Cuando los prejuicios ofuscan la objetividad del periodista

Un caso típico: la información en EE. UU. sobre bioética

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NUEVA YORK, 23 febrero 2002 (ZENIT.org).-¿Podemos creer todo lo que leemos y vemos en los medios de comunicación? Surgen dudas ante los recientes ejemplos de prejuicios en los medios.



En enero se anunció un avance decisivo en la investigación utilizando células estaminales de adultos. Los investigadores del Instituto para Células Estaminales de la Universidad de Minnesota encontraron una forma de estimular células adultas que se hallan en la médula ósea. La técnica todavía está en fase experimental. Pero promete una alternativa al uso de embriones sacrificados para obtener células estaminales, un procedimiento que resulta éticamente inaceptable para muchos moralistas.

Con la excepción de un artículo en primera página en el Boston Globe, la mayor parte de los medios minimizó la importancia de este descubrimiento científico, observaba Wesley J. Smith en un artículo publicado el 28 de enero en el National Review Online.

Smith, autor de “Culture of Death: The Assault on Medical Ethics in America”, apuntaba que éste debería haber sido un tema importante si consideramos la fuerte controversia sobre la investigación de células estaminales provenientes de embriones y las deliberaciones del senado norteamericano para ilegalizar la clonación humana.

De hecho, tanto el New York Times como el Washington Post dieron relevancia a la investigación con células estaminales de embriones, y han apoyado tales investigaciones desde sus editoriales. El Times dedicó un artículo sobre el descubrimiento de las células de adultos en la página 14, y dejó de lado muchos detalles importantes. El Post tocó la noticia en el párrafo cuarto de un artículo dedicado al debate sobre la clonación en el senado.

Smith afirmaba que “ésta no es la primera vez que un gran descubrimiento sobre células estaminales de adultos ha recibido una cobertura despreciable”. Los descubrimientos sobre células estaminales de embriones logran aparecer en las páginas de portada, y una amplia cobertura televisiva, mientras que los descubrimientos sobre células estaminales de adultos apenas se hacen notar.

Otro ejemplo, citado por Smith, era el del anuncio, hecho en la Harvard University Gazette del pasado 19 de julio, de que los ratones con diabetes tipo 1 (un desorden en el sistema inmunológico) se curaron completamente de su enfermedad con el uso de células estaminales de adultos. Los medios de comunicación no informaron de esta noticia, decía Smith.

O tomemos el caso del nombramiento de los miembros del Consejo de Bioética del Presidente norteamericano. Joseph Bottum, en la revista The Weekley Standard, escribió un análisis de la cobertura dada por el Washington Post a esta noticia el día 17 de enero (El análisis de Bottum apareció un día después en Internet, en el Daily Standard).

El relato del Post era el siguiente: “En noviembre, algunos investigadores anunciaron de que habían logrado por primera vez clones de embriones humanos, dando pie a los advertencias de los conservadores religiosos y de otros de que la ciencia ya no está al servicio de la voluntad moral de la nación. Al mismo tiempo, los Estados Unidos están llevando a cabo una guerra para liberar una nación lejana de las garras de los conservadores religiosos, que están siendo acusados de imponer sus códigos morales a otros”.

El artículo igualaba las reticencias estadounidenses ante la clonación con los talibanes de Afganistán. “Lo que esto significa es que en las mentes de los redactores y editores del Post, los miembros del nuevo consejo bioético del presidente son nuestros talibanes caseros”, observaba Bottum.

También hacía notar cómo el miembro de este consejo de bioética, Robert P. George, un catedrático que ocupa la antigua cátedra del Presidente Woodrow Wilson de filosofía política en la Universidad de Princeton, era descrito por el Post como un teólogo. Esto se funda en la lógica de “teólogo=religioso; religioso=opuesto a la clonación; opuesto a la clonación=conservador; conservador=miembro de los talibanes; y talibán=mal”, concluía Bottum.

