Cincuenta años de la muerte del apóstol de los pordioseros

Ambrogio Grittani está en causa de beatificación

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ROMA, 3 mayo 2001 (ZENIT.org).- Italia acaba de recordar los cincuenta años del «apóstol de los mendigos», Ambrogio Grittani, cuya causa de beatificación se encuentra ya avanzada.



Grittani se dedicó en cuerpo y alma a los pobres, después de que en agosto de 1941 --tiempo de guerra-- hizo ejercicios espirituales en la ciudad de san Francisco, Asís.

Así comenzaron 16 años sin descanso, que consumieron su fuerte fibra hasta la última gota y la muerte precoz, a los 43 años, el 30 de abril de 1951.

La diócesis de este «siervo de Dios» ha acaba de celebrar los 50 años de la muerte de Grittani, una convocatoria abierta hace una semana en el Pontificio seminario regional, por el arzobispo de Lecce, monseñor Cosmo Francesco Ruppi, y que se concluyó el 30 de abril con la Misa solemne, presidida por el actual obispo de Molfetta, Luigi Martella.

Grittani fundó la Obra Pía San Benito Labre para la rehabilitación de los mendigos de Italia, reconocida el 1 de marzo de 1943. Simbólicamente eligió como patrón a Labre, mendigo francés del siglo XVIII.

A él también se debe la fundación de la Congregación de las Oblatas, presentes en Italia y Albania. Una casa de acogida a gente sin techo.

Ambrogio Grittani nació en Ceglie del Campo el 11de octubre de 1907, y pronto quedó huérfano. En 1918, entró en el seminario, en 1931 ordenado y en octubre de ese año se licenció en Teología en Roma.

Comenzó protestando contra los lugares en los que en aquel tiempo se recluía a la fuerza a los pordioseros. Pensaba que no se debía aislar al mendigo de su familia y su ambiente social, sino ayudarlo, respetando su libertad, promoviendo su dignidad, animándolo a trabajar.

«No nos enseñó sólo latín --testimonia hoy quien fue un alumno suyo en el seminario regional, el actual cardenal Salvatore De Giorgi, arzobispo de Palermo--. Nos enseñó que el sacerdote es el padre de los pobres, en la medida en que contempla el rostro del Padre en los últimos, los ve, los ama, los sirve con el corazón del sumo sacerdote Jesús».

De Giorgi, se confiesa «deudor al padre Ambrogio, del afecto que siempre me demostró en la escuela y sobre todo de su ejemplo de vida y dedicación sacerdotal, que nunca he olvidado siendo ya sacerdote, obispo, cardenal y que nunca olvidaré. Voy a menudo a estar con los vagabundos. Prefiero compartir con ellos la comida de Navidad y de Pascua. Estando con ellos me parece ver la presencia del padre Grittani que me dice: Mantente cercano a ellos. Son ellos tus mejores amigos. Y es verdad».