Ciudad de México aprueba una ley de uniones administrativas homosexuales

Los obispos advierten que la norma fomentará este tipo de uniones

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CIUDAD DE MEXICO, domingo, 12 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Ciudad de México se convirtió el jueves pasado en la segunda ciudad de América Latina cuya legislación permite las uniones administrativas de personas del mismo sexo, después de Buenos Aires.



Con 43 votos a favor, 17 en contra y 5 abstenciones, los legisladores capitalinos aprobaron el jueves la «Ley de sociedad de convivencia» -que sólo tendrá efectos en la capital mexicana- dirigida a personas de diferente o del mismo sexo que decidan vivir juntas y carezcan de un nexo familiar directo.

Según la ley aprobada en Ciudad de México, las parejas que suscriban este convenio ante una autoridad administrativa de la ciudad se regirán «en lo que fuere aplicable» bajo la figura del concubinato, aunque esto no implica que se modifique el Código Civil local, según el texto de la ley.

La Conferencia Episcopal de México emitió un día antes, el 8 de noviembre, un comunicado advirtiendo de los peligros de la nueva norma.

«Respetar la naturaleza es algo que todos queremos -dice el texto de los prelados-, lo vemos en el acertado cuidado de la ecología que con tanta insistencia se ha sembrado en nuestro entorno. La Iglesia ha sido siempre respetuosa de la ley natural, porque es en la misma naturaleza del hombre donde se encuentra su plenitud y no sólo en las leyes positivas. El mismo cuerpo humano expresa la diferencia fundamental y complementaria entre un hombre y una mujer».

Los obispos de México –sigue el comunicado-- «apoyamos leyes que dignifiquen al ser humano, que le engrandezcan y que le hagan gozar del innato deseo de felicidad que Dios ha sembrado en sus corazones. Apoyamos con certeza leyes cuyo objetivo es perseguir siempre la bondad que hace libre a los seres y que los ubica en igualdad de condiciones».

«El matrimonio es la base de la familia –añaden-, como la familia es el vértice del matrimonio. Es imposible separar una de otra. La familia no está en función de la sociedad y del Estado, sino que la sociedad y el Estado están en función de la familia. Es la comunidad humana fundamental. Conforme sea la familia, será la nación, porque así es el hombre. El futuro del hombre se decide en la familia».

Los obispos apuntan igualmente de que «cuando el valor de la familia esté amenazado por presiones sociales y económicas, la Iglesia reaccionará reafirmando que la familia entre un hombre y una mujer es necesaria no sólo para el bien privado de cada persona, sino también para el bien común de toda sociedad, nación y Estado».

Esta iniciativa de ley, indican los prelados mexicanos, «pretende legitimar las relaciones de las sociedades de convivencia, y veladamente quiere dar origen a una legislación que fomenta mecanismos que aprueben los matrimonios entre personas del mismo sexo, incluso con el derecho de adoptar niños, pues la naturaleza les imposibilita engendrarlos entre sí. Una ley como ésta sólo ve y pretende dar soluciones incompletas y momentáneas a un problema que es más complejo de lo que aparenta ser».

«Ciertamente la Iglesia católica ve con verdadero amor a todos los hombres y mujeres sin importar preferencias ni inclinaciones –afirman los obispos--, pero fieles a la misión de Pastores, nos oponemos tajantemente a actitudes que dañen al mismo hombre en su proyecto integral de vida».

«Proponemos a los legisladores legislar en favor de la dignidad del ser humano y de la familia, ya que la familia es la verdadera medida de la grandeza de una nación, del mismo modo que la dignidad del hombre es la auténtica medida de la civilización», concluye el comunicado.