"Conocer bien la Biblia es básico para la renovación de la evangelización"

Entrevista con el rector del Colegio Pontificio Pío Latinoamericano

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Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, miércoles 17 octubre 2012 (ZENIT.org).- Ha comenzado el Año académico en las universidades pontificias en Roma, a las que acuden seminaristas, religiosos, laicos y presbíteros de todo el mundo para estudiar las diversas especialidades que allí les ofrecen.

Entre estos, hay un grupo de presbíteros que para continuar su preparación llegan hasta Roma y comparten el alojamiento, las comidas y se enriquecen mutuamente con las diversas experiencias eclesiales que cada uno trae. Nos referimos al Colegio Pontificio Pío Latinoamericano, hasta donde llegó ZENIT para entrevistar al rector, el jesuita chileno Jaime Castellón.

¿Cuántos presbíteros iniciaron este año su formación en el Colegio que usted dirige?

--Padre Castellón: Este año habrá 75 estudiantes de 15 países, provenientes de 56 diocesis distintas, así es que habrá una variedad.

¿Dónde estudiarán, y qué especialidades?

--Padre Castellón: La mayoría va a la Universidad Gregoriana, pero este año hay un altísimo número que va al Instituto Bíblico, por lo que es la primera carrera eclesiástica que están estudiando los que viven en esta casa. Y lo más notable es que la segunda carrera más estudiada es teología bíblica, también en la Gregoriana. Así es que tenemos casi un tercio de los estudiantes que estudian temas relacionados con la biblia.

¿A qué atribuye esta prioridad de los obispos por mandar a estudiar presbíteros a especializarse en biblia?

--Padre Castellón: Es una opción de familiarizarse con la palabra de Dios, ya que allí está la base de nuestra fe; creo que conocerla bien, y de una manera científica, es básico para la renovación de la evangelización, de la fe, de la catequesis.

¿Por qué es importante que un presbítero haga un alto en su pastoral y se especialice en la teología?

--Padre Castellón: Porque nosotros necesitamos dar razón de nuestra fe. Hay que enseñar una fe que tenga fundamentos, solidez. Pienso que en este mundo en el que estamos, en la sociedad en la que estamos viviendo, hay nuevas búsquedas, que están hechas con más profundidad, donde se da menos por descontado el mensaje cristiano. Entonces hay que fundamentarlo, y por eso me parece esencial que hayan muchos sacerdotes bien preparados, para que sean buenos pastores.

¿Qué formación complementaria reciben aquí?

--Padre Castellón: Este es un lugar donde vienen a vivir sacerdotes que estudiarán en las universidades romanas, por lo que aquí no se da formación, en el sentido de que no se dan cursos. Más bien se procura crear un ambiente formativo, por el hecho de que aquí tienen una experiencia eclesial, de encontrarse con sacerdotes de otras partes. Y además, porque estamos viviendo en Roma, todo lo que sea familiarizarlos con el encuentro con el santo padre, con la vida de la Iglesia universal, ya es una formación en sí misma.

Justamente sobre la formación, hemos visto casos de presbíteros que no han sido fieles a sus promesas luego de salir a estudiar, ¿qué se debe reforzar para no dejar el ministerio y ser fieles?

--Padre Castellón: Ante todo, la vida espiritual; sentirse amigo, sentirse querido y sentirse queriendo a Jesucristo, primero que todo. Una vez eso, fundar más sólidamente la fe, comprendiéndola, encontrándole la racionabilidad. Y en seguida --e inseparable--, unir la experiencia de Dios con la experiencia del prójimo; la experiencia de tener amigos en la fe y sobre todo sentir amigos y cercanos a los más pobres, sentirse que uno es sacerdote para servir y no para servirse.

En estos días de Sínodo, una pregunta que hay en el ambiente es ¿cómo tendría que ser el presbítero de la nueva evangelización?

--Padre Castellón: Debe ser un hombre de misericordia, compadecerse del dolor ajeno, incluso del dolor que sienten muchos cristianos en su propia vida cristiana. Sentir misericordia por el que es débil, por el que es mal cristiano, sentir misericordia por todos; y sentirse intrumento de Jesús para reconciliar, para llevar amor a la gente. Creo que eso es lo que la gente desea en el fondo de su corazón, y lo que un sacerdote puede hacer hoy, llevar misericordia a todos.

El papa ya presentó el tema de la Jornada de las Comunicaciones del próximo año, referido al uso de las redes sociales en la evangelización. ¿Es este un campo que el prebítero debe explorar más?

--Padre Castellón: Ciertamente, sin olvidarse que son medios y que no es el fin, que no es el fondo. El fondo de siempre es Jesucristo, su amor a todos y su mensaje de que todos somos hermanos. Para esto se pueden usar medios tradicionales como un libro o el Facebook... Pero no hay que olvidarse que ahora que hay muchas redes sociales, en muchas partes, la gente se siente más sola que nunca. Por eso, el solo instrumento no salva, el que salva es Jesús, y el medio es una ayuda para hacer llegar esa buena noticia a la gente.

Hay quienes estarán decidiendo venir a estudiar a Roma el siguiente año… ¿Qué les diría para alentarlos, qué deben tener en cuenta?

--Padre Castellón: Pienso que es una experiencia que vale la pena, porque es una experiencia de Iglesia riquísima; es una experiencia de conocer en primera persona todo lo que es la vida católica en Roma. Y tener como compañeros a sacerdotes de otros países, de otras diócesis, es una gran experiencia. Todo esto fortalece el mensaje universal y cristiano, su profundidad. Lo que sí digo, es que todo lo que sea venir a estudiar, a profundizar la fe significa muchas veces entrar en crisis, pero en una sana crisis, de darse cuenta que los fundamentos de niños no sirven para gente adulta. Y esto porque se debe madurar en el planteamiento, para tener mejores respuestas a las preguntas del hombre contemporáneo.

Entonces es importante ver cómo está la madurez y la predisposición del presbítero que vendrá a estudiar, ¿no?

--Padre Castellón: Si, tiene que venir no en una disposición de pasear ni de turismo. Esas cosas son útiles y también las puede hacer. Sino que la disposición fundamental tiene que ser venir a formarse para servir, enriquecerse humana y espiritualmente para ponerlo al servicio de los demás.