Cómo mejorar la predicación sagrada

Columna del padre Antonio Rivero LC

São Paulo, (Zenit.org) Antonio Rivero | 2277 hits

Continuamos la serie mantenida por el padre Antonio Rivero LC. Por razón de los últimos acontecimientos eclesiales, esta columna aparece hoy en lugar del viernes pasado. El próximo, aparecerá la siguiente entrega como acostumbrado.

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Seguimos con la figura del predicador sagrado.

Veamos ahora las actitudes que favorecen la comunicación en el predicador

Primera, aceptación incondicional del otro. Sólo así se podrá dar la comunicación. Sólo así el oyente no será utilizado como un medio u objeto para alcanzar un fin. Sólo así el oyente escuchará al predicador y le aceptará. Los oyentes no son enemigos del predicador, sino sus hermanos. Así fue Jesús. El predicador no está por encima de nadie. Él es un hermano mayor que trata de explicar con cariño la palabra de Dios y pone a disposición de sus hermanos menores lo que él aprendió. ¿No es esto una auténtica obra de misericordia?

Segunda, comprensión empática. Es decir, “meterse en el pellejo del otro”, para ver el mundo con los ojos del otro. Los oyentes esperan del predicador que no haya nada verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. Esperan comprensión de “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombre de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (Gaudium et Spes 1).

Y tercera, autenticidad. El predicador tiene que aparecer tal como es. Para ser auténtico no basta un precalentamiento en la preparación inmediata de la predicación, sino que se exige una experiencia de la vida sacerdotal. El oyente puede aceptar tanto mejor el mensaje de la predicación cuanto más está el predicador detrás de lo que dice, con autenticidad. No se trata de hablar desde lo que he leído, sino desde lo que he vivido. Nadie da lo que no tiene. El lema del cardenal Newman era: “Cor ad cor loquitur”, es decir, “el corazón habla al corazón”.

El predicador va creciendo en edad, sabiduría y en gracia. Veamos ahora las edades del predicador.

Está el predicador joven. El primer peligro –normal- es la falta de material y, en consecuencia, la palabrería vacía. Otro peligro es la escasa madurez. Las ventajas de la juventud son el fuego, la intensidad y la energía. La entrega se aprende en la juventud. Por eso, urge que el predicador joven prepare a fondo sus predicaciones, con buenos comentarios de Santos Padres o de autores probados en homilética.

Está también el predicador maduro. La madurez preserva de la exaltación juvenil y de la resignación de la vejez. Las ventajas de la edad madura son la madurez creciente y la fuerza tranquila, recogida. La predicación se hace más profunda y más rica por la experiencia que se tiene de los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo. El peligro está en la rutina y el estancamiento, que impiden el renovarse en las ideas y en la forma de decirlas.

Y está finalmente el predicador mayor. Con la vejez comienza el peligro del cansancio. Se predica desde el pasado, y no desde el presente. El predicador mayor no debe parecer cansado, sino bondadoso; no senil, sino sabio.

Quiero terminar esta parte del predicador con esto que encontré, titulado “Decálogo del predicador”1:

--No subas al ambón sin saber lo que vas a decir. Y cuando lo hayas dicho, bájate: no te alargues inútilmente.

--Hazte el guión de lo que vas a decir: en el papel o en la cabeza.

--Procura despertar en el oyente interés por lo que dices. Si no, desconectará de tu predicación.

--Cuanto digas, sea provechoso para el oyente. La misión del predicador no es entretener, sino evangelizar.

--La brevedad no es el supremo de los valores: no debemos sacrificar lo importante para ser breves. Pero es verdad aquello de que “lo bueno y breve es dos veces bueno”.

--Habla con naturalidad: lo teatral puede resultar repelente.

--Procura hablar de modo que te entienda todo el mundo, pero con toda precisión para que las personas cultas acepten lo que dices.

--Para comunicar una idea es necesario que tú estés convencido de lo que dices: no prediques lo que no vives.

--Si te ayudas de aparatos técnicos, debes preocuparte de que funcionen perfectamente. Es un desprestigio para el Evangelio usar aparatos malos mientras que el mal se difunde con técnica excelente. La buena tecnología puede y debe ponerse al servicio de la evangelización.

--No pretendas jamás tu éxito personal, sino el bien de las personas. Buscar el éxito debe ser tan sólo para facilitar la evangelización.

1 Para salvarte, padre Jorge Loring, S.I. Cortesía de “Vida sacerdotal” : información para sacerdotes en www.vidasacerdotal.org.

Si desea hacer una pregunta o contactar al padre Rivero puede escribir a: arivero@legionaries.org