Clausurada la 75 Semana Social de Francia

Propone escribir un nuevo «estatuto del trabajador»

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PARIS, 24 nov (ZENIT.org).- El crecimiento económico debe tener como objetivo primero y fundamental el hombre. Es necesario, por tanto, elaborar un «estatuto del trabajador». Esta es la propuesta con la que se clausuró, el domingo pasado, la Semana Social de Francia.



Esta cumbre de los católicos galos cumplió su 75a edición con el el tema «Trabajar y vivir». Se celebró en Issy-les-Moulineaux (París) con la participación de más de 1.500 representantes del mundo de la empresa, la agricultura, las asociaciones profesionales y los movimientos políticos. Sus participantes son en un 85% laicos y un 15% sacerdotes, religiosos y religiosas y siete obispos.

A principios del siglo XX, sus integrantes discutían sobre como poner en práctica la «Rerun Novarum» de León XIII. Hoy, a principios del siglo XXI, debaten sobre el cambio del trabajo en la era post-industrial y sobre las repercusiones en la vida personal, familiar y social.

Han intervenido filósofos, economistas y representantes del mundo del trabajo. Las discusiones se realizaron en grupos de debate. Han analizado el debate sobre la reforma del derecho del trabajo, que absorbe en estos momentos a la sociedad francesa. De ahí la insistencia en crear como base un «estatuto del trabajador» que tenga en cuenta los derechos del trabajador del tercer milenio, tan diverso de los obreros en los que pensaba León XIII en 1891.

La propuesta consiste en «un conjunto de derechos y deberes jurídicamente organizados --ha precisado el presidente de las semanas Sociales Jean Boissonat--: derecho a la formación, a la retribución y a la asistencia social, independientemente de las modalidades laborales y garantizado también en el periodo de paso de un puesto de trabajo a otro».

Así como surgen los derechos, surgen también los deberes, como «el deber de ponerse al día y de buscar un nuevo empleo. De modo que el concepto de desocupación se sustituya por el de transición o reconversión».

«Como cristianos comprometidos en la sociedad --ha dicho Boissonat-- debemos sentirnos investidos de una misión crítica». Una misión «de vigilancia, de visión global de la persona y de experimentación de nuevas estructuras jurídicas y sociales al día».

Desde el próximo mes de enero, el nuevo presidente de las Semanas Sociales será el ex director del Fondo Monetario Internacional Michel Camdessus.

Juan Pablo II ha querido hacerse presente en el encuentro a través de un mensaje del secretario de Estado vaticano, el cardenal Angelo Sodano, en el que desea «una nueva reflexión sobre la cuestión de la justicia y de la equidad en la retribución del trabajo».

Los obispos franceses han estado sentados escuchando a los laicos desde la tribuna. Cuando se pregunta a François Desouches, delegado general de la asociación, si se consideran «voz» de la Iglesia francesa sobre temas de trabajo, responde «sí», sin dudarlo.

«Los obispos --precisa-- han publicado documentos importantes sobre el trabajo. La sintonía es completa, nos escuchamos mutuamente».

Las Semanas Sociales siguen teniendo hoy una voz atrayente para quienes se acercan a ella. «Le leo un mensaje que he recibido por correo electrónico de un participante en la última sesión --dice Desouches--. "He descubierto las Semanas Sociales hace poco. Me ha hablado un colega, un historiador del derecho. Me decía que las Semanas Sociales han influido en la política de nuestro gobierno más que el debate marxista».

Otro signo interesante es el público. El público, que en los últimos años estaba dominado por los que tienen más de sesenta años, ha comenzado ahora a llenarse de jóvenes de menos de cuarenta años. En medio, sin embargo, hay un vacío.