¿Cómo ser joven y santo? Evangelio en la mochila, Cristo en el corazón

Mensaje del Papa al encuentro juvenil de la Acción Católica Italiana

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CIUDAD DEL VATICANO, 10 diciembre 2001 (ZENIT.org).- A inicios de un milenio, marcado por el terrorismo, el miedo y la guerra, Juan Pablo II invita a los jóvenes a ser signos de esperanza con la santidad de una vida enamorada de Cristo.



El mensaje del Papa, hecho público este lunes, está dirigido a los chicos y chicas de la Acción Católica Italiana (ACI) que celebraron su encuentro nacional del 7 al 9 de diciembre en Roma. Esta institución, que creó Pío XI (1922-1939) sigue siendo el movimiento laical más numeroso en Italia, con algo menos de medio millón de miembros.

En su mensaje, el pontífice renueva la invitación que lanzó a los dos millones de jóvenes reunidos en Roma en agosto con motivo de la última Jornada Mundial de la Juventud a ser «los centinelas de la mañana en el alba del tercer milenio».

«Si bien en este primer tramo de siglo, golpeado por desgracia por el terrorismo, el miedo y la guerra, la invitación puede parecer demasiado comprometedora, sigue siendo válida», asegura.

«¡Hoy más que nunca, para ser centinelas de la mañana del nuevo milenio, es necesario ser santos!», añade el pontífice.

Vivir la santidad, según el pontífice, no es complicado. El secreto, aclara, está en hacer del Evangelio el libro de la mochila de la vida.

«Enamoraos cada vez más de la palabra de Cristo. Aprended a escucharla, a comprenderla, a profundizarla, a amarla, y sobre todo a vivirla».

«Cristo os lleva allí donde hay dolor que aliviar, solidaridad que expresar, alegría que celebrar, en el cansancio del estudio y del trabajo, en el descanso y el tiempo libre, en la vida familiar así como en la demasiado larga espera de un futuro, que con frecuencia tarda en realizarse», concluye el mensaje pontificio.

Entre los modelos de vida que el Papa deja a los jóvenes en su misiva, menciona entre otros a Pier Giorgio Frassati, joven de la Acción Católica fallecido a los 24 años de edad (1901-1925), que el mismo Juan Pablo II beatificó en 1990.