China: La reciente asamblea patriótica dificulta la reconciliación

La Santa Sede considera lamentables los nombramientos realizados durante ella

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 17 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- “Con profundo dolor”, la Santa Sede lamentó la celebración, del 7 al 9 de este mes de diciembre en Pekín, de la Octava Asamblea de Representantes Católicos Chinos.

“La manera como se convocó y se desarrolló manifiesta una actitud represiva respecto al ejercicio de la libertad religiosa, que se esperaba ya superada en la China de hoy en día”, indica un comunicado de la Oficina de Información de la Santa Sede publicado este viernes.

“La Asamblea ha hecho más difícil el camino de la reconciliación entre los católicos de las 'comunidades clandestinas' y los de las 'comunidades oficiales', con lo que inflige una herida profunda no sólo a la Iglesia en China, sino también a la Iglesia universal”, advierte el texto.

Y añade: “La Santa Sede lamenta profundamente el hecho de que la celebración de la citada Asamblea, así como la reciente ordenación episcopal sin el mandato indispensable del Papa, hayan dañado de manera unilateral el diálogo y el clima de confianza que se había establecido en sus relaciones con el Gobierno de la República Popular China”.

La Santa Sede declaró que “el persistente deseo de controlar la esfera más íntima de las vidas de los ciudadanos, la de su conciencia, y de interferir en la vida interna de la Iglesia católica no hace honor a China”.

“Al contrario, parece ser un signo de miedo y debilidad, más que de fuerza, de intolerancia intransigente y no de apertura a la libertad y al respeto efectivo tanto a la dignidad humana como a una distinción correcta entre las esferas civil y religiosa”.

En referencia a las personas que participaron en el encuentro de la asamblea controlada por las autoridades chinas, la Santa Sede indicó que “cada uno de los que estuvieron presentes sabe hasta qué punto es responsable ante Dios y la Iglesia”.

Al mismo tiempo, indica el comunicado, la Santa Sede “expresa su más profunda estima por aquellos que, de distintas maneras, han dado testimonio de su fe con valentía e invita a los demás a orar, hacer penitencia y, a través de sus obras, a reafirmar su voluntad de seguir a Cristo con amor, en plena comunión con la Iglesia universal”.

“A aquellos que se preguntan cómo es posible que su propio obispo o sus propios sacerdotes hayan participado en la Asamblea, la Santa Sede les pide que se mantengan firmes y pacientes en la fe; les invita a tener en cuenta las presiones experimentadas por muchos de sus pastores y a rezar por ellos, les exhorta a proseguir con valentía sosteniéndoles frente a las imposiciones injustas que encuentran en el ejercicio de su ministerio”, señala el texto.

Durante la asamblea, se eligió, entre otras cosas, al presidente nacional de la Asociación Patriótica Católica China -el obispo de Linyi, monseñor Johan Fang Xinao- y al presidente del Consejo de los obispos chinos -el obispo de Kunming, Joseph Ma Yinglin.

En este sentido, la Santa Sede consideró “profundamente lamentable que un obispo ilegítimo haya sido designado presidente” del Consejo de los obispos chinos.

Y destaca que “es lamentable también que un obispo legítimo haya sido nombrado presidente de la Asociación Patriótica Católica China”.

El comunicado también recuerda que “el actual Colegio de los Obispos Católicos de China no puede ser reconocido como Conferencia Episcopal por la Sede Apostólica”.

Respecto a la Asociación Patriótica China, subraya que los principios de independencia y autonomía, autogestión y administración democrática de la Iglesia son “incompatibles con la doctrina católica”.

Pérdida de confianza

El 8º Congreso Nacional de la institución controlada por el gobierno comunista “fue impuesto a numerosos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos”, lamentó la Santa Sede.

En este sentido, la Santa Sede volvió a condenar el hecho de que muchos obispos y sacerdotes fueran obligados a participar en la Asamblea, calificándolo como una “grave violación de sus derechos humanos”.

Por otra parte, “mientras reafirma su propia voluntad de diálogo honesto, se siente obligada a declarar que los actos inaceptables y hostiles como los mencionados anteriormente provocan entre los fieles, tanto en China como en otros lugares, una grave pérdida de la confianza necesaria para superar las dificultades y construir una relación correcta con la Iglesia, en beneficio del bien común”.

Finalmente, destaca la urgencia de la invitación que el Papa dirigió a los católicos del mundo el pasado 1 de diciembre para que recen por la Iglesia en China, que está atravesando un momento particularmente difícil.