¿Cómo celebrar?/2: Canto y Música (CEC 1.156-1.158)

Columna de teología litúrgica a cargo del padre Mauro Gagliardi

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ROMA, miércoles 18 abril 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a los lectores la habitual columna de liturgia, a cargo del padre Mauro Gagliardi. Esta vez, con un artículo del padre Paul Gunter, especialista en la materia.

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Por Paul Gunter, OSB*

Desde tiempo inmemorial, el canto y la música bella han proporcionado una conexión con las alturas y las profundidades de la emoción humana. No obstante estos sean formativos en la liturgia, su propósito más elevado es el de dar gloria a Dios en el culto que, inevitablemente, eclipsa su noble pero limitado destino de satisfacer el deseo primario de una puesta en escena brillante. Dado que sobre todo está orientada hacia Dios, "la tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne"(Catecismo de la Iglesia Católica [CEC] 1.156 y Sacrosanctum Concilium [SC] 112). Según la tradición de la Antigua Alianza, no sólo los salmos y los himnos son fundamentales en la liturgia judía y cristiana, sino también la diversidad musical y los registros simbólicos de los varios instrumentos musicales (CEC 1.156). Desde una perspectiva moderna, es difícil establecer cuáles son todos los instrumentos, sin embargo un sentido de su sinfonía puede ser asimilado gracias a nuestro aprecio por la versatilidad de un órgano de tubos que anuncia, tan hábilmente, las atmósferas distintivas del año litúrgico. No debemos perder de vista el llamado de SC 120 sobre el aprecio en particular que debe recibir el órgano de tubos, aún cuando otros instrumentos están permitidos en la liturgia, sobre la base de que sean apropiados para el uso sagrado.

Las distintas atmósferas expresadas por los diferentes géneros de los instrumentos musicales en la liturgia del Antiguo Testamento, son indicadas según su rango. Entre los instrumentos de cuerda, fueron la lira y la cítara o kinnōr los que se oyeron en el templo durante las fiestas, así como en los banquetes, tal como se indica en 1 Crónicas 15,16 y en Isaías 5,12. Más aún, era el mismo instrumento utilizado por David para confortar a Saúl como se indica en 1 Samuel 16, 23. El nebel o arpa que se tocaba con frecuencia junto con la lira, como se sugiere en el Salmo 108 (107). El nebel de diez cuerdas que se encuentran en el Salmo 144 (143) puede ser comparable a una cítara y muy diferente a un laúd. Entre los instrumentos de viento estaban la trompeta en Números 10, que se utilizaba para fiestas y otras ceremonias importantes; la flauta, que figura en el grupo de instrumentos en Daniel 3,5 y el halīl o tubo de caña que se utilizó para simbolizar el dolor en Jeremías 48,36 y para proclamar la alegría en 1 Reyes 1,40. No estuvieron menos presentes los instrumentos de percusión como los platillos del Salmo 150 y los cascabeles en las vestiduras de Aarón en Éxodo 28,33-35.

Los tesoros de la liturgia infunden vida cuando son celebrados, y dignifican el canto y la música del culto. El acto mismo del intercambio entre nosotros y Dios actualiza el lugar donde habita Dios y en el que los seres humanos son tocados por la vida misma de Dios. Esta morada de Dios se encuentra en la liturgia. La liturgia no es un mero símbolo del misterio divino, o un mero símbolo de la verdad de la revelación católica. Se hace presente ante nosotros en y através de la celebración litúrgica. Estos componentes esenciales de la liturgia nos demuestranque nuestras celebraciones no pueden ser limitadas a lo que sentimos o a un imperativo emocional para sentirnos bien por lo que celebramos y cómo lo celebramos; no importa lo importantes que sean estos aspectos en el modo en el que dirigimos un mensaje a Dios. La liturgia debe comunicar el significado de la Iglesia y, al mismo tiempo, su significado entre los participantes que, a su vez, son alimentados por el Espíritu y por la Verdad. La fidelidad a lo que parece una relación distante, en la liturgia será una percepción temporal si las personas se adaptan a la lengua sagrada de la Misa. No se debe subestimar a la gente implicada que debe reconocerla y, con el tiempo, crecerá el amor por los textos a medida que se conozcan cada vez más. Son tres los criterios que se deben tener presentes para el canto y la música, a fin de desarrollar su potencial: "la belleza expresiva de la oración, la participación unánime de la asamblea en los momentos previstos y el carácter solemne de la celebración” (CEC 1.157).

La liturgia delinea y crea relaciones. Las relaciones necesitan perseverar y dentro de ellas puede haber equívocos. La liturgia es el lugar de encuentro donde Dios muestra la profundidad de la alianza de su amor, por lo que "los hombres caídos pueden levantarse sobre las alas de la oración" (Stanbrook Abbey Hymnal, "Lord God, your light which dims the stars", vers. 2, año 1974). En la liturgia Dios se encuentra con el anthropos (hombre) en una tierra santa. Por eso, "foméntese con empeño el canto religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las mismas acciones litúrgicas", conforme a las normas de la Iglesia "resuenen las voces de los fieles" (SC 118, CEC 1158).

Por lo tanto, nuestro servicio a la liturgia en la celebración litúrgica no tiene previsto añadir nuestros gustos personales y nuestras opciones particulares, por delante de lo que la Iglesia ha transmitido hasta nosotros. La auténtica participación litúrgica celebrará verdades q2ue trascienden el tiempo y el espacio, ya que "el Espíritu Santo guía a los fieles cristianos hacia la verdad completa y hace que la palabra de Cristo habite en abundancia en su interior, y la Iglesia perpetúa y transmite todo lo que es ella misma y todo lo que cree, aún cuando ofrece las oraciones de todos los fieles a Dios, por medio de Cristo y con el poder del Espíritu Santo" (SC 33; Liturgiam authenticam 19).

Traducido del inglés por José Antonio Varela V.

*El padre Paul Gunter, OSB, es profesor del Pontificio Instituto Litúrgico de Roma, consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas de Sumo Pontífice y secretario del Departamento para la Vida Cristiana y el Culto de la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales.

Quien desee hacer preguntas o expresar opiniones sobre los temas tocados por la columna dirigida por don Mauro Gagliardi, puede escribir a la dirección: liturgia.zenit@zenit.org.