Cristianos checos y eslovacos piden perdón a sus hermanos alemanes

Tras la guerra mundial varios centenares murieron en el camino del destierro

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POHORELICE, 30 oct (ZENIT.org).- En la cruz que recuerda la muerte de centenares de personas de origen alemán, obligadas a abandonar Checoslovaquia, al final de la segunda guerra mundial, el obispo de Brno, Vojtech Cikrle, realizó ayer un gesto jubilar de reconciliación y de reconocimiento de responsabilidad colectiva para superar definitivamente sentimientos de odio y venganza.



En la fosa común de Pohorelice, donde fue sepultado el primer grupo de las víctimas que murieron en el camino del destierro de Checoslovaquia, el obispo pronunció una emocionante homilía en la que propuso en Cristo y su Iglesia el camino para superar definitivamente el odio y curar las heridas, en coincidencia con el año santo.

«No es verdad que toda persona lleva en sí la culpa por todo lo que se ha hecho en nombre de su pueblo --dijo con fuerza el obispo de Brno, ciudad que, tras la separación de los dos países, forma parte de la República Checa--. No es verdad que la venganza traiga justicia. No es verdad que la pertenencia a un Estado represente un criterio de discernimiento para separar los seres humanos buenos de los malos»

Monseñor Cikrle reconoció de este modo públicamente los errores de los checoslovacos, entre los que también se encontraban cristianos, que apoyaron o no se opusieron a la expulsión de forzada de unos 20 mil ciudadanos de origen alemán y que tuvieron que emprender el camino del destierro en dirección de Austria.

Estas personas, cuyo «pecado» era el de tener la misma origen nacional de Hitler, al final de la segunda guerra mundial tuvieron que recorrer un auténtico «camino de muerte», de Brno hacia Viena, en el que perdieron la vida muchos centenares de personas: 629 murieron durante el recorrido checoslovaco y otros 1062, en Austria, como consecuencia de las terribles condiciones en que tuvieron que afrontar el viaje.