Contra la crisis económica, difundir los valores cristianos, pide el Papa

Audiencia a los miembros del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 14 de junio de 2010 (ZENIT.org).- La crisis económica global debe llevarnos a difundir los valores cristianos y de la solidaridad con los más necesitados.

Lo dijo Benedicto XVI al recibir este sábado a los participantes de la 45ª reunión ordinaria del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, que por primera vez ha celebrado su encuentro anual en el Vaticano.

En su discurso, Benedicto XVI pidió no limitarse a una valoración estrictamente financiera de la situación actual.

Basándose en la doctrina social de la Iglesia, destacó que “la fuerza dinámica que regenera el conjunto de las relaciones interpersonales” capaz de orientar la vida económica es la relación entre el amor y la verdad.

“¿La liberación de ideologías totalitarias no se ha utilizado unilateralmente para el mero progreso económico en detrimento de un desarrollo más humano respetando la dignidad y la nobleza del hombre y no ha ignorado, a veces, riquezas espirituales que han modelado la identidad europea?”, preguntó.

“El cristianismo -afirmó- ha permitido a Europa comprender lo que es la libertad, la responsabilidad y la ética que impregna sus leyes y las estructuras sociales”.

“Marginar el cristianismo -advirtió-, también a través de la exclusión de los símbolos que lo manifiestan, contribuiría a amputar nuestro continente de su origen fundamental que lo nutre sin descanso y que contribuye a su verdadera identidad”.

De hecho, continuó, “el cristianismo está en la fuente de los valores espirituales y morales que son patrimonio común de los pueblos europeos”.

El Papa recordó que los Estados miembros del Consejo de Europa han manifestado su adhesión inquebrantable a esos valores en el Preámbulo del Estatuto del Consejo de Europa.

“Esta adhesión, que se reafirmó en la Declaración de Varsovia de 2005, arraiga y garantiza la vitalidad de los principios en los que se basa la vida política y social europea, y en particular la actividad del Consejo de Europa”, afirmó.

Benedicto XVI recordó después algunas experiencias de desarrollo económico basado en la fraternidad, que “permite espacios de gratuidad que, aun siendo indispensables, difícilmente son concebibles o posibles de alcanzar cuando los únicos fines que se buscan son la eficacia y el beneficio”.


“Existe en Europa un rico pasado que ha visto desarrollarse experiencias de economía basadas en la fraternidad”, constató.

“Existen empresas que tienen un fin social o mutualista -añadió-. Éstas han tenido que sufrir las leyes del mercado, pero desean volver a encontrar la fuerza de la generosidad de los orígenes”.

Y añadió: “Me parece también que el Banco de Desarrollo del Consejo de Europa desea, para vivir realmente la solidaridad, responder al ideal de fraternidad que acabo de mencionar, y explorar espacios en los que la fraternidad y la lógica del don puedan expresarse”.

“Estos son ideales que tienen raíces cristianas y que han presidido, con el deseo de paz, el nacimiento del Consejo de Europa”, destacó.

“La fraternidad es generosa, no calcula -recordó-. Quizás habría que aplicar más estos criterios en las elecciones internas del Banco y en su acción externa”.

Para Benedicto XVI “la novedad sería introducir una lógica que hiciera de la persona humana, y en particular de las familias y de las personas realmente necesitadas, el centro y el fin de la economía”.

“Este momento no debe conducir a limitaciones basadas únicamente en un análisis estrictamente financiero -afirmó-. Debe, al contrario, permitir a la Banca de Desarrollo mostrar su originalidad reforzando la integración social, la gestión medioambiental y el desarrollo de infraestructuras públicas de vocación social”.

Y alentó con fuerza “el trabajo del Banco en este sentido y en el de la solidaridad”, que le permitirá ser “también así fiel a su vocación”.

El Banco de Desarrollo del Consejo de Europa representa el instrumento financiero de la política social del Consejo de Europa. Cuenta actualmente con 35 Estados miembros. La Santa Sede forma parte de él desde 1973.