Cómo mejorar nuestra predicación sagrada

Columna del P. Antonio Rivero, L.C. Doctor y profesor de Teología y de Oratoria en el Seminario Mater Ecclesiae en Sao Paulo, Brasil

Brasilia, (Zenit.org) Antonio Rivero | 1270 hits

Hemos comenzado a explicar la forma al servicio del fondo de ideas. Ya analizamos la concreción y el desentrañamiento. Hoy veremos la visualización, la dramatización y la comparación de esas ideas para que se graben en la mente y en el corazón del oyente.

Tercero, la visualización de la idea…

Estos son los pasos:

Enunciación de la idea: Idea o verdad general, abstracta y universal: Sí, el sufrimiento duele.

Visualización de la idea: se pinta la escena con algunos detalles que impresionan. Hay que evitar descripciones minuciosas, si no, se convierte en una redacción literaria. Evitar también detalles innecesarios que ahogan la fuerza del sentimiento y reluce lo artificioso y literario, que puede provocar risa.

Recapitulación de la idea: que ya estaba concretada, desentrañada y visualizada, para que el oyente se quede con lo principal: el sufrimiento duele.

Ejemplo:

Enunciación de la idea: ¡Claro que duele el sufrimiento!

Visualización de la idea: ahí está doña Rita, en la habitación de su casa, en una cama, desde hace tres meses. ¿Sus ojos? Ya sólo se cierran para ofrecer a Dios el dolor. Mira sus manos en postura de oración. A veces su boca despide un leve quejido, pues los dolores son atroces. Ahí está su esposo cada tarde junto a ella, después de su trabajo fatigoso, atendiéndola con cariño. ¿Y sus hijos? Los más pequeños están con la tía que vive al lado. Los más grandecitos están en casa haciendo la tarea del colegio en un rincón, tristes y sin entender por qué su mamá tiene que sufrir tanto. ¡Qué duro para doña Rita y qué duro para toda la familia!

Recapitulación de la idea: ¿Duele o no duele el sufrimiento? Pregunta a doña Rita, a su esposo y a sus hijos.

Cuarto, la dramatización de la idea…

Estos son los pasos:

Enunciación de la idea: La idea es siempre abstracta y universal: Siempre el sufrimiento duele.

Dramatización: el predicador hace hablar a los personajes en la escena, poniendo en boca de ellos las palabras, afectos e impresiones. La dramatización debe ser breve, pero incisiva.

Recapitulación: al final, se repite la idea bien remarcada.

Un ejemplo:

Enunciación de la idea: El sufrimiento duele y duele mucho

Dramatización de la idea: el predicador hace más o menos un diálogo de la escena.

-  Mamá, ¿por qué tienes que estar siempre en la cama sufriendo?

-  Sí, hijo, así lo ha permitido Dios y hay que aceptar la voluntad de Dios aunque nos cueste. 

– Oye, Rita, mi amor, ya sabes que siempre estoy junto a ti y no me olvido de ti…por eso trato de venir de mi trabajo rápido para estar contigo. Dame un abrazo. Te voy a traer un té.

–  Lo sé, José; pero tú quédate tranquilo y abraza a nuestros hijos por mí y por ti. Diles que les amo mucho. Tráeme ese té, que lo necesito.

Recapitulación de la idea: ¿Quedó clara la idea? El sufrimiento duele y ¡mucho!

Y finalmente, la comparación de esa idea…

Pasos:

Enunciación de la idea: es la idea o verdad que quiero proponer a mi auditorio: p.e. construir el matrimonio día a día.

Comparación: la inteligencia entiende mejor y la voluntad decide con más intensidad cuando esa idea viene presentada con una comparación de su vida de cada día. Pueden ser comparaciones lógicas que ayudan a entender mejor esa idea o verdad; y comparaciones emotivas que hacen sentir más esa verdad. Podemos comparar el matrimonio con un edificio.

Recapitulación de la idea: sí, el matrimonio es como un edificio que se construye cada día ladrillo a ladrillo. El último ladrillo lo ponemos cuando morimos.

Ejemplo:

Idea: Hay que construir el edificio del matrimonio día a día.

Comparación: el matrimonio es como un edificio:

Cada día se va poniendo un ladrillo por parte de cada uno de la familia: papá, mamá, hijos.

Con unos cimientos sólidos: las virtudes y la fidelidad.

Con unas columnas resistentes: la oración, el sacrificio, el amor.

Con unos ventanales grandes y luminosos: la sinceridad.

Con una sala de estar acogedora: buenas palabras, benedicencia, sana conversación.

Con un comedor amplio: urbanidad, educación y servicialidad.

Con habitaciones bien proporcionadas y limpias: pureza y decencia.

Con un patio al aire libre: saber descansar sanamente.

Con varios pisos: cada hijo es como un piso en este edificio. El matrimonio tiene que ser fecundo.

Recapitulación: ¿Entendiste la imagen y comparación? El matrimonio es como ir construyendo un edificio maravilloso, ladrillo a ladrillo.

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Cualquier duda o sugerencia, comuníquese, por favor, con el padre Antonio Rivero a este email: arivero@legionaries.org