Comunicación y jóvenes: Los dominicos reafirman sus prioridades

150 delegados de todo el mundo en la asamblea general celebrada en Manila

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MANILA, 6 nov (ZENIT.org).- Ciento cincuenta representantes de todo el mundo de la Familia Dominica se han reunido en asamblea general en Manila para reafirmar sus prioridades en el campo de la evangelización y estudiar nuevos caminos de comunicación.



El encuentro, celebrado del 25 al 30 de octubre, constituye la cumbre más representativa de todas las realidades dominicas del mundo: religiosos, religiosas, hermanas de vida apostólica, miembros de institutos seculares, fraternidades sacerdotales, laicos que pertenecen a fraternidades o nuevos grupos, como el Movimiento Juvenil Dominico, aceptados por la Orden.

El tema de la reunión era «Nuevas voces para el Milenio: la familia dominica unida por la misión».

La asamblea estuvo salpicada por una intervención del maestro general, el padre Timothy Radcliffe, tres sesiones plenarias, un amplio debate, y muchísimas propuestas de trabajo presentadas por áreas continentales. El mínimo común denominador, sin embargo, quedó claro: hay que potenciar la comunicación para revitalizar la discusión sobre las exigencias que las circunstancias actuales plantean al cometido de la Familia Dominica.

No faltaron propuestas concretas: distribución de noticias por correo para informar con rapidez; encuentros y debates en la prensa interna y diocesana; pero, sobre todo, el uso intensivo de las tecnologías electrónicas y de páginas web para difundir la vida y espiritualidad dominicas.

Los medios electrónicos de comunicación se habían convertido ya en los protagonistas de la fase preparatoria de la asamblea, a través de la documentación ofrecida en el sito Internet de la Orden ( http://www.op.org). Además, se ofreció la posibilidad de dirigirse directamente por Internet al maestro general, para responder a sus preguntas sobre las áreas prioritarias de compromiso y sobre los ámbitos de actuación del carisma dominico.

De este modo, la asamblea de Manila insistió ante todo en la importancia de la comunicación. Se trata de la misma conclusión a la que habían llegado, pocos días antes, en Estados Unidos, los 200 representantes de los más de ocho mil dominicos y dominicas, quienes subrayaron la necesidad de «hablar con una sola voz», formando personas para la tarea de difundir las ideas y las iniciativas de la orden.

Además de la urgencia de la comunicación, la Familia Dominica subrayó la opción por áreas prioritarias de compromiso, que coinciden con las opciones de fondo de la orden: los jóvenes, la justicia, la paz y la oración.

Por lo que se refiere a los jóvenes, en Manila se pidió revitalizar el Movimiento Juvenil Dominico y la capacidad para saber responder a los desafíos concretos. En particular, se pusieron de relieve los retos actuales: en muchos países europeos los jóvenes tienen hambre de oración y de espiritualidad y no de simple moral.

Sobre el tema de la justicia y la paz, en el encuentro de Filipinas se reafirmó el compromiso asumido por la orden a través de estructuras que en los diversos países informan sobre la realidad para movilizar a la opinión pública. En este apartado, la reunión de religiosos y religiosas, que se había celebrado a mediados de octubre en Estados Unidos, subrayó el compromiso por la justicia, la petición del cese del embargo contra Irak y la decisión de seguir presionando al gobierno de ese país para que promueva una política respetuosa de los derechos humanos.

En su intervención del 27 de octubre, el padre Radcliffe, maestro general, ha subrayado que los dominicos deber ser una verdadera comunidad de discípulos de Cristo, libres del temor, con las puertas de las casas abiertas a los otros, reconciliados entre ellos y con el mundo.

Partiendo del capítulo 20 del evangelio de Juan, cuando Jesús anima a sus discípulos tras la resurrección y los envía a anunciar el Evangelio, el padre Radcliffe observó que toda la familia dominica han sido enviada en misión, una misión compartida por todos, que no pertenece sólo a una rama específica. Por tanto, hoy día la unidad es parte integrante de la misión y para realizarla no hacen falta nuevas estructuras sino que sirve más bien «una visión común de la misión. Este es el primer paso hacia la unidad». De aquí, precisamente la urgencia de una buena comunicación, tanto hacia el interior como al exterior.

«Que Santo Domingo --concluyó Radcliffe-- nos libere del miedo que cierra las puertas».