Conversiones forzadas de mujeres al islam en Pakistán

El presidente de los obispos llama al diálogo interreligioso

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ISLAMABAD, martes 8 noviembre 2011 (ZENIT.org).- El presidente de la Conferencia Episcopal de Pakistán denuncia que el extremismo islámico ha aumentado en los últimos años, cuando se cumple un año de la condena a muerte de Asia Bibi, cristiana acusada de blafemia. El diario vaticano se hace eco este martes de las conversiones forzadas de mujeres al islam, denunciadas por una organización no gubernamental.

“Las minorías religiosas en Pakistán son discriminadas en el silencio del gobierno y las instituciones” y “el extremismo islámico ha crecido mucho en los últimos años y afecta a la vida social y política del país”, dijo a la agencia Fides monseñor Joseph Coutts, obispo de Faisalabad y presidente de la Conferencia Episcopal de Pakistán, un año después de que Asia Bibi, una madre cristiana fuera injustamente acusada de blasfemia, y condenada por el tribunal de Sheikupura el 8 de noviembre de 2010.

“Un año después de aquel veredicto trágico --dijo el obispo Coutts--, la situación de las minorías religiosas no ha cambiado para mejor y, de hecho, el país está plagado de serios problemas políticos, económicos, sociales, morales, religiosos, que se refleja en musulmanes y no musulmanes. En un año, el país ha perdido a dos puntales que se oponían a la ley sobre la blasfemia, Shabhaz Bhatti y Salman Taseer, mientras que la ley injusta no se ha tocado ni objetado”.

“Mientras tanto –añade el obispo- el fenómeno del extremismo islámico ha crecido, con grupos que quieren imponer abiertamente la ley islámica y establecer una teocracia. Su trabajo no sólo afecta a las minorías cristianas e hindúes, sino también a otras minorías como los ahmadíes y los chiítas. Es un fenómeno complejo y preocupante, que afecta a la estructura y el sistema de todo el país”.

Según el obispo, “estos grupos extremistas tienen una fuerte influencia en los tribunales” con “una presión indirecta sobre los jueces y testigos” que afecta a la aplicación de la ley.

“Como Iglesia católica y como comunidad cristiana, estamos trabajando junto a la sociedad civil, para promover una nueva cultura de diálogo, armonía social, fraternidad, comprensión mutua, con todas las personas de buena voluntad, sin importar su fe”, concluye monseñor Coutts.

El diario vaticano L'Osservatore Romano se hace eco este martes de la grave situación que viven los cristianos en el país y los continuos episodios de persecución que relata la agencia Fides.

La persecución a un matrimonio cristiano denunciada por la ONG World Vision in Progress se produjo bajo la cobertura de influyentes políticos de la Pakistan Muslim League-N, partido con representación parlamentaria que gobierna la provincia del Punjab.

Los altavoces de la mezquita de Farooqabad anunciaron oficialmente que el matrimonio “Shahzad Masih y Rukhsana Bibi se han convertido al islam y abandonado la fe cristiana”.

Según la ONG, citada por el diario vaticano, en el Punjab se han registrado, en los últimos tres meses, veinticuatro casos de conversión forzada al islam de mujeres cristianas. El 96% de los casos de blasfemia se da en la provincia del Punjab y, a menudo, los falsos acusadores siguen impunes.

El arzobispo de Karachi Evarist Pinto también llamó a la reconciliación, durante un encuentro de oración por la paz, organizado en la capital del Sind. En el evento, promovido por la asociación de periodistas Karachi Press Club, participaron cristianos, musulmanes e hindúes.

“No se puede dejar de reconocer que somos todos hermanos y hermanas ante Dios”, dijo el obispo ante el auditorio interreligioso, pidiendo a los fieles de todas las confesiones vivir juntos en paz. Es la primera vez que el partido fundamentalista Jamiat-e-Islami participa en una iniciativa de este tipo. En su intervención, monseñor Pinto expresó su preocupación por el creciente número de recientes episodios de violencia en Pakistán.

“Por ello los cristianos nos dirigimos a Jesús, convencidos de que Cristo no sólo trae un mensaje de paz sino que Él mismo es la paz”, concluyó el arzobispo.