Condena de la Iglesia tras la matanza del “Sabino Gordo”

21 personas fueron tiroteadas en un bar de la ciudad mexicana de Monterrey

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MONTERREY, lunes 11 de julio de 2011 (ZENIT.orgEl Observador).- Tras la matanza perpetrada en contra de 21 personas en un bar del centro de la ciudad de Monterrey, sucedida el pasado viernes 8 de julio, el arzobispo de Monterrey, cardenal Francisco Robles Ortega, manifestó el pesar de la Iglesia católica pues, no obstante las autoridades mexicanas han golpeado con fuerza al narcotráfico, éste “se sigue manifestando con toda frialdad”.

Tras la Misa dominical y en rueda de prensa con los medios locales, el cardenal Robles Ortega se refirió a lo que ya se le denomina “la masacre de Sabino Gordo”, por ser el nombre del bar, en el centro de la ciudad de Monterrey, en el Estado norteño de Nuevo León, en donde presumiblemente un grupo de sicarios penetró y disparó a los que se encontraban en el interior del inmueble.  Hasta hoy suman 21 muertos.

El cardenal de Monterrey dijo que “es muy grave, muy lamentable lo que vivimos en el corazón de nuestra ciudad” para, un poco más adelante, insistir en el hecho de que no obstante la lucha declarada al narcotráfico por autoridades federales, estatales y municipales, “sorprende que después de tanto tiempo de estarlo golpeando, el crimen se manifieste con tanta frialdad”.

Hace un par de semanas --recordó el cardenal Robles Ortega—sucedió algo similar en otro bar del centro de la metrópoli norteña, la segunda ciudad más importante de México, lo cual “indica que los criminales no están debilitados, que tienen el poder, que tienen el descaro, por así decirlo, (de mostrar) la desmedida manifestación de su fuerza en estos casos”.

Para el cardenal mexicano, este tipo de actos criminales están sembrando el terror en la sociedad, pues “por más que se diga que estas personas estaban ligadas con el crimen, nadie debe morir tan fríamente”, nadie, dijo el cardenal Robles Ortega, puede disponer así de la vida de los otros.  Esto significa, añadió, que “el desprecio a la vida a que se ha llegado significa el alejamiento de Dios, que es Vida”.

“Si los criminales –terminó diciendo el purpurado —hubiesen experimentado en su existencia que Dios es la fuente de la Vida, se lo pensarían dos veces” antes de cometer estas atrocidades y pidió no reducir la edad penal de los jóvenes “pues están forzados a participar por los grupos criminales”, sino ofrecerles alternativas tanto de trabajo como de rehabilitación.  “Es muy fácil hacer como que se toman medidas contra el crimen, pero no ir a la raíz de las cosas”, asentó el arzobispo de Monterrey.