Como en Emaús, al hombre de hoy le queda una pequeña llama de fe

Reflexión de Benedicto XVI durante ágape con los obispos

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CIUDAD DEL VATICANO, sábado 13 octubre 2012 (ZENIT.org).- Este viernes 12, el santo padre Benedicto XVI ofreció un almuerzo a los padres sinodales y demás participantes en la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, así como a los padres conciliares precedentemente recibidos en audiencia. En el ágape participaron el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y su Gracia Rowan Douglas WILLIAMS, arzobispo de Canterbury y Primado de toda Inglaterra y de la Comunión Anglicana.

Al final de la comida, el Santo Padre les dirigió las siguientes palabras:

Santidad,
Su Gracia,
Queridos Hermanos:

Para empezar, desearía anunciar un poco de gracia, es decir, esta tarde empezaremos, no a las cuatro y media --me parece deshumano--, sino a las seis menos cuarto.

Es una bella tradición creada por el Beato Papa Juan Pablo II coronar el Sínodo con una comida común. Para mí es una gran alegría tener a mi derecha a Su Santidad el Patriarca Bartolomé, Patriarca Ecuménico de Constantinopla y al otro lado al Arzobispo Rowan Williams, de la Comunión Anglicana.

Para mí, esta comunión es un signo de que estamos en el camino hacia la unidad y que en el corazón vamos hacia adelante. El Señor nos ayudará a avanzar también exteriormente. Esta alegría, creo, nos da fuerza también en el mandato de la evangelización. Synodos significa «camino común», «estar en un camino común», y así la palabra synodos me recuerda el famoso camino del Señor con los dos discípulos de Emaús, que son un poco una imagen del mundo agnóstico de hoy. Jesús, su esperanza, había muerto; el mundo, vacío; parecía que realmente Dios no estaba o no se interesaba por nosotros.

Con esta desesperación en el corazón y, sin embargo, con una pequeña llama de fe, siguen adelante. El Señor camina misteriosamente con ellos y les ayuda a entender mejor el misterio de Dios, su presencia en la historia, su caminar silenciosamente con nosotros. Al final, en la cena, cuando ya las palabras del Señor y su escucha habían encendido el corazón e iluminado la mente, lo reconocen en la cena y por fin el corazón empieza a ver.

También en el Sínodo estamos juntos con nuestros contemporáneos en el camino. Oremos al Señor para que nos ilumine, para que encienda nuestro corazón a fin de que vea, para que ilumine nuestra mente; y oremos para que en la cena, en la comunión eucarística, estemos realmente abiertos para poder verlo y así encender también el mundo y dar su luz a este mundo nuestro.

En este sentido, la cena --así como el Señor ha tomado con frecuencia la comida y la cena como símbolo del Reino de Dios--, podría ser también para nosotros un símbolo del camino común y una ocasión para rezar al Señor a fin de que nos acompañe y nos ayude. Con este sentido recemos ahora la oración de agradecimiento...

¡Que tengan un buen descanso, nos vemos en el Aula del Sínodo! ¡Gracias!