Consigna del Papa a la Conferencia Mundial para el Diálogo en Madrid

Transmitida por el cardenal Tauran: El diálogo entre creyentes, su mejor servicio a la paz

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 24 julio 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha dejado una consigna a la Conferencia Mundial para el Diálogo celebrada en Madrid y convocada por la Liga del Mundo Islámico: el mejor servicio de los creyentes a la paz es el diálogo basado en el amor y la verdad.

Transmitió a los presentes este mensaje el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, a quien se le asignó la la intervención de clausura en el encuentro.

El encuentro se celebró del 16 al 18 de julio a instancias del rey Abdulá de Arabia Saudita y contó con la presencia del Rey de España, don Juan Carlos, y representantes espirituales de prácticamente todas las religiones.

En su intervención, el purpurado francés transmitió el saludo del Papa a los participantes y aseguró que el Santo Padre "considera que el diálogo entre los creyentes, basado en el amor y la verdad, es la mejor manera de contribuir a la armonía, a la felicidad, y a la paz de los pueblos de la tierra".

El denominador común

El cardenal calificó de "valiente" al rey Abdulá por proponer a la conferencia que se centrara en "nuestros denominadores comunes, es decir, en la fe profunda en Dios, en los nobles principios y en los elevados valores morales que constituyen la esencia de la religión". 

"En estos días, ha quedado claro que es posible encontrarse, verse las caras y respetar nuestros credos recíprocos, aprender una nueva modalidad para recorrer el camino del diálogo", dijo el cardenal Tauran, según la transcripción de su intervención ofrecida después por "L'Osservatore Romano", diario de la Santa Sede.

"Hemos subrayado las numerosas convicciones que compartimos --siguió diciendo--: fe en la unicidad de Dios autor de la vida; responsabilidad para preservar la creación y los recursos de la tierra; el carácter sagrado de la persona humana y de su dignidad, así como los derechos fundamentales que de ella se derivan; la preocupación común por ofrecer a los jóvenes principios éticos y religiosos; la fuerza del amor que posee todo creyente; la centralidad de la ley natural".

Los creyentes, un don para la sociedad

El cardenal luego compartió dos "consideraciones personales" que le han suscitado este histórico encuentro.

"La primera es que hemos hecho que sea disponible a todos los miembros de las sociedades a las que pertenecemos la riqueza de nuestras convicciones y de nuestros pensamientos", constató.

"Mi segunda convicción es que, en cuanto creyentes, somos un don para la sociedad", añadió. "Esta realidad hace imperativo que la libertad religiosa sea considera como algo más que la necesidad de tener lugares de culto, que es lo mínimo que se puede pretender".

"La libertad religiosa debe incluir también la posibilidad de que los creyentes puedan participar activamente en el diálogo público a través de responsabilidades sociales, políticas y culturales, en las que deben ser un modelo", aseguró el representante papal.

Tres objetivos

De cara al futuro, el cardenal presentó tres objetivos urgentes: "promover el conocimiento recíproco; alentar el estudio de las religiones de manera objetiva; formar a las personas en el diálogo interreligioso".

"No quiero decir que todas las religiones sean más o menos iguales. Quiero decir que todos los que buscan a Dios tienen la misma dignidad", aclaró.

"Benedicto XVI siempre ha alertado ante un diálogo interreligioso que acabe en sincretismo. Sabemos todos que el diálogo interreligioso no puede basarse en la ambigüedad", recordó.

"Como creyentes, judíos, cristianos y musulmanes, no creemos en el hado --concluyó--. Sabemos que, habiendo recibido de Dios un corazón y una inteligencia, podemos cambiar, con su ayuda, el curso de la historia".