Cómo mejorar nuestra predicación sagrada

Columna del P. Antonio Rivero, L.C. Doctor y profesor de Teología y de Oratoria en el Seminario Mater Ecclesiae en Sao Paulo, Brasil

Brasilia, (Zenit.org) Antonio Rivero | 1303 hits

La semana pasada comencé a hablar del lenguaje en la predicación, su importancia y los niveles de lenguaje. Hoy damos un paso más. Comentaremos los recursos formales que podemos usar para revestir las ideas y así se graben profunda y eficazmente en la mente y en el corazón de los oyentes. Fondo de ideas claras, estructuradas, lógicas, sí…pero también, expresadas con una forma atractiva, concreta, sensibilizada, visualizada e inclusive dramatizadas –no teatralizadas.

LA FORMA AL SERVICIO DEL FONDO DE IDEAS

La forma es el modo de presentar las ideas del fondo para que se graben más y mejor en la mente y en el corazón del oyente. La fuerza de impacto de una idea es directamente proporcional a su grado de sensibilización. Las técnicas de la forma se clasifican en dos tipos:

Primero, técnicas de forma interna: concreción, desentrañamiento, visualización y dramatización.

Segundo, técnicas de forma externa, que inciden en el modo de expresar la idea: graficismo o estilo plástico y ritmo o movimiento oratorio.

COMENCEMOS CON LA FORMA INTERNA

Primero, la concreción de esa idea

Hay unos pasos para la concreción:

Enunciación de la idea o verdad que quiero sensibilizar, que de ordinario es abstracta, universal: “La confesión provoca alivio…el sufrimiento duele…es mejor dar que recibir…Cristo nos amó con locura, etc…”.

Sensibilización con un caso concreto de la vida en que se realiza esa idea abstracta y universal que quiero desentrañar.

Recapitulación rápida en la que se muestra cómo se cumple en ese caso la idea universal y abstracta.

Un ejemplo:

Idea abstracta: El sufrimiento duele.

Sensibilización de la idea: ¡Vaya que si el sufrimiento duele! ¡Por supuesto que sí! Pregunta, si no, a doña Rita que yace en una cama desde hace tres años sin poder hacer nada, con dolores atroces y terribles, sin poder dormir una hora seguida durante el día o durante la noche. Y con seis hijos que educar y cuidar. Sí, el sufrimiento duele, y ¡mucho!

Recapitulación de la idea: ¿Te quedó claro que el sufrimiento duele? Ahí está doña Rita testimoniando esta verdad: el sufrimiento duele y cómo.

Segundo, el desentrañamiento de esa idea…

Pasos:

Enunciación de la idea en forma exclamativa, donde se expresa un sentimiento o un valor o antivalor.

Desentrañamiento con alguno de los tópicos de Aristóteles: quién, qué, cómo, cuándo, dónde, por qué, cuántas veces.

Recapitulación de la idea valorada.

Un ejemplo:

Enunciación de la idea: ¡Cómo duele el sufrimiento!

Desentrañamiento: ¿Quién está sufriendo? Doña Rita, madre de seis hijos, tres de ellos todavía pequeños. ¿Qué sufre? Un terrible cáncer que está apoderándose de su vida y de sus ilusiones. ¿Por qué? Sólo Dios sabe por qué está sufriendo siendo ella tan joven. ¿Cómo está sufriendo? Con gran paciencia y resignación y con la mirada puesta en Dios.

Recapitulación: ¿Duele o no duele el sufrimiento? Pregúntale a doña Rita, madre de seis hijos que está ahí en su casa consumiéndose de dolor, con la fe puesta en Dios.

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Cualquier duda o sugerencia, comuníquese, por favor, con el padre Antonio Rivero a este email: arivero@legionaries.org