China: Los misioneros mártires lucharon contra el opio

Documentos desmienten las acusaciones contra los nuevos santos

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ASIS, 4 oct (ZENIT.org).- El Gobierno de Pekín ha lanzado una infamante incriminación contra los mártires chinos canonizados el domingo pasado por Juan Pablo II, acusándolos de ser traficantes de opio. Pero la realidad es muy distinta. En una carta pastoral, escrita por uno de los nuevos santos, el obispo franciscano de Shansi, Gregorio Grassi, asesinado por los Boxers en 1900, ordena explícitamente a los cristianos que «no usen, no cultiven y no compren opio».



El autógrafo original de la carta, en chino, con el formato de un cartel público, lleva las partes más importantes, como la que se refiere al opio, subrayadas en rojo. Es expuesto junto a otros importantes documentos históricos en la muestra «Los mártires franciscanos en China», en el museo de la Porciúncula de Asís.

Como pastor, Grassi educaba a los cristianos a realizar opciones morales coherentes con la fe, que implicaba también precisos compromisos sociales como combatir el uso de las drogas, entonces como hoy fuente de grandes beneficios económicos y de corrupción.

Otro documento importante de esa exposición una tela roja en la que está bordado un caluroso agradecimiento en chino. Está dirigido al sacerdote Fan, definido «el benévolo» porque ama a las personas y ha hecho grandes favores al pueblo en tiempo de calamidad. Los datos contenidos en este cartel de agradecimiento son insuficientes para identificar con certeza a este sacerdote que se distinguió entre la gente por su caridad, pero podría ser uno de los nuevos santos, el obispo Antonino Fantosati, el cual por su afabilidad era llamado «Fan-hoae-te», que quiere decir «Fantosati el virtuoso».

Los misioneros mostraron la propia atención y simpatía por la civilización china adoptando inmediatamente las costumbres locales, incluido el vestido. Así en la muestra se reproducen fotografías del siglo XIX inéditas en las que se ve a los misioneros tanto con el hábito franciscano o con vestidos chinos. Algunos de estos vestidos están expuestos en las salas del museo. Y se ve también el intento de síntesis entre el arte chino y la simbología cristiana.

Todo testimonia sin muchas palabras que estos misioneros estaban animados por un gran amor al pueblo chino y que --como decía san Gregorio Sassi-- ellos no sólo no perjudicaron a nadie sino que beneficiaron a muchos.