Conmovedor testimonio de tres mujeres africanas en el Meeting de Rimini

Una de ellas, conocida como el “ángel de Burundi”, salvó a miles de niños

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RIMINI, jueves 28 de agosto de 2008 (ZENIT.org).- El testimonio, el pasado martes, de tres mujeres africanas en su lucha a favor de la vida ha conmovido a los participantes en el Meeting que se celebra en estos días en Rímini (Italia), y que constituye una gran cita cultural del mundo católico, organizada por el movimiento Comunión y Liberación.

 

Estos tres testimonios tuvieron tanta repercusión que fue necesario habilitar pantallas para poder seguirse fuera del aula en la que tuvo lugar la conferencia.

 

Especialmente conmovedor fue el testimonio de la mujer burundesa Marguerite Barankitse, llamada “el ángel de Burundi”, y que consiguió salvar a miles de personas, tanto de etnia hutu como tutsi, en la guerra civil que afrontó este país en 1994.

 

Según explicó Marguerite, su obra humanitaria comenzó cuando se refugió junto a varios niños hutus y tutsis, y otras familias hutus, en la casa del obispo de Ruygi. La casa fue atacada y los refugiados fueron asesinados delante de la mujer.

 

“Eran amigos míos, gente que yo quería salvar. Me dejaron con vida a mi porque soy tutsi, pero me golpearon violentamente por traidora”, explicó.

 

Cuando los asaltantes iban a asesinar a los cerca de 25 niños que había en la casa, Marguerite les ofreció todo su dinero para que los dejaran con vida, y éstos aceptaron.

 

Así comenzó una obra que hoy se llama “Casa Shalom”, y en la que el “ángel de Burundi” ha acogido en estos años a cerca de 10.000 niños. Hoy muchos de ellos están casados y son médicos, economistas, enfermeros, y siguen colaborando con la misión.

 

Baranksite ha recibido varios premios internacionales, entre ellos el “Prix des Droits de l’Homme” del Gobierno francés, el “Prix Shalom” en Alemania, el premio Internacional para los Refugiados de la ONU, y el doctorado “honoris causa” por la Universidad de Lovaina.

 

Marguerite comentó que en Burundi muchos la llaman “la loca”. “Pero yo digo que esto es fruto del amor”. Contó cómo en aquellos momentos se preguntaba por qué el Dios del amor permitía aquellas cosas. “Veía en los ojos de niños una esperanza que no se apagaba, y empecé a entender que Dios me respondía a través de su mirada”.

 

Lucha contra el SIDA

 

Los otros testimonios los ofrecieron dos mujeres ugandesas, Rose Busingye y Vicky Aryenyo, fundadora y colaboradora respectivamente del International Meeting Point de Kampala, institución que atiende a enfermos del SIDA y sus familias, especialmente a niños huérfanos.

 

La fundadora del Meeting Point, Rose Busingye, enfermera, explicó que la fuerza para oponerse a tanto mal la encontró “en el valor infinito de las personas”. “Es el reconocimiento del otro que crea la realidad, y que está presente en la compañía de la Iglesia”, añadió.

 

Por su parte Vicky Aryenyo, voluntaria en el Meeting Point, explicó que su vida cambió cuando ella misma descubrió, durante su tercer embarazo, que su marido la había contagiado de SIDA. Desesperada y sola, quería morir y rechazaba todas las ayudas.

 

“Rose me buscó para ayudarme y convencerme de que me curara, y yo la rechazaba, hasta que una vez me dijo: 'Dame el niño, porque él tiene una vida por delante'”.

 

“Sabemos que Lázaro resucitó. Si no habéis visto un milagro, aquí está, soy yo. Todo comenzó con un encuentro y este encuentro ha hecho resucitar mi vida. Rose me ha dado un hombre en el que apoyarme en Cristo”, añadió.

 

Por Antonio Gaspari, traducido por Inmaculada Álvarez