Corea, el país con el mayor número de conversiones, evangelizado por laicos

Un congreso en Roma evoca la epopeya del cristianismo en el país asiático

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ROMA, 5 dic (ZENIT.org).- Corea del Sur se ha convertido en una de las grandes esperanzas de la Iglesia católica en el mundo: tiene uno de los índices más elevados de conversiones y de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. ¿Qué es lo que sucede?



A esta pregunta ha respondido el padre Domenico Youn Minku, profesor de la Universidad Católica de Suwon y postulador de la Causa de beatificación de los primeros mártires coreanos, al intervenir en la tarde de hoy en el Congreso «Los mártires de África y Asia», que ha tenido lugar en la nueva sede del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» de Roma. Se trataba del último de una serie de encuentros sobre el martirio que ha organizado este centro universitario con motivo del Jubileo del año 2000.

En Corea del Sur, en estos momentos, tienen lugar unos 150 mil bautismos al año, en su mayoría de adultos. Los seminarios están llenos, de hecho en este año se ha inaugurado el seminario coreano de Roma. Es el segundo país asiático que abre una sede de estudios en la Ciudad Eterna después de la católica Filipinas.

Caso único
El padre Domenico Youn Minku explica que el caso de Corea es «único en la historia», pues en este país «la Iglesia católica nació espontáneamente».

«Algunos literatos coreanos leyeron los libros de los misioneros europeos en chino. De este modo, entre estos estudiosos nació una comunidad compuesta sólo por laicos. A partir de esta lectura, nació la fe que se concretó en el bautismo del primer coreano en 1784».

El primer católico
«El paso decisivo vino después --añade el postulador--, cuando Yi Sung-hun (1756-1801) pudo viajar a Pekín para conocer a los misioneros. Tras instruirse en la fe, fue bautizado con el nombre de Pedro. Luego regresó a Corea para enseñar y bautizar a sus amigos y familiares, fundando así una comunidad cristiana de gran fervor. Desde entonces los cristianos sufrieron persecuciones».

El padre Minku subraya que «esta comunidad cristiana, si bien fue fundada y apoyada por laicos, nunca ha dejado de testimoniar una ardiente deseo de unión real con la Iglesia universal. Recibió a su primer sacerdote en 1795. En efecto, el padre chino Chou Wenmou (1751-1801), entró en el país clandestinamente, procedente de Pekín, para atender a una comunidad coreana que en aquel entonces contaba con 4 mil fieles».

Una historia de persecución
«Tras la gran persecución de 1801, que diezmó a la comunidad, que ya alcanzaba los 10 mil fieles, y a pesar de padecer nuevas persecuciones entre 1811 y 1819 y en 1827, el desarrollo de la Iglesia de Corea se intensificó cada vez más».

La oleada de persecuciones fue causada por una secta conocida con el nombre de Tonghak, que significa Religión del Este, quien había desencadenado el odio contra la que llamaba «religión de Oeste», es decir, el cristianismo. El objetivo declarado de Tonghak era aplastar y expulsar a los extranjeros del país. En 1864, la comunidad cristiana en Corea contaba con 23 mil fieles. Entre 1866 y 1871 unos ocho mil cristianos fueron masacrados.

Entre los mártires de 1839 y 1946, 79 fueron beatificados el 5 de julio de 1925; entre los martirizados en 1866, 24 fueron beatificados el 6 de octubre de 1968. Estos 103 beatos fueron canonizados, todos juntos, el 6 de mayo de 1984 en Seúl por Juan Pablo II.

En 1886, con el tratado entre Corea y Francia, la Iglesia católica coreana obtuvo la libertad religiosa, que no significó la libertad total, pero permitió la expansión del catolicismo.

El terror regresó con la llegada de los comunistas. «Las tropas soviéticas --explica el padre Minku--, entre los años 1945 y 1948, impusieron a todos los ciudadanos de Corea del Norte que renunciaran públicamente a su religión. La imposición fue transcrita en el carnet de identidad, que se entregaba a los niños a partir de los seis años. Quienes no adoptaban la renuncia, eran tratados como ciudadanos de segunda categoría. En 1945, antes de la llegada de los rusos, había 50 mil católicos en tres diócesis de Corea del Norte. Ahora es un milagro si todavía quedan católicos escondidos en las catacumbas».

Con el nacimiento del régimen nacional-comunista (1948-1950), el dictador Kim Il Sung desencadenó una represión feroz contra las religiones, en particular contra la Iglesia católica y su clero.

«La guerra entre las dos Coreas (1950-1953) --constata con tristeza el padre Minku--, ofreció un nuevo pretexto a los militares comunistas para arrestar y asesinar a los representantes del clero y a los religiosos de Corea. El nuncio apostólico, el obispo Patrick James Byrne, de origen estadounidense, fue arrestado el 11 de julio de 1950, junto a otros 41 sacerdotes y religiosos extranjeros. Todos los prisioneros fueron tratados como criminales y fueron llevados a Chungganggin, el lugar más frío de Corea. Fue la "Marcha de la muerte", en la que sólo sobrevivieron 8 personas».

La Comisión de los de los Nuevos Mártires del Comité vaticano para el Jubileo ha indicado, hasta el momento, 183 mártires asesinados bajo el régimen comunista. Entre ellos, se encuentran tres obispos, uno coreano y dos extranjeros; 31 sacerdotes diocesanos, todos ellos coreanos; 20 misioneros extranjeros, y 83 laicos coreanos.

El martirio y una evangelización con laicos por protagonistas ha hecho que hoy día, en Corea del Sur, según revela el Anuario Estadístico de la Iglesia (1998) haya 2.500 sacerdotes (1.500 en 1990), 8 mil religiosas (5.336 en 1990). Los catequistas son 12.243 (7.817 hace diez años). Según esta misma fuente, en este país de 46 millones de habitantes los católicos son 3.765.000; en 1990 eran 2.732.000. Significativamente, Corea del Sur tiene por primera vez en su historia un presidente católico, Kim Dae-Jung, último premio Nobel de la Paz y principal promotor de la reconciliación con el hermano del Norte (Cf. Archivo de Zenit).