Colombia: los obispos recuerdan que adoptar no es un derecho

"Negar la adopción a los homosexuales no es discriminatorio"

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BOGOTÁ, martes 1 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Los obispos de Colombia han emitido una nota en la que se muestran públicamente en contra de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, advirtiendo que adoptar “no es un derecho” y que por tanto no hay “discriminación”.

En una larga nota, fechada el 25 de febrero y firmada por el secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Juan Vicente Córdoba, se explican las razones de la postura de la Iglesia, basadas en el bien del menor adoptado.

Empieza asegurando que la Iglesia “reconoce los legítimos derechos de todos los colombianos, sin discriminación alguna”, y que “deplora que las personas homosexuales sean en ocasiones objeto de un trato social inadecuado y, mucho más de acciones violentas”.

“Toda persona independiente de su orientación y comportamiento sexual es criatura e hija de Dios con dignidad”, afirma el texto.

A continuación, los obispos, “con profundo respeto”, señalan que no consideran discriminatorio “el hecho de que el actual ordenamiento jurídico nacional no contemple la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan adoptar niños”.

No lo es porque “los requisitos para la adopción valen tanto para parejas heterosexuales o del mismo sexo, teniendo en cuenta el bien del adoptando y sus necesidades más que de los adoptantes”.

Además, recuerdan que “la mayoría de los colombianos se han manifestado contrarios a la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, según estadísticas publicadas por los medios de comunicación”.

La adopción, añade la nota, “consiste en crear entre dos personas una relación jurídica de filiación, es decir, una relación jurídica y socialmente semejante a la que existen entre un hombre y una mujer y sus hijos biológicos”.

“Dicha semejanza pone en evidencia no solo el alcance jurídico y social de la adopción sino también sus propios límites: lo que la naturaleza permite pero también lo que la naturaleza impide, constituyen el marco jurídico de la adopción. En definitiva, no es la Iglesia ni el Estado ni la sociedad quienes niegan a los homosexuales la posibilidad de adoptar, sino la naturaleza misma de las cosas”.

El interés del menor “es la motivación y el fundamento de la adopción como figura jurídica”. La adopción “solo puede ser acordada en aras de las necesidades y el respeto del adoptando”.

En resumen, afirman los obispos, “la adopción no es un derecho de los adoptantes, sean estos homosexuales o heterosexuales, y por eso no se puede hablar de vulneración de un derecho fundamental”.

“Plantear la cuestión como un problema de discriminación supone, incluso de modo inconsciente, hacer pasar por delante del interés del menor, que debe ser respetado, las aspiraciones y deseos de quienes los quieren adoptar”, añaden.

Por otro lado, los obispos afirman que “numerosos estudios científicos han manifestado ciertas dudas y reservas respecto a la idoneidad de las parejas del mismo sexo para adoptar”.

En este sentido, citan a la Asociación Española de Pediatría: “un núcleo familiar con dos padres o dos madres, o con un padre o madre de sexo distinto al correspondiente a su rol, es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño”.

“Procesos mal logrados en este campo traen consecuentes dificultades en la identidad de rol sexual de género, en el niño y la niña, con consecuencias como la homosexualidad, la bisexualidad, la apatía sexual o las dificultades para la relación de pareja”, advierten.

Por último, los obispos concluyen reafirmando “la importancia de la familia, célula primordial de la sociedad y sacramento de amor, fundada y vivificada por el amor entre un varón y una mujer, y cuya estabilidad y natural configuración jurídica debe ser respetada y preservada”.

“En el contexto de nuestra fe católica exhortamos a todos los colombianos a respetar y promover a la familia como Iglesia doméstica y tesoro de la humanidad y por excelencia transmisora de la fe y de las buenas costumbres”.