Cristo vence nuestra soledad, dice el Papa en la Vigilia de Pascua

«He resucitado y ahora estoy siempre contigo»

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 8 abril 2007 (ZENIT.org).- En la Vigilia de la noche de Pascua, Benedicto XVI explicó que con su resurrección Jesús no sólo ha vencido a la muerte, sino también la soledad que todo hombre y mujer experimenta, especialmente a las puertas de la muerte.



«He resucitado y ahora estoy siempre contigo», fueron las palabras que el pontífice puso en labios de Jesús, durante la homilía que pronunció en el momento culminante del calendario cristiano, la «madre de todas las vigilias».

«Mi mano te sostiene --añadió al personificar el mensaje que Jesús lanza con su resurrección--. Dondequiera que tú caigas, caerás en mis manos. Estoy presente incluso a las puertas de la muerte. Donde nadie ya no puede acompañarte y donde tú no puedes llevar nada, allí te espero yo y para ti transformo las tinieblas en luz».

En una basílica de San Pedro llena por 7.000 peregrinos, el Papa revivió el rito de iluminación del cirio pascual, el anuncio de la resurrección en una celebración que duró unas tres horas.

Uno de los momentos más emocionantes tuvo lugar cuando bautizó a seis catecúmenas adultas y a dos niños.

Dos eran mujeres chinas, Xiaohong Hao que tomó l nombre de Rosa y Xi Zhaug, ahora Agata, ambas chinas, bautizadas junto a sus hijos, Valentina y Oscar.

El resto eran también mujeres: María Luisa Mendes Hernández, de Cuba; Keiko Hara y Satoko Nakae, de Japón; y Nathalie Josaine Ntasachoung Tameze de Camerún

A los nuevos bautizados y a todos los presentes el Papa resumió con estas palabras el júbilo de la Vigilia Pascual: «nosotros somos liberados. Por medio de la resurrección de Jesús el amor se ha revelado más fuerte que la muerte, más fuerte que el mal».

Por eso, invitó a los creyentes a pedir al Señor que demuestre «también hoy que el amor es más fuerte que el odio».

«Baja también en las noches y a los infiernos de nuestro tiempo moderno y toma de la mano a los que esperan. ¡Llévalos a la luz!», imploró el Papa.

«¡Quédate también conmigo en mis noches oscuras y llévame fuera! --clamó dando un tono personal a su imploración--. ¡Ayúdame, ayúdanos a bajar contigo a la oscuridad de quienes esperan, que claman hacia ti desde el vientre del infierno! ¡Ayúdanos a llevarles tu luz!».