Cuba: misioneros de 23 países y 5 continentes presentes en Holguín

En la diócesis son 64 misioneros y misioneras 'ad gentes'. El obispo Aranguren los consideró un signo de catolicidad

Holguín, (Zenit.org) Araceli Cantero Guibert | 809 hits

En la Jornada Mundial de las Misiones, el Obispo de Holguín, Cuba, envió un mensaje de felicitaciones “para los 64 misioneros y misioneras 'ad gentes' venidos de 23 países de los 5 continentes y presentes en nuestra Diócesis!”.

Mons. Emilio Aranguren Echeverría reconoce que la presencia de personas de diversas procedencias es ante todo es un signo de catolicidad que la Diócesis reconoce y celebra. Durante una reciente celebración, todos los sacerdotes y religiosas de la Diócesis peregrinamos al templo de Barajagua, lugar a donde los tres Juanes llevaron la imagen de la Virgen de la Caridad después de recogerla en la Bahía de Nipe en 1612. Ambos lugares en el territorio diocesano. En la Misa jubilar que allí celebraron, un representante de cada nación ofreció la bandera de su país a los pies de la imagen de la Virgen y, al final, todos repitieron: "¡A Jesús por María, la Caridad nos une y la misión también!".

Entre los misioneros ‘ad gentes’ hay 16 sacerdotes, 11 de ellos religiosos y dos Hermanitos de Jesús. Además, la Diócesis tiene otros 16 sacerdotes cubanos. De las 47 religiosas, 2 son cubanas. Hay tres miembros de un Instituto Secular que son cubanas.

Situada en la zona nororiental de Cuba, esta Diócesis, comprende las provincias de Holguín y Las Tunas y esta organizada en 6 zonas pastorales a lo largo de 14890 kilómetros de área, lo que la constituye la Diócesis cubana de mayor extensión territorial.Rebasa el millón y medio de habitantes y es la segunda en población, después de la Arquidiócesis de La Habana. Las distancias entre los pueblos es mayor que en otras Diócesis por tanto, el número de misioneros tal vez tiende a ser mayor, pero no así en proporción con los habitantes.

Junto a su felicitación a los misioneros presentes en la Diócesis, Mons. Aranguren les envió las estadísticas diocesanas que indican una presencia europea de 11 misioneros (España, Francia, Irlanda, Italia y Rumania); siete de Asia (Filipinas, India e Indonesia); 39 de América (12 de Colombia; 7 de México; 4 de Argentina, Costa Rica, Dominicana; 3 de Chile y Perú; 2 de Brasil; 1 de Venezuela y de Panamá). De África son 4 religiosas (Uganda 1; Tanzania 1; Kenia 2). De Oceanía un sacerdote religioso.

Mons. Aranguren indica que la presencia de misioneros ‘ad gentes’ es algo que se repite en la mayoría de las 11 diócesis de Cuba.Hay dos Diócesis que pueden ser excepción en sentido contrario: La Habana porque allí se concentran varias congregaciones religiosas femeninas que tienen un buen número de cubanas, como son las Hijas de la Caridad, o las Siervas de San José. En Camagüey hay mayor proporción de sacerdotes cubanos diocesanos sobre extranjeros.Actualmente en Cienfuegos sólo hay un cubano en Guantánamo hay dos, en Ciego de Ávila también dos.

En Holguín, esta presencia tan variada, explica Mons. Aranguren, tiene un valor de signo ante la gente, al mostrar la universalidad de la Iglesia. Por otra parte indica que puede resultar un hecho contrastante y contradictorio para algunos católicos el hecho de la presencia de misioneros venidos del exterior, mientras, por ejemplo, en el caso de Holguín hay 12 sacerdotes diocesanos cubanos sirviendo en diócesis de otros países “ya que, a varios de ellos, les resultaba muy difícil afrontar las limitaciones propias de la acción pastoral en su propia tierra”. Esto, indica el Obispo “ha producido un vacío significativo”. La presencia de los misioneros viene a cubrir este espacio y, por ello, “es una de las razones por las que también agradecemos a los misioneros su estar y trabajar con nosotros”.

Los misioneros ‘ad gentes’ participan en la Diócesis por temporadas cortas, de unos tres años y esto supone frecuentes reemplazos. Ante esta situación pastoral el principal reto, según indica el Obispo, es una buena organización diocesana en la que, en lo posible, funcione el Consejo Pastoral de Comunidad. “Por eso es fundamental la existencia de un Plan Global de Pastoral”, indica. Esto es necesario para que cuando se incorpora un nuevo sacerdote, diocesano o religioso no caiga en el vacío. “El nuevo misionero enfrenta otra cultura, otra sociedad, otros espacios que son limitados, pero la Diócesis le brinda una acogida pastoral en la que el sacerdote puede integrarse paulatinamente”.

Por otra parte, cuando funciona el Consejo Pastoral, “el sacerdote se hace consciente de que se encuentra una experiencia de fidelidad acumulada a lo largo de los años que, con su presencia y ardor misionero, va a dinamizar dándole continuidad y no provocando una ruptura”. A ello se le añade que la comunidad cristiana le brinda al misionero una acogida afectiva “que le permita inculturarse integralmente en una nueva realidad eclesial y socio-política”.

De no ser así, explica Mons. Aranguren, tanto la Diócesis como las comunidades, en particular, experimentan la inestabilidad pastoral que, “unido a la sangría de la constante emigración haga que los procesos pastorales experimenten vacíos o cortes abruptos y un constante empezar de nuevo”.

Con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, Mons. Aranguren recuerda que“el punto álgido de la conversión pastoral a la que exhorta Aparecida es la proyección misionera”. Le agrada constatar que “lo repetitivo en el pontificado del Papa Francisco es que hay que salir a las periferias y que al pobre hay que tocarlo, por tanto, hay que compartir la acción misionera con los otros miembros del Pueblo de Dios: diaconado, vida religiosa, ministerios laicales, laicos en los ámbitos de la vida social.”

Pero a su vez piensa que el envío misionero no es una cuestión principalmente de las Diócesis, sino que depende en la disposición misionera por parte del sacerdote, del religioso y de la religiosa. “Conozco obispos latinoamericanos dispuestos a enviar sacerdotes como misioneros a Cuba, pero falta la disponibilidad por parte de los sacerdotes que no se ofrecen aduciendo, al igual que en tiempos de Jesús, situaciones familiares u otras razones.”

La Diócesis de Holguín fue erigida canónicamente, bajo el patronato de San Isidoro de Sevilla, el 27 de mayo de 1979 (Fiesta de la Ascensión del Señor, ese año) al separarse del territorio diocesano de Santiago de Cuba. Su primer Obispo, fue Mons. Héctor Luís Peña Gómez, hoy emérito residente en la Diócesis. Mons. Aranguren tomó posesión de la sede diocesana el 11 de diciembre de 2005 permaneciendo durante un tiempo como Administrador de la Diócesis de Cienfuegos de la que era su obispo titular.