Cuando llegamos al Concilio, ya los fieles estaban hartos de la rutina

Entrevista al obispo emérito de Melo y padre conciliar, monseñor Roberto Cáceres (II)

Roma, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 1386 hits

En un periodo marcado por varias acontecimientos, hay uno que resalta de manera especial. Nos referimos a los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II, que el papa Benedicto XVI acaba de conmemorar en octubre, dentro del marco de la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización.

Y tiene una importancia capital porque están de por medio dos generaciones de creyentes que han vivido del pre-Concilio, y los otros que han bebido de su rápido y entusiasta desarrollo. Los próximos meses –y años--, serán fundamentales para demostrar su auténtica validez y terminar de implementar lo que aún queda pendiente.

Para rememorar aquellos años y profundizar sobre los grandes cambios que trajo el Vaticano II a la Iglesia y al mundo, ofrecemos a nuestros lectores la segunda parte de la entrevista realizada a monseñor Roberto Cáceres, padre conciliar y actual obispo emérito de Melo en el Uruguay. La primera parte de la entrevista puede leerse en: www.zenit.org/article-43992?l=spanish.

El Concilio trajo también reformas sobre la visión de los laicos, ¿no?

--Monseñor Cáceres: Sí, por ejemplo, el Concilio hizo ver de una forma imperativa que el laico también es sacerdote. A veces usted habrá oído decir que la mujer no puede ser sacerdote. Cuidado, la mujer si es bautizada ya es sacerdote y tiene el sacerdocio del pueblo. Hay que distinguir el sacerdocio ministerial que no es una dignidad, porque la única dignidad es ser persona humana, sino que es un servicio. Yo soy un presbítero, por lo tanto soy un servidor. Antes se decía voy a oír misa, no, no, la misa no se oye, la misa se celebra, es algo para celebrar todo juntos, incluso con los niños y niñas, que por ser bautizados y confirmados participan del sacerdocio de Cristo.

Sobre el documento de los medios de comunicación, Inter Mirifica, ¿acaso abrió los ojos sobre el potencial que tenía ante sí la Iglesia?

--Monseñor Cáceres: Creo que todos los documentos le abrieron un poco los ojos a la Iglesia. Ahora sí usted me pregunta si le abrieron con la intensidad que se merece, allí soy un poco reticente. En relación a su pregunta, a mí me gustaron siempre los medios de comunicación, como una herramienta para llegar a la gente que no viene al templo. No porque no quieran venir, sino porque viven en el campo, porque está preso o enfermo, hay mucha gente que no puede ir al templo. Si usted empieza a ver el número de gente que no puede ir al templo, es muchísimo más de la que tiene el templo al lado, cuánta gente vive en barrios lejanos o no tiene que ponerse para ir a la misa... Hay muchas razones, en que la palabra ‘justifica’ quizás no corresponda, pero se explica. Soy enormemente partidario de los medios, no solamente por parte del obispo o del presbítero, sino también de los laicos.

Nos trasladamos ahora hasta América Latina... Al volver a su diócesis y luego de recibir los documentos de Vaticano II, ¿cómo fueron acogidos en las parroquias, congregaciones, en la gente?

--Monseñor Cáceres: Ah, fue muy positivo. Algunos sí tuvieron ciertas reticencias, que decían que se estaba cambiando la religión, por decir... Gente de pocas luces que se iba a lo habitual, a lo corriente, lo cual hay que comprenderlo. Pero en términos generales fue muy bien admitido, bien recibido y realizado de inmediato. Muchas de las definiciones o resoluciones ya estaban en estado germinal, ya la gente lo veía venir. Por algo se hace el Concilio, no por un impromptu del papa Juan XXIII, sino porque él era un hombre ducho, observador, de experiencia, que había sido párroco y vicario, que había pasado por todos los estamentos, y conocía a la gente, y conocía cuál era el propósito de Jesús: llegar a todos pero con caridad.

Flotaba en el ambiente, digamos…

--Monseñor Cáceres: En ese entonces había un clima generalizado no solo de aceptación, sino de recepción de los documentos del Concilio Vaticano II. Es que los fieles estaban hartos de esa especie de rutina en que habíamos llegado, como a un callejón de salida… Porque la gente no entendía, se le hacía una cosa muy difícil ser cristiano, y no asociaba actitudes cristianas con el cristianismo. Se creía que ser cristiano era pasarse rezando o participando en el templo y no, por ejemplo, en el mundo del trabajo o del estudio, o del arte, sino que eso era otra cosa... Así es que a mi modo de ver, todo fue muy positivo y lo seguirá siendo, en la medida en que vayamos avanzando en propuestas del Concilio, que aún no han sido asumidas ni conocidas.

¿Cómo ayudó el Concilio a la pastoral en América Latina?

-.Monseñor Cáceres: Creo que América Latina fue un ejemplo, porque inmediatamente se fueron formando grupos, instituciones y el mismo episcopado se fue aglutinando, ya nadie por su cuenta sino todos unidos. Se convocó a la Conferencia de Medellín, que sirvió para aplicar el Concilio, así es que diría que América del Sur ha sido un ejemplo de recepción del Concilio Vaticano II. Por eso muchos obispos latinoamericanos tuvieron un protagonismo en el Concilio, gracias a esa experiencia que traían del continente, donde el pueblo pedía a gritos que se fuera renovando. Creo que le ha hecho mucho bien y le sigue haciendo mucho bien a nuestra Iglesia.

¿Y en el Uruguay?

-.Monseñor Cáceres: ¡Ni qué decir! Porque en nuestro país que es laico, atónico --es decir, sin ninguna sintonía religiosa--, hoy hay un respeto, una credibilidad en la Iglesia de lo que hubo hace cuarenta o cincuenta años. Lo noto clarísimo porque tengo muchos años y viví varias etapas en que nuestra iglesia vivía arrinconada. Sin embargo hoy el Uruguay está a años luz de lo que fue hace sesenta o setenta años atrás, en tiempo de José Valle y Ordoñez por ejemplo, quien persiguió de forma muy inteligente a la Iglesia y de otros líderes intelectuales. Recuerdo que siendo niño, veía que al salir a la calle se recibían insultos y lo teníamos ya asumido; hoy jamás…, esto ha dado una vuelta de 180 grados. Y sigue creciendo una actitud de mucho respeto.

También ha ayudado entonces a que la Iglesia se gane el respeto...

--Monseñor Cáceres: Si, la credibilidad y el respeto que hoy tiene, antes no se daba ni por asomo. Y yo espero que en otros países pase lo mismo. Tengo la impresión de que andando en el tiempo, este respeto en el mundo entero irá creciendo. Y en esto los medios de comunicación --y ZENIT lo es--, han hecho un bien enorme. Creo que nuestra gente que se pega al televisor y no se pierde un noticiero, ve que en África, que en Asia, en Europa y en todos lados se habla de Dios y se tiene en cuenta a Dios. Todos se pueden dar cuenta que los trogloditas, los atrasados son los que prescinden de Dios y que miran al otro lado, totalmente al revés.

Finalmente, ¿cuál sería su reflexión como padre conciliar, a 50 años del Concilio Vaticano II?

--Monseñor Cáceres: Creo que hay que tener mucha paciencia y seguir. Porque Dios hace mucho y a veces creemos que todo lo hacemos nosotros... Sin embargo, solamente somos colaboradores, humildes servidores, es Dios quien hace su obra.