Congreso internacional sobre Canto Gregoriano en Alemania

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ROMA, 12 junio 2003 (ZENIT.org).- Del 8 al 14 de junio se celebra en la ciudad alemana de Hildesheim el séptimo Congreso Internacional sobre Canto Gregoriano con participantes de los diferentes continentes.



La iniciativa, organizada por la Asociación Internacional de Estudio del Canto Gregoriano (http://www.aiscgre.de), cuyo presidente es Johannes B. Göschl, tiene lugar cada cuatro años, en general en Italia o en un país de lengua alemana.

«Hemos escogido en esta ocasión la ciudad Hildesheim --explica Göschl-- y la autoridad civil y más aún el obispo se han mostrado muy interesados».

«Hay que decir que la ciudad de Hildesheim es un lugar ideal para un congreso así, en particular por su catedral típicamente medieval. Hildesheim dispone de algunas iglesias estupendas, que se remontan al siglo X y XI, período en el que tuvo sus primeros desarrollos el canto gregoriano».

El tema del congreso es «Pneuma, gesto, voz», pues sin olvidar el aspecto científico del canto, en esta edición se busca prestar atención a cuestiones prácticas. «Con este objetivo se están dedicando conferencias, talleres, ejercicios de grupo, conciertos y funciones litúrgicas», explica el organizador en declaraciones a Radio Vaticano.

La Asociación Internacional de Estudio del Canto Gregoriano fue fundada en 1974 en Roma. Cuenta con cinco secciones lingüísticas de trabajo: la sección de habla italiana, alemana, francesa, japonesa y española.

Göschl recuerda que, según la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, el gregoriano sigue siendo el canto propio de la liturgia romana, «el auténtico punto de referencia de cualquier música litúrgica».

«Esta prioridad del canto gregoriano se debe a su antigüedad --el canto gregoriano abarca casi toda la historia de la Iglesia--, a su elevado nivel artístico, pero especialmente a su perfecta simbiosis entre palabra y sonido»

No hay que olvidar tampoco, concluye Göschl, su dinámica interna de diálogo, «por la que el gregoriano es en cierto sentido reflejo de la misma liturgia, que es esencialmente un diálogo entre Dios y el hombre, y entre los hombres».