Cinco mil jóvenes chilenos contagian de color y alegría Roma

Una joven de este país logró dar al Papa una bandera saltando los controles

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CIUDAD DEL VATICANO, 17 agosto (ZENIT.org).- Los cinco mil jóvenes chilenos que participan en las Jornadas Mundiales de la Juventud están contagiando Roma con su entusiasmo y espontaneidad. Se trata de un caso realmente particular, pues hasta la misma prensa italiana ha publicado, sorprendida, artículos.



Chileno fue uno de los gestos fuera de programa del 15 de agosto. Nada más saludar el Papa a los jóvenes, una chica saltó las barreras y corrió hasta el Papa. Las cámaras inmortalizaron la conmovedora escena: Gabriela Lazo, arrodillada ante el Papa con la cabeza entre los brazos de Juan Pablo II, de quien recibió una caricia. La joven chilena puso sobre las rodillas del pontífice una bandera de su país.

Chile está presente con una abundante delegación de más de cinco mil jóvenes de todas las diócesis, acompañados por 37 sacerdotes. Llevan un gorro rojo para distinguirse y una mochila distinta a la de los demás. Pero lo que es evidente es que en Chile, en estos años, se ha realizado una atenta pastoral juvenil. Y la presencia en Roma «no es un viaje turístico sino una peregrinación», explica Rodrigo Muñoz, del movimiento de Schonstatt, coordinador de un grupo de 83 jóvenes de la diócesis de Concepción.

«Hay hoy en Chile una pastoral juvenil muy cuidada --explica monseñor Francisco José Cox, arzobispo emérito de La Serena--. La pastoral juvenil está muy articulada. Y para preparar esta Jornada jubilar, el encuentro continental de octubre de 1998 en Santiago de Chile fue una etapa importante». Eran medio millón y «sin el Papa», subraya sonriendo monseñor Cox.

«El encuentro representó el punto de partida para venir a Roma», dando inicio a una gran obra de autofinanciación y organización interna. Diego Mundaga, uno de los 400 que vienen de la diócesis de Concepción, lo explica así: «Mis padres no son creyentes. Pero cuando han sabido que venía a Roma y han visto mi entusiasmo no me lo han impedido». Y añade seguro: «La fe y el cristianismo nos hacen sentir la vida más humana, más interesante. Debemos adherirnos a los ideales cristianos, comprometernos y, por tanto, vivirlos».

Cuando el Papa vino a Chile, en 1987, observa Cox, estos jóvenes eran niños o adolescentes o como máximo veinteañeros. «Pero debemos pensar que el impacto de aquella visita fue de verdad enorme. Y a la distancia de 13 años,
muchísimos recuerdan el momento en el que el Papa, en el estadio nacional de Santiago, con un gran gesto, indicó a la multitud la imagen de Jesús, diciendo, casi gritando: ¡encontrad a Cristo!».

«Vienen de todas las diócesis --indica monseñor Cox-- y uno incluso de la isla de Pascua. Pastoral juvenil significa gran compromiso social. Y se realiza en los hospitales, en los pequeños centros, sobre todo en el campo, cuando los jóvenes se dedican en los meses de verano a ayudar a las poblaciones de las aldeas. De noche, en las ciudades, se pone en marcha una red de asistencia para los mendigos. Y se implica a los jóvenes animándoles a participar, a comprometerse en la Universidad, en el mundo del trabajo».