Cómo mejorar nuestra predicación sagrada

Columna del P. Antonio Rivero, L.C. Doctor y profesor de Teología y de Oratoria en el Seminario Mater Ecclesiae en São Paulo, Brasil

Brasilia, (Zenit.org) Antonio Rivero | 1403 hits

LENGUAJE EN LA PREDICACIÓN

Hablemos de la importancia del lenguaje…

Es necesario trabajar el lenguaje de la predicación para no rebajar la Palabra de Dios. Por eso, debemos usar:

-         un lenguaje popular, no populachero, trivial o vulgar. Es decir, un lenguaje que entienda el pueblo; un lenguaje adecuado al tiempo actual.

-         un lenguaje inteligible, sencillo, vivo y concreto, que se aleje por igual de los tecnicismos y de las palabras rebuscadas filosóficas o teológicas, como de la trivialidad y de la anécdota barata.

-         un tono directo, familiar, cordial, persuasivo y ágil que mantenga el interés de los oyentes, no tanto por los recursos oratorios del que habla cuanto por la convicción y autenticidad que el predicador consigue comunicar.

Distingamos los diversos niveles del lenguaje…

Hay tres niveles de lenguaje:

Primero, el nivel sintáctico: significa claridad, precisión, exactitud, correcto uso del lenguaje (Cf. 1Cor 14, 9ss; 1Cor 14, 19). La exigencia de claridad es aún más imperiosa en la predicación que en la conversación, pues en la iglesia durante la homilía nadie puede hacer preguntas. Otra cosa es una charla en un salón o auditorio, donde el predicador da oportunidad para preguntas. Los oyentes suelen dar a entender por determinadas reacciones si han entendido. Si la reacción no aparece, hay que repetir lo dicho y darle vueltas y más vueltas hasta que aparezca, pero hay que pasar inmediatamente a otro tema, cosa que será evidentemente imposible a quienes recitan un sermón literalmente preparado y aprendido de memoria. El fin de toda predicación es siempre abrir el sentido, aunque para ello no se disponga a veces más que de una llave de madera; si es de oro, tanto mejor, a condición de que entre en la cerradura (Cf. San Agustín, De doctrina christiana 10, 25-11, 36). Para ello ayudan estos consejos:

- La construcción de la frase: frases breves, pues el oído humano sólo puede captar frases de una determinada longitud.

- La voz activa: en vez de la voz pasiva. Así el oyente podrá identificarse con esa voz.

- Palabras concretas: suprimir las palabras abstractas y sustituirlas por palabras concretas. En vez de hablar de solidaridad (palabra abstracta), hablar de ese rey solidario, de esa persona solidaria (alguien concreto).

- Los adjetivos: no abusar de ellos, pues no es redacción estilística ni literaria.

Segundo, el nivel semántico: si el lenguaje se ha hecho para el hombre y no el hombre para el lenguaje entonces hay que evitar en la predicación términos que son útiles en teología, pero que los oyentes no entienden. El lenguaje de la predicación necesita el lenguaje de la vida cotidiana para que las palabras teológicas sean una ayuda para ella. Jesús ha utilizado en su predicación imágenes y comparaciones tomadas del mundo que le circundaba para que los oyentes pudiesen entender el mensaje divino.

Finalmente, el nivel pragmático: el lenguaje de la predicación tiene que conducir a posturas de vida, a la vida práctica. Es decir, toda predicación debe ayudar al cambio de vida o a mejorarla. Es muy importante que cada reflexión que hagamos tenga aplicaciones para la vida del oyente.

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Cualquier duda o sugerencia, comuníquese, por favor, con el padre Antonio Rivero a este email: arivero@legionaries.org