Comunión y Liberación, el papa y América Latina

Entrevista a Julián de la Morena, responsable de las comunidades de Comunión y Liberación de toda Latinoamérica

Roma, (Zenit.org) Redacción | 897 hits

Presentamos a nuestros lectores una entrevista realizada por Alver Metalli al responsable de las comunidades de Comunión y Liberación en Latinoamérica.

Julián de la Morena es español, pero vive en América Latina desde el año 2003, cuando su congregación, los misioneros de San Carlos Borromeo, lo destinó a México para hacerse cargo de la formación de los postulantes. De México pasó hace poco a las antípodas, Brasil. En realidad no es que esté mucho tiempo allí, porque sus funciones lo llevan de un país a otro. En 2009 fue nombrado responsable de las comunidades de Comunión y Liberación de toda América Latina.

El movimiento es de origen italiano y se remonta a los años ’60, pero ya en los comienzos, apenas diez años más tarde, algunos de sus miembros se embarcaron en dirección a esta orilla del Atlántico. Otros veinte años hubo que esperar para que CL echara raíces en diez países del continente, por lo menos con las formas y propuestas que hoy conocemos. Pablo VI alentó la “misión” de CL, Juan Pablo II impulsó al movimiento para que llegara a todo el mundo y Benedicto XVI, durante su primer viaje a Aparecida, demostró con palabras y gestos cuánto valoraba los movimientos y lo que denominaban nuevas comunidades. Ahora sabemos que esa convocatoria continental en Brasil, la otra mitad de América Latina, fue el punto de articulación entre dos papas, algo así como un ideal paso de testigo.

 ¿le parece que el sucesor de Benedicto XVI aprecia del mismo modo los movimientos?

-- Padre de la Morena. La forma como el Papa Bergoglio nos recibió y dialogó con nosotros en la Plaza de San Pedro, el 18 de mayo pasado, mostró al mundo a un amigo que hablaba con amigos. Además, en estos primeros meses se está colocando a la cabeza de la Iglesia como si fuera el responsable de guiar un movimiento. Por eso, si nos descuidamos, terminaremos siendo obsoletos.

¿Qué significa para el movimiento del que usted es responsable en América Latina un papa que proviene de esta parte del mundo?

Nosdesafía a vivir un mayor protagonismo en la construcción de la Iglesia, tanto dentro como fuera de América Latina.La llegada del Papa Francisco a la sede de Pedro, hace que América este más presente en Roma y a su vez Roma más cerca de América. Este hecho nos estimula a vivir la fe como un nuevo inicio, para nosotros y para el mundo.

El reclamo del Papa a la pobreza y a los pobres es insistente. A tal punto que las primeras críticas que se le hacen van precisamente en esta dirección. ¿Qué significa para usted y para el movimiento de Comunión y Liberación ese reclamo?

-- Padre de la Morena. Por una parte significa que la Iglesia no debe confiar en otra fuerza o riqueza que no sea Cristo, solo en Él está nuestra consistencia. En ese sentido sus palabras nos ayudan a quitarnos de encima muchas falsas seguridades que nos ofrece el mundo, como las seducciones hegemónicas, por ejemplo, que implica creer que solo se puede promover un cambio auténtico desde posiciones de poder. Los pobres nos educan en la fe y la caridad; el contacto con ellos nos ayuda a comprender también nuestra propia pobreza. Me parece que los cristianos hoy estamos asumiendo una vida más austera. Pero el punto de partida de esta conversión, que son los pobres, no nace de ver las necesidades de tantos hombres sino del encuentro con Cristo y de la gratitud por la vida nueva que se nos ha dado.

¿La experiencia de Comunión y Liberación está en sintonía con la predicación del Papa Francisco?

-- Padre de la Morena. Sobre todo nos sentimos muy provocados y desafiados por lo que está diciendo el Papa, y queremos estar a la altura de lo que está proponiendo a toda la Iglesia. Don Giussani nos enseñó a ver en el Romano Pontífice la roca segura. Somos nosotros quienes necesitamos la paternidad del Obispo de Roma, y por lo tanto queremos estar siempre en sintonía con él. Ahora bien, me parece que las sintonías entre el magisterio del Papa Francisco y las enseñanzas de don Giussani y el padre Carrón son manifiestas y numerosas.

¿Dónde las ve? 

-- Padre de la Morena. En temas como la centralidad de Cristo como encuentro y presencia, o que la naturaleza de la Iglesia no se puede reducir a una propuesta ética o social, y en el modo como plantea los temas de la educación y el testimonio, entre otras cuestiones.

Comunión y Liberación está presente en contextos muy diversos en América Latina. De Cuba a Venezuela, de México a Brasil, pasando por Argentina, Perú, Paraguay… ¿Hay una orientación general en lo que se refiere a la presencia social de CL?

-- Padre de la Morena. CL no tiene en América Latina ninguna obra corporativa; nuestro trabajo está fundamentalmente orientado a educar en la fe, favoreciendo hombres adultos que se comprometan personalmente y con iniciativas de cualquier tipo para ser presencia del Resucitado, asumiendo cada uno en primera persona la responsabilidad que eso conlleva. Muchas personas de nuestro movimiento, ya desde los años 60, han construido en toda América un buen número de obras educativas y de caridad para favorecer el desarrollo. En estos años hemos reflexionado y acumulado experiencia, y en ese sentido hay que destacar que nuestra preocupación fundamental es que las obras sociales se conviertan en un ejemplo de cómo la inteligencia de la fe se hace inteligencia de la realidad. Algunas de estas obras hoy son referentes en la sociedad civil, pero no dejan de ser una gota en el mar de tantas necesidades que existen.

¿Por qué ha dicho usted que necesitan convertirse?

-- Padre de la Morena.  Porque debemos tener cada vez más claro que la mayor contribución que podemos hacer a las personas y a las sociedades es que las iniciativas sociales sean sobre todo educativas de sujetos nuevos.

¿Y qué ocurre con la política? Es un tema, por lo menos en Italia, bastante controvertido. ¿Hay alguna directiva general en este sentido?

-- Padre de la Morena. Creo que el ejemplo del Papa suscitará una nueva manera de hacer política, incluso en América Latina. Ese ejemplo alentará a muchas personas a interesarse de verdad por el bien común y por tender puentes para construir una convivencia y un desarrollo humano más justos. En un momento histórico en que la política esta tan desacreditada –pensemos en las manifestaciones populares de estos días en Brasil- hace falta una regeneración que sólo puede venir de personas dispuestas a vivir la política como un servicio. En ese sentido la Iglesia, y en especial los movimientos, tenemos una importante tarea: educar hombres de una fe sólida que cambie los corazones tanto como las estructuras.