Criterios éticos ante los organismos genéticamente modificados

Según el vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida

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CIUDAD DEL VATICANO, 18 agosto 2003 (ZENIT.org).- El recurso a los organismos genéticamente modificados (OGM) exige probar su utilidad y verificar los riesgos que implica, ha afirmado uno de los máximos expertos en la materia.



Ante los debates que dentro del mundo católico suscita la materia, el obispo Elio Sgreccia, vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida (creada por Juan Pablo II en 1994) y director del Centro de Bioética de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma, ha intervenido en un programa transmitido por «Radio Vaticano» (5 de agosto).

Según el prelado italiano, «ante todo no debe darse una cerrazón a la intervención del hombre sobre las plantas y los animales en el campo genético, cuando éste no provoque daños y sea útil para el mismo hombre».

En segundo lugar, añade, deben verificarse de manera «científica» «los riesgos», «tanto sobre los productos naturales como los farmacéuticos, así como sobre los mismos organismos genéticamente modificados».

«Se trata de la verificación del riesgo, el así llamado principio de precaución --aclara--. Hasta ahora no se han denunciado riesgos gravísimos. Me parece que se está procediendo con las debidas cautelas, con una especie de experimentación antes de introducir estos productos en el mercado».

En este sentido, según monseñor Sgreccia, es necesario respetar el respeto del «equilibrio ecológico, es decir, el respeto de la biodiversidad».

«Las especies nuevas no deben suplantar a las preexistentes. La biodiversidad debe ser custodiada en el mundo, pues es una riqueza para todos».

«En tercer lugar --sigue diciendo--, el ciudadano debe ser informado», es decir, debe ponerse «una etiqueta a estos productos» al ser comercializados.

Por último, la introducción de los OGM debe respetar «la ética económica a nivel internacional».

«Es decir, los productos genéticamente modificados no deben servir para la utilidad exclusiva de las empresas, de las grandes industrias --aclara--. Las industrias deben gozar de su justo beneficio, pero no deben convertirse en un monopolio que se convierta en un peso grave para quien se viera obligado a recurrir a estos productos».

«La cuestión sobre las biotecnologías, además, no debe ser utilizada con objetivos proteccionistas». Es decir, explica, «tiene que darse un equilibrio, un respeto de las razones éticas del mercado, no sólo de las razones éticas de la salud».

En definitiva, según Sgreccia, la clave está en armonizar «la ciencia, con sus indudables capacidades para avanzar, para verificar las verdades objetivas, de carácter experimental, y la ética, que pone en relación los recursos de las ciencias con los valores humanos y con la personas, que debe estar en el centro».

Al intervenir en la Conferencia ministerial sobre Biotecnología, que se celebró en Sacramento (California) del 23 al 25 de junio, el arzobispo Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, explicó que la Santa Sede está recogiendo información sobre el argumento para desarrollar «una visión clara sobre el uso de los OGM».