Comunicado de la Santa Sede ante la consagración ilícita en China

“Una herida dolorosa a la comunión eclesial”

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 24 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- Por su interés, ofrecemos íntegro el comunicado que la Santa Sede ha hecho público hoy en relación a la consagración episcopal del sacerdote Joseph Guo Jincai en Chendge, y que se ha hecho público en inglés, italiano y chino.

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Ordenación episcopal en Chengde

(Provincia de Hebei, China Continental)

Respecto a la ordenación episcopal del Reverendo Joseph Guo Jincai, que ha tenido lugar el sábado 20 de noviembre corriente, se han recogido informaciones sobre lo que ha sucedido y se está ahora en grado de precisar cuanto sigue:

1. El Santo Padre ha conocido la noticia con profunda amargura, pues dicha ordenación ha sido conferida sin el mandato apostólico y, por ello, representa una dolorosa herida a la comunión eclesial y una grave violación de la disciplina católica (cfr Carta de Benedicto XVI a la Iglesia en China, 2007, n. 9).

2. Es sabido que, en los últimos días, diversos obispos han sido sometidos a presiones y a restricciones de su propia libertad de movimiento, con el fin de forzarles a participar y a conferir la ordenación episcopal. Dichas constricciones, realizadas por Autoridades gubernamentales y de seguridad chinas, constituyen una grave violación de la libertad de religión y de conciencia. La Santa Sede se reserva valorar con profundidad lo sucedido, entre otros puntos, respecto a la validez en lo que respecta a la posición canónica de los obispos implicados.

3. En todo caso, esto repercute dolorosamente, en primer lugar, sobre el Reverendo Joseph Guo Jincai que, a causa de esta ordenación episcopal, se encuentra en una gravísima condición canónica frente a la Iglesia en China y a la Iglesia universal, exponiéndose también a las duras sanciones previstas, en particular, por el canon 1382 del Código de Derecho Canónico.

4. Tal ordenación no solo no ayuda al bien de los católicos en Chengde, sino que les pone en una condición muy delicada y difícil, también desde el punto de vista canónico, y les humilla, porque las Autoridades civiles chinas quieren imponerles un Pastor que no está en plena comunión, ni con el Santo Padre ni con los demás obispos diseminados por el mundo.

5. Muchas veces, durante este año, la Santa Sede ha comunicado con claridad a las Autoridades chinas su propia oposición a la ordenación episcopal del Reverendo Joseph Guo Jincai. A pesar de ello, dichas Autoridades han decidido proceder unilateralmente, a costa de la atmósfera de respeto, fatigosamente creada con la Santa Sede y con la Iglesia católica a través de las recientes ordenaciones episcopales. Esta pretensión de ponerse por encima de los obispos y de guiar la vida de la comunidad eclesial no corresponde a la doctrina católica, ofende al Santo Padre, a la Iglesia en China y a la Iglesia universal, y hace más intrincadas las dificultades pastorales existentes.

6. El Papa Benedicto XVI, en su mencionada Carta de 2007, expresó la disponibilidad de la Santa Sede a un diálogo respetuoso y constructivo con las Autoridades de la República Popular China, con el fin de superar las dificultades y normalizar las relaciones (n. 4). Al reafirmar dicha disponibilidad, la Santa Sede constata con amargura que las Autoridades dejan a la dirección de la Asociación Patriótica Católica China, bajo la influencia del sr. Liu Bainian, asumir actitudes que dañan gravemente a la Iglesia católica y obstaculizan dicho diálogo.

7. Los católicos de todo el mundo siguen con particular atención el accidentado camino de la Iglesia en China: la solidaridad espiritual, con la que acompañan las vicisitudes de los hermanos y de las hermanas chinas, se convierte en ferviente oración al Señor de la historia, para que les sea cercano, acreciente su esperanza y fortaleza, y les de consuelo en el momento de la prueba.



24 de noviembre de 2010

[Traducción de la versión en italiano por Inma Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]