secretario de la congregación, el cardenal Ivan Dias y el arzobispo Robert Sarah, respectivamente.

“Alabemos al Señor por los esfuerzos ya realizados o en curso respecto a la unidad en el seno de la Iglesia, también en fiel conformidad a las indicaciones dadas por el Santo Padre en la Carta que Él os dirigió el 27 de mayo de 2007, y por los resultados obtenidos hasta ahora”, señala la misiva.

Y continúa: “Quiera Dios bendecir vuestras iniciativas para que la unidad de los Pastores entre sí y entre sus rebaños sea cada vez más firme en Cristo y en la Iglesia”.

La carta empieza haciendo referencia a las celebraciones del Año Sacerdotal que ha concluido recientemente y mostrando la voluntad del cardenal de “mandaros un cordial y fraterno saludo y dirigiros una palabra de ánimo en la ardua tarea pastoral que estáis realizando como pastores del rebaño que el Señor os ha confiado en esta noble nación”.

El cardenal Dias se detiene a explicar “el importante papel de un obispo o de un sacerdote como agente de unidad en el seno de la Iglesia de Dios”.

“Esta tarea -indica- tiene una doble dimensión y comporta la comunión con el Papa, la 'piedra' sobre la cual Jesús quiso edificar su Iglesia, y la unión de los miembros que forman parte de ella”.

Sobre la comunión con el Santo Padre, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos afirma conocer bien “cuánto algunos de vosotros han debido sufrir en el pasado reciente a causa de su fidelidad a la Santa Sede” y rinde “homenaje a cada uno de ellos”.

Y reconoce que “la ejemplar fidelidad y el admirable valor, demostrados por los católicos en China hacia la Sede de Pedro, son un don precioso del Señor”.


En cuanto a la unidad entre los miembros de la comunidad eclesial, la carta indica que “éste es el importante desafío que estáis ya afrontando, intentando reforzar la unidad en el seno de la misma Iglesia”.

Para lograr esta unidad entre los católicos, el cardenal Dias destaca que “sería útil entrar a menudo espiritualmente en el Cenáculo, donde el Señor Jesús, tras haber celebrado la Última Cena junto a sus Apóstoles y haberles ordenado sacerdotes de la Nueva y Eterna Alianza, oró al padre 'Que todos sean uno'”.

“Queridísimos hermanos -exhorta-, tomemos en serio este sentido llamamiento a la unidad de los pastores que viene del corazón de Aquel que tanto les amó, les llamó y les envió a trabajar en su viña”.

En la carta, la Congregación destaca que los testimonios y mensajes de los sacerdotes y obispos que ejercen su ministerio en China que recibe en el Vaticano “nos dan mucho consuelo y nos alientan a elevar fervientes oraciones para que el Señor os haga cada vez más fuertes en la fe y os sostenga en vuestros esfuerzos para propagar la Buena Noticia de Jesucristo en esta querida nación”.

Una parte de la misiva está dedicada a mostrar algunos aspectos del sacerdote. Recuerda que “hemos sido llamados por Jesús para ser 'ya no siervos, sino amigos', no por nuestros méritos, sino por Su infinita misericordia”.

Afirma que “precisamente porque un sacerdote es un Alter Christus — es más, Ipse Christus —, él debe ser un Hombre de Dios y Hombre para los demás”.

“Él debe por tanto distinguirse como hombre de oración y de vida austera, profundamente enamorado de Jesucristo y, como Juan Bautista, orgulloso de proclamar su presencia en medio de nosotros, particularmente en la Santa Eucaristía”, recuerda la misiva.

También añade que un sacerdote debe estar “enteramente dedicado a los fieles jóvenes y adultos, confiados a sus cuidados pastorales y a todos aquellos con quien el Señor Jesús ha querido identificarse o hacia los cuales ha mostrado benevolencia: los pecadores, ante todo, y los pobres, los enfermos y marginados, las viudas, los niños, además de las ovejas que no son aún de su redil”.

“Un eclesiástico procurará, por tanto, resistir a todo deseo de enriquecerse de bienes materiales o de buscar favores para su propia familia o etnia, o de nutrir una ambición malsana de hacer carrera en la sociedad o en la política”, añade.

En la carta, la Congregación cita la homilía que el Papa pronunció el pasado 29 de junio, fiesta de los santos Pedro y Pablo, en la que afirmó que las persecuciones “no constituyen el peligro más grave para la Iglesia”.

En esa ocasión, recuerda la carta, el Pontífice llamó la atención en cambio hacia “lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, manchando la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro”.

Y señaló que “uno de los efectos típicos de la acción del Maligno es precisamente la división dentro de la comunidad eclesial”.

“Las divisiones, de hecho, son síntomas de la fuerza del pecado, que sigue actuando en los miembros de la Iglesia también después de su redención”, destaca la carta.

Y añade que “la unidad de la Iglesia está arraigada en su unión con Cristo, y la causa de la plena unidad de los cristianos – que siempre hay que buscar y renovar, de generación en generación – está también sostenida por su oración y por su promesa”.

El cardenal Dias asegura a los sacerdotes y obispos que ejercen su ministerio en China “la cercanía espiritual de Su Santidad el Papa Benedicto XVI”.

Y les garantiza que el Papa “os bendice con afecto paterno junto a aquellos que están confiados a vuestros cuidados pastorales, y os invita a proseguir intrépidos por el camino de la santidad, de la unidad y de la comunión, como lo hicieron las generaciones que os han precedido”.

También pide que “María Santísima, Auxiliadora de los Cristianos, a la que la Iglesia en China venera en Sheshan con devoción tierna y filial, os proteja y haga fructificar todos vuestros propósitos para esparcir el bello perfume del Evangelio de su Hijo Jesús en todo rincón de vuestra amada Patria”.

Y finalmente desea la asistencia en esa tarea del “luminoso ejemplo del inolvidable misionero en China, Padre Matteo Ricci S.J., del que recordamos, con reconocido afecto, el 400 aniversario de su partida hacia el Reino del 'Señor del Cielo'”.

Según la agencia Fides, órgano informativo de la misma Congregación para la Evangelización de los Pueblos, esta carta “manifiesta el afecto hacia esa Iglesia que puede gloriarse de un testimonio heroico en medio de muchas tribulaciones y sufrimientos en los últimos cincuenta años”.

En un comentario a la misiva publicado este jueves, la destaca como “una palabra de aliento en el fatigoso compromiso pastoral que llevan adelante los ministros” y “un reconocimiento de los desafíos sociales, materiales y espirituales que los ministros ordenados tienen que afrontar en el desarrollo de su misión pastoral”.

Indica que en ella “se señala como un modelo a san Juan María Vianney, que supo identificarse e imitar a Cristo, Supremo Pastor de nuestras almas, en la falta de estructuras, en medio de las dificultades de su tiempo y en la pobreza de su persona”.

Además, Fides constata cómo la Congregación para la Evangelización de los Pueblos aprecia “la consolidación de la unidad de la Iglesia en China”.

“El cardenal en su carta recuerda a cuantos han trabajado en estos años con delicadeza y pasión por esta causa que está ya mostrando sus frutos”, afirma.

Y a la vez “recuerda que cualquier división de la Comunidad eclesial es un pecado, y que la unidad tiene necesidad del seguimiento radical de Cristo, que ha rezado y reza con nosotros al Padre para que todos seamos una sola cosa”.