Esta tendencia de mezclar comentarios editoriales con reportajes de noticias se ha vuelto muy común. Según Associated Press, investigadores del Project for Excellence in Journalism examinaron la cobertura de noticias en 2.496 televisiones, revistas y periódicos a mediados de septiembre, a mediados de noviembre y a mediados de diciembre. Cada aserción en las noticias era clasificada como cada hecho, análisis que se podría atribuir a información, opinión no atribuible o especulación.

“Los medios de noticias reaccionaron ante los ataques del 11 de septiembre con gran cuidado de no apartarse de los hechos” decía el informe. Tres cuartas partes de la cobertura fue estrictamente factual y sólo un 25% estuvo envuelta en cierto nivel de interpretación.

En diciembre, sin embargo, el grado de cobertura factual total calló hasta un 63% -un nivel “más bajo que aquel que se vio en medio del escándalo Clinton-Lewinsky”, según el estudio.
Menos programas familiares

No sólo la bioética tiene problemas con los medios. Como informaba el Washington Post el 26 de enero, el ejecutivo de la NBC, Scott Sassa, declaró que la cadena no tenía planes de lanzar ninguna serie familiar, diciendo que no convocan audiencias “de nivel social elevado”.

El mismo día, el Washington Times observaba que, de hecho, que la NBC había ofrecido bastante poco sobre vida familiar en los últimos años. El artículo también hacía notar que la ABC había reducido el número de programas orientados a la familia.

El New York Times informó el 21 de septiembre de que Aaron Sorkin, el productor ejecutivo de “The West Wing” en la NBC, afirmaba que esperaba romper un tabú establecido desde hacía tiempo esta temporada: Quería un personaje que maldijera de manera que usara el nombre de Dios en vano.

Según el New York Times, los ejecutivos de la CBS y de la ABC están revisando guiones que recogen un nivel de crudeza verbal sin precedentes en cadenas de Televisión. El artículo hablaba de que en los últimos tiempos, las normas se están volviendo más laxas si cabe, con uso frecuente de vulgaridades. Y esto en las principales cadenas. Los programas de televisión por cable, que están menos regulados, son bastante peores.

No todo son malas noticias
Hay signos de esperanza. El Wall Street Journal informaba el 8 de febrero sobre el aumento regular de asistencia a una cena organizada por Cal Thomas para llevar a los cristianos de manera conjunta a los medios de comunicación en la víspera del Desayuno Nacional de Oración.

Este año cerca se presentaron cerca de 200 personas, cerca de la mitad de los cuales eran periodistas practicantes. Thomas, un columnista y comentarista de televisión, comenzó la organización de estas cenas hace ya más de una década. La primera sólo congregó a 25 personas.

El Journal observaba que las encuestas entre periodistas en los últimos 20 años habían puesto de manifiesto que se trataba de un grupo abrumadoramente irreligiosos. Ahora esta tendencia puede cambiar. Según Robert Lichter del Center for Media and Public Affairs, los medios de comunicación son “menos irreligiosos (de lo que fueron una vez), aunque todavía son más irreligiosos que la población en general”.

Otro signo de esperanza es el hecho de que Internet ha dado oportunidades a aquellos que quieren evitar los medios tradicionales. Reuters, el 23 de diciembre, informaba de que hay más adultos en Estados Unidos que utilizan Internet para fines religiosos que para jugar, conectar con sus bancos o negociar valores.

Uno de cuatro adultos norteamericanos que usan Internet (cerca de 28 millones) han contactado información online religiosa o espiritual, según un estudio del Pew Internet and American Life Project. Y cada día, más de 3 millones de norteamericanos adultos buscan información religiosa on line, un millón más que el año pasado.

En su mensaje para el próximo Día Mundial para las Comunicaciones, Juan Pablo II hablaba de las oportunidades que ofrece Internet: “Para la Iglesia el nuevo mundo del ciberespacio es una llamada a la gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje del Evangelio”. Las audiencias cansadas de la vorágines de los medios podrían dar la bienvenida al cambio.