Cuba: ''Esta es nuestra fe''

Carta Pastoral del cardenal arzobispo de La Habana Jaime Ortega, en el Año de la Fe

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Por Yarelis Rico

LA HABANA, 20 noviembre 2012 (ZENIT.org).- En medio de la celebración mundial del Año de la Fe, el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana, hizo pública una Carta Pastoral con la que invita a los católicos habaneros a profundizar en el conocimiento del Catecismo de la Iglesia Católica, con el propósito de fundar en él una acción evangelizadora que lleve a todo el pueblo cubano al encuentro ardoroso con Cristo.

Bajo el título “Esta es nuestra fe”, el mensaje del obispo --tal y como él explica a manera de resumen– “contiene una meditación sobre esta hora de la historia con sus características y la necesidad de estar atentos a ella y de profundizar en nuestra fe para hallar los medios de propiciar el encuentro de nuestros hermanos con nuestro Dios y Salvador Jesucristo”.

En el texto, el cardenal Ortega reflexiona en torno a la actual crisis ética del mundo, cuyo detonante silencioso y profundo se encuentra en la ausencia de Dios del horizonte humano. Ante la nula referencia al Creador, el prelado advierte que el hombre de hoy queda solo frente a su conciencia, en medio de un mundo desdibujado por el relativismo. “Se pretende –dice– crear una ética nueva, o más bien novedosa que, envuelta en el silencio acerca de Dios, resulta imprecisa y variable”.

Insiste además en la necesidad de profesar una fe que se haga acompañar por la razón, pues de lo contrario se convertiría en un “fideísmo voluntarista (hay que creer porque sí)”. De esta realidad, agrega, “da testimonio el uso que se ha hecho de la religión en algunos lugares para propugnar la violencia y el terror”, así como “la proliferación de sectas realmente fanáticas”.

Hacia el interior de varios párrafos de su mensaje, el arzobispo de La Habana resalta el papel del cristianismo en la sociedad civil, cuyo propósito esencial es “hacer que el hombre y la mujer puedan alcanzar la felicidad personal y contribuir ellos mismos a edificar un mundo integralmente mejor”. Para esto –precisa– se necesita algo más que descubrimientos científicos y la satisfacción parcial de sus necesidades materiales, “falta el crecimiento espiritual de la persona, capaz de encontrar un sentido a su vida, de hallar el camino del bien y de la justicia y de vivir en esperanza”.

En una tierra como la cubana, donde la fe en Jesucristo ha sido acosada y hasta se ha pretendido silenciarla, válido resulta el pasaje bíblico citado por el cardenal Jaime Ortega en su Carta Pastoral, y en el que Jesús le pregunta a Pablo: “¿Por qué me persigues?”. La interrogante se hizo acompañar de la respuesta que hizo que Pablo –para entonces un perseguidor de cristianos– viera las cosas de una manera diferente, convirtiéndose en el gran misionero del cristianismo. “Soy Jesús”. Dios le había salido al paso. Y a este encuentro, a esta búsqueda ascendente de Dios por parte del hombre invita en su mensaje el obispo habanero, pues para el cubano, que en mayoría vive en medio de la incertidumbre y la frustración, “Dios viene al encuentro aquí y ahora”.

Recuerda el arzobispo que Dios no crea al hombre para abandonarlo a su suerte, sino para acompañarlo en la tarea que le ha confiado. “Con palabras de ternura Él nos habla y nos asegura que ‘aunque una madre se olvide del hijo de sus entrañas, yo no me olvidaré de ti’ (Is 49, 15). A la luz de la Palabra revelada, insistió en que la fe judeocristiana es una obediencia a quien nos habla con amor infinito: “el hombre tiene un lugar y un papel en la creación, dados por el mismo Dios”.

Alentó a continuar anunciando como novedad de la fe el misterio esencial del cristianismo: la “Encarnación del Hijo de Dios”; y así como esa encarnación nos anonada, “la Redención del hombre por la muerte de Cristo en la Cruz nos deja estupefactos”. “Estamos ante un Dios que nace como nosotros, pero en precariedad y pobreza extrema y un Dios que muere también como nosotros, pero crucificado entre dos salteadores de camino, condenado por aquellos mismos que él vino a salvar”.

El cardenal Ortega concluye su mensaje convocando a todos los fieles a una Nueva Evangelización que, según precisó en la misa oficiada por la inauguración del Año de la Fe en esta arquidiócesis, “se dirige a los católicos que integran nuestra comunidades, pues hay noticias de Cristo y referencias a él y a la Iglesia, pero en muchas ocasiones imperfecta, como recuerdos borrados de la historia de familias y pueblos por el materialismo que ha penetrado las estructuras de la sociedad, por la multiplicidad de religiones y sectas, por los cultos mágicos y primitivos de grupos religiosos más o menos sincréticos, por los malos ejemplos de los cristianos”.

Aprovechando esa propia celebración inaugural del Año de la Fe en la Catedral de La Habana, alentó a todos los fieles a abrir sus oídos y a fijar sus ojos en Cristo, por medio del cual Dios habla a sus hijos. Recordó que el encuentro con Jesús, el cual adjetivó como desestabilizante, hace a la persona cambiar de perspectiva y de mentalidad: “tiene que nacer de nuevo”.  Llamó a todos a reconocer en la Virgen María la imitación y modelo a seguir en este camino de fe, y a ella encomendó este tiempo de gracia.