Cómo mejorar nuestra predicación sagrada

Columna del P. Antonio Rivero, L.C. Doctor y profesor de Teologí­a y de Oratoria en el Seminario Mater Ecclesiae en Sao Paulo, Brasil

Brasilia, (Zenit.org) Antonio Rivero | 902 hits

Terminemos hoy el resumen de la expresión oratoria. Vimos la semana pasada la expresión oral, sentimiento y la voz. Hoy veremos el ritmo, el volumen, la mirada y rostro, gestos, memoria y uso del micrófono.

Ritmo:

Ni demasiado lento ni demasiado precipitado; alternar.Lograr una dicción más bien pausada y vocalizar bien sobre todo las finales.Recalcar las palabras-clave y matizar las ideas.

Volumen:

Subir y bajar el volumen de voz conforme lo exija el discurso y el local.Acomodarse al local y al micrófono. Pero todos deben escuchar perfectamente.

Mirada y rostro:

“Omnia in oculis sita sunt”(Cicerón). Cicerón decía que toda la fuerza oratoria del rostro radica en los ojos. Tenemos que domesticar con la mirada a esa hidra de 100 cabezas que es el auditorio. Ver a todos como el faro.No rehuir la mirada del auditorio, mirando al techo o al suelo.Estar atentos a las reacciones positivas o negativas de los oyentes.No poner cara asustada ni solemne ni enojada ni ridícula ni tensa ni abrupta ni maquiavélica ni hamletiana ni mefistofélica. Que sea la cara de todos los días: cordial, familiar, con sonrisa. Mi cara debe ser pizarrón electrónico donde el auditorio lea al instante los sentimientos.

Gestos:

Estar seguro de sí, sin nervios, a fin de dominar al auditorio.Ni mantenerse rígidos ni abusar de los gestos de manos o rostro.Buscar la naturalidad y elegancia: para ello gestos armoniosos y no excesivos.Evitar gestos demasiado rápidos o demasiado lentos.El gesto deberá matizar la idea, hacerla plástica.No mover demasiado o balancear el cuerpo al hablar. Nada de ademanes de nadador, braceando sin parar o como aspas de molino; ni ademanes de boxeador, bruscos, imprudentes, volcánicos golpes, dinamita pura. Ni ademanes de gimnasta, angulosos, geométricos. Ni de Charles Chaplin, nerviosos, rápidos y supersónicos.Evitar las muecas, visajes, tics, lengua salida, parpadeo, rascarse la cabeza, frotarse las manos, tronar los dedos, acomodarse las gafas, consultar el reloj de pulso, limpiarse el sudor.

Memoria:

Memorizar el discurso perfectamente, si es posible. Quintiliano llamó a la memoria “tesoro de la oratoria” (Inst. Orat. XI, 2, 1).Ensayar varias veces en volumen alto antes de su pronunciación.Tratar de que el auditorio no note que llevamos el discurso de memoria, para no parecer  rígidos.Cuando no se lleva de memoria, conviene al menos memorizar el esquema del discurso o de la homilía, para lograr la espontaneidad, pues la lectura servil enajena al auditorio.

Uso del micrófono: la peor homilía es la que no se oye. Reglas en el uso del micrófono:

Antes de misa o de cualquier charla, pruébalo y gradúalo a tu voz. Si funciona mal, prescinde de él. Colócalo a la altura de la boca, así la gente te ve y la voz sale directa. Habla fuerte y claro. Tono más elevado que de costumbre, si tienes voz de barítono o baja. No soplar sobre el micrófono, ni estornudar.

Ver artículo anterior

Cualquier duda o sugerencia, comuníquese, por favor, con el padre Antonio Rivero a este email: arivero@legionaries.org