Corea del Sur: la memoria del cardenal Kim está todaví­a muy viva

El primer purpurado del paí­s combatió la dictadura y contribuyó a consolidar la democracia

Madrid, (Zenit.org) Iván de Vargas | 400 hits

El cardenal Stephen Kim Sou-hwan "era un padre para todos los coreanos. Recen por mí, para que también yo pueda ser un cardenal como él lo fue. Hizo tanto bien para la Iglesia coreana". Estas son las emotivas palabras pronunciadas por el arzobispo de Seúl, Andrea Yeom Soo-jung, ante la tumba de su predecesor en el aniversario de su partida a la casa del Padre el pasado día 16 de febrero.

El arzobispo recibirá mañana la birreta de manos del papa Francisco en el curso del primer consistorio para la creación de nuevos cardenales de su pontificado.

Pese a un lavado de imagen muy eficiente en los últimos años, Corea del Sur fue el siglo pasado un país terrible para los amantes de la libertad y los defensores de la democracia parlamentaria como sistema de Gobierno. Detenciones, torturas, muerte, exilios, nada era ajeno a la dictadura que asoló a ese pueblo durante décadas, tras la descolonización y posterior partición de la península en dos Estados. El cardenal Kim fue siempre una luz para los perseguidos.

Durante las manifestaciones de junio de 1987, muchos estudiantes que se manifestaban contra el régimen buscaron refugio en la catedral de Myeongdong. Los soldados querían entrar en el templo, pero el cardenal Kim los frenó delante de la puerta: "Si quieren detener a los estudiantes, primero me tendrán que abatir. Y después de mí a los curas y después estarán las monjas. Sólo entonces podrán detener a los estudiantes". Ante la determinación del purpurado, los soldados se dieron media vuelta sin entrar a la iglesia.

La memoria del cardenal Kim está todavía muy viva en toda Corea. Con motivo de esta efemérides más de 200 personas participaron en la misa de sufragio por su alma, informa AsiaNews.

Stephen Kim Sou-hwan, nombrado por Pablo VI primer cardenal de Corea del Sur en la historia del catolicismo, falleció el 16 de febrero en el hospital católico St. Mary en Gangnam, de Seúl, a los 87 años. Fue un líder religioso indiscutible y un gran impulsor de la lucha del pueblo surcoreano hacia la democracia. Eso le convirtió en un hombre respetado por los diferentes sectores, como se ha subrayado estos días. Se ha escrito, incluso, que figuraba entre los tres hombres más influyentes del país.

Había nacido en 1922 en la ciudad de Daegu. Cuando en 1969 fue designado cardenal de Seúl por Pablo VI, se convirtió en el más joven del momento en todo el mundo.

Impulsó en Corea una profunda renovación de las estructuras diocesanas, con particular implicación de los laicos, y dedicó atención especial al diálogo con los no cristianos y a coordinar esfuerzos comunes en el campo caritativo y asistencial.

Hoy su tumba es meta de peregrinaciones también por parte de los no cristianos. Sus dos principales testamentos espirituales - la Funadción ‘One Body, One Spirit’ y la ‘Baboui Nanum’ - continúan incidiendo positivamente en la sociedad. ‘One Body, One Spirit’, entidad constituida por el cardenal Kim en 1989 para promover el respeto por la vida y la donación de órganos, ha anunciado en los días pasados que unos 185 mil coreanos -inspirados por el ejemplo del purpurado- decidieron la donación de sus órganos.