Cuando la memoria de los mártires alimenta la esperanza

Entrevista a Elio Guerriero, fundador y presidente de «Testigos del Tiempo»

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ROMA, viernes, 19 enero 2007 (ZENIT.org).- La convicción de que en el mundo existen personas y gestas dignas de ser recordadas ha dado origen a la página web italiana «Testigos del tiempo» (www.testimonideltempo.it), una experiencia nacida durante el Gran Jubileo de 2000 y que ve ahora empeñados a un grupo de profesionales del mundo universitario y de la información.



Zenit ha hablado con el creador, Elio Guerriero.


--¿Cómo nace «Testigos del Tiempo»?

Elio Guerriero: «Testigos del Tiempo» nace en primer lugar como una asociación de laicos cristianos durante el Jubileo. En ese periodo Juan Pablo II hablaba de experiencia del martirio, y en concreto del retorno de los mártires en el siglo XX.

Tratamos enseguida de tomar en serio esta invitación encontrándonos para establecer cómo y qué hacer.

El primer paso fue constituir una pequeña asociación «Testigos». El segundo, abrir un sitio para invitar y recoger el relato de quien, en algún modo, hubiera sido «testigo de testigos». Desde entonces el sitio ha crecido notablemente.

Con el tiempo, nos dimos cuenta de que la experiencia de «testimonio» hay que entenderla no sólo a través del martirio en sentido estricto, sino también a través de la vida cotidiana. Por este motivo hemos centrado la atención en el testimonio de las mujeres y los laicos.

--¿Entre las numerosas historias recogidas, hay alguna que nos quiera contar en especial?

--Elio Guerriero: Hay muchas... me acuerdo de la de un italiano muerto en un campo de concentración porque se negó a prestar juramento a Hitler. Pude hablar con el hijo de esta víctima y para mí fue algo muy significativo.

Otro caso es el de un partisano católico. Antes de ser ajusticiado, llamó al hijo y le hizo jurar que si llegara a saber quién le traicionó, lo perdonaría. El hijo supo quién fue y me dijo personalmente: «¿Qué podía hacer ante esta orden de mi padre?

Estos son testimonios de una presencia cristiana tan fuerte, tan enraizada que hacen nacer la esperanza y creo que este ha sido el sentido y la motivación de nuestra presencia en el Congreso de la Iglesia italiana que tuvo lugar en Verona.

Entre otras cosas, hemos logrado incluso recoger estos testimonios en un libro en italiano «Testigos de la Iglesia Italiana» y que para nosotros ha sido un signo muy fuerte.

--¿De todas estas historias que han y que siguen recogiendo, qué elementos emergen?

--Elio Guerriero: El aspecto que emerge es el de una especie de «geografía del espíritu»: he tratado de recorrer del norte al sur la península italiana y, en todas partes, está presente este aspecto del testimonio cristiano.

Hoy se da mucho espacio a los hechos perversos que suceden, olvidando que existen cosas extraordinarias como las apenas citadas. Y sin embargo de estas nadie habla.

Sabemos que vamos a contracorriente y que los medios no nos prestarán mucha atención, pero queremos de todas maneras dar testimonio de esta presencia cristiana que está viva. Para nosotros es la cosa más confortadora y queremos proseguir por este camino.

--¿Los testigos de los que hablan pertenecen todos a un periodo histórico preciso?

--Elio Guerriero: Antes le cité eventos sucedidos durante la II Guerra Mundial pero podría dar ejemplos mucho más recientes. Me acuerdo de Annalena Tonelli [voluntaria que fue asesinada en octubre de 2003 en un hospital del remoto Borama, en Somalilandia], mujer extraordinaria que regaló su vida a un ambiente musulmán no siempre fácil.

Hasta el final, logró mantener una grandísima serenidad alimentada por la adoración eucarística que, aún estando sola, cultivó durante toda su vida.

Estamos convencidos de que estos ejemplos se encuentran justo en medio de la gente. Hay verdaderamente casos clamorosos de personas muy sencillas y humildes.

Es esto lo que personalmente me impresiona más: los humildes que se dejan guiar totalmente por el Evangelio en el umbral del tercer milenio. Parece una algo tan extraño a nuestra cultura mientras que en cambio es realidad de vida.

--La investigación de estas historias tan especiales, ¿qué caminos sigue además de los que nos ha descrito?

--Elio Guerriero: Aparte de los avisos que nos llegan al sitio, a través de la Conferencia Episcopal Italiana he contactado con los responsables regionales a los que he pedido que nos avisen si se presentaran casos de personas incluso al inicio del proceso de beatificación.

No todos necesariamente llegarán a la santidad, esto corresponde a las autoridades correspondientes, nosotros queremos simplemente hacer ver que el testimonio cristiano está actuando.

--Entre tantos ejemplos que han dado a conocer, ¿hay jóvenes?

--Elio Guerriero: Hay varios chicos y chicas que han testimoniado con gran valor. Durante el Concilio Vaticano II, una joven de Calabria, enferma en la cama, se apasionó por todo lo que estaba sucediendo en la Iglesia y lo único que podía hacer era escuchar la radio.

Cuando Pablo VI se encontró con el Patriarca Atenágoras, le escribió: «Santidad, en el momento en que abrazasteis al Patriarca, yo estaba con vos con mi sufrimiento».

La joven murió algunos meses después. No había cumplido los treinta años. Me parece que es una demostración de madurez y de riqueza interior maravillosa.

--¿Desde que ha nacido su asociación, considera que en usted y en las personas que colaboran a su lado ha cambiado algo?

--Elio Guerriero: El aspecto de mayor confianza que he recordado varias veces ha crecido. A menudo nos da la impresión de que la herencia evangélica cristiana se olvida. En realidad, tengo la sensación de que hay una fuerza enraizada, un humus tan penetrado por la Palabra y por la presencia de Cristo Señor, que es todavía tan fuerte como para poder seguir generando testimonios. Estos, a su vez, son tan tenaces que siguen siendo fecundos.

Algunos testimonios son tan impresionantes que se imponen por su fuerza. Son verdaderamente milagros. Encuentro en todo esto un mensaje que impulsa no sólo a la imitación sino también a tener confianza en la fuerza del Evangelio.