Cómo mejorar nuestra predicación sagrada

Columna del P. Antonio Rivero, L.C. Doctor y profesor de Teologí­a y de Oratoria en el Seminario Mater Ecclesiae en Sao Paulo, Brasil

Brasilia, (Zenit.org) Antonio Rivero | 1479 hits

PREDICACIONES CIRCUNSTANCIALES (2)

Entremos ya de lleno en las predicaciones circunstanciales más relevantes: bautizo, boda, exequias, fiestas, presentaciones, brindis. Hoy veremos las dos primeras.

BAUTISMO

Lo que debe ser esta predicación: no debe ser una lección de teología de los sacramentos, pero debe decir de un modo cercano a la vida lo que el sacramento del bautismo significa para el hombre de hoy: un nuevo nacimiento en la familia de Dios y lo que eso comporta de dignidad y responsabilidad.

Tema y objetivo de esta predicación: la predicación del bautismo no tiene por contenido –aunque no lo debe excluir- ni la alegría por el nacimiento de un niño, ni la cuestión de su futuro, ni la tarea educativa de los padres. El tema debe ser la gracia divina de la que se hace objeto a este niño, el amor de Dios manifestado en Cristo. Se trata de relacionar la vida humana con los grandes hechos de Dios. Esto es válido también cuando el nacimiento del niño no ha sido recibido con alegría, ya porque no fuera deseado, ya porque ha venido enfermo al mundo, ya porque se temen experiencias amargas en su camino.

Esta predicación debe tener estas características

Primero, real adaptación a los asistentes. Nos deben entender, pues hablamos un lenguaje lleno de cariño y sencillez.

Segundo, seleccionar alguno de los múltiples aspectos del bautismo, para evitar que la homilía sea un inventario rápido y total de ritos, símbolos y contenidos teológicos. Por tanto, una sola idea o tema. Por ejemplo, centrarse en alguna de las ideas más importantes del bautismo: nueva vida, iluminación, regeneración, llamado a la santidad, etc.

Tercero, debe ser breve, porque se supone que ya hubo antes para los padres y padrinos una catequesis en la parroquia; en ellos recae especialmente la tarea de educar a esos neófitos en la fe.

Finalmente, convendría hacer alguna referencia a los signos más importantes, especialmente al baño de agua, la nueva vestidura, las unciones con el aceite consagrado, la vela.

LA BODA

La predicación de la boda es distinta de la del bautismo: la atmósfera es más sentimental y está más expuesta al aire de fiesta que la predicación bautismal.

Tema y objetivo de esta predicación: recordar el aspecto sacramental para evitar que las flores, la música, el vídeo, las fotos, los padrinos y testigos vestidos de etiqueta y el vestido de la novia sean más importantes que la celebración litúrgica.

Las características de esta predicación son éstas

Primero, aunque la homilía parta de un texto bíblico, sin embargo, hay que atender a la situación personal de los que van a recibir el sacramento: están gozosos y felices.

Segundo, el predicador debe ser muy cordial en la forma y expresión y sencillo en las ideas a la hora de la homilía.

Tercero, debe también llevar a la pareja a la admiración, a la acción de gracias y a la petición de gracias a Dios para ser fieles a este compromiso que asumen.

Cuarto, debe infundir a la pareja ánimo y confianza sobre sus expectativas de una vida en común.

Finalmente, ayuda mucho en la homilía emplear alguna imagen que explique plásticamente la importancia del matrimonio y quede grabada para siempre en la mente y en el corazón de los nuevos esposos y en los que asistieron a la ceremonia litúrgica.

Un ejemplo….

Me dio resultado en la parroquia Betania de Buenos Aires la imagen del vino nuevo que Cristo les ofrece en ese día de la boda, cuando comentaba las bodas de Caná (cf. Juan 2, 1-12), vino que ambos deben cuidar para que no se avinagre con la infidelidad, vino que deben compartir con sus hijos y familiares, vino que no deben aguar con la rutina; o la imagen del edificio donde hoy comienzan poniendo el primer ladrillo, si comentaba el pasaje de “construir sobre roca” (cf. Mateo 7, 24-27), ver qué cimientos deben poner, qué columnas, qué tipo de parabólica para vigilar la casa; o la imagen de la barca, cuyo timón lo debe llevar Cristo; cada uno de ellos debe llevar un remo, no para golpearse sino para remar; sin olvidar la brújula, las redes, las velas, cuidando de los posibles piratas que quieren destrozar esa barca matrimonial.  

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Si desea comunicarse con el padre Antonio Rivero, puede hacerlo en este email:arivero@legionaries.org