Cultura urbana y conversión pastoral en América Latina

Conclusiones de un encuentro convocado por el CELAM

| 2942 hits

BUENOS AIRES, viernes, 9 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos las conclusiones que acaban de presentarse del "Encuentro sobre cultura urbana y conversión pastoral a la luz de Aparecida, en el horizonte de la Misión Continental" convocado el Departamento de Cultura y Educación (Sección Cultura) del Consejo Episcopal Latinoameicano (CELAM) entre el 1 y el 5 de marzo en Buenos Aires. 

 

Introducción 

     "Dios vive en la ciudad" (DA 514). Esta profunda certeza de fe ha animado a los pastores de América Latina y el Caribe reunidos en la Conferencia de Aparecida a prestar atención a los múltiples aspectos de la cultura urbana actual y a reconocer en ella y asumir desde ella los desafíos de una nueva pastoral urbana (DA 509-519).

     Con ánimo de buscar caminos para una profunda conversión pastoral ante esta nueva invitación de Dios, el Departamento de Cultura y Educación del CELAM, por medio de la Sección Cultura, realizó un Encuentro sobre Cultura Urbana y Conversión Pastoral, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, del 1° al 5 de marzo de 2010. Se ha contado con la valiosa colaboración de once expositores, que han enriquecido la visión del fascinante y el complejo mundo de nuestras ciudades, desde ángulos diversos. Ellos han intentado aprovechar la vasta experiencia urbana que la Iglesia ha tenido desde sus orígenes y en toda su historia, especialmente en nuestro continente (cf. DA 513).

     Como marco general de esta reflexión pastoral, partimos de la relectura histórica y de una proyección pastoral del camino recorrido por la Iglesia Latinoamericana en las cuatro Conferencias Generales del Episcopado en el posconcilio y en los diversos planes, iniciativas, encuentros y publicaciones del CELAM. El fenómeno de la urbanización creciente (Medellín) condujo a proponer la evangelización de la ciudad moderna (Puebla), una nueva inculturación del Evangelio en la cultura de nuestras urbes (Santo Domingo) y una nueva pastoral urbana en una Iglesia más misionera (Aparecida) (Pbro. Dr. Carlos María Galli).

     La ciudad se ha presentado como una realidad intercultural (R.P. Dr. Jorge Roberto Seibold, S.J.) nada libre de las influencias del relativismo (Mons. Dr. Alfredo Horacio Zecca). En esta dimensión cultural, la ciudad integra diversos aspectos de la cultura popular (Pbro. Dr. José Carlos Caamaño). Mucho más que su realidad inmediatamente tangible, la ciudad se construye a través de los imaginarios de los ciudadanos (Pbro. Lic. Jaime Alberto Mancera). Son ellos quienes configuran de modos muy diversos los universos de sentido, constituyendo verdaderas y propias ciudades invisibles dentro de la gran ciudad (Pbro. Jorge Eduardo Scheinig). Los medios de comunicación social en la cultura urbana provocan transformaciones de una profundidad y celeridad inauditas (Pbro. Lic. Jorge Oesterheld). La ciudad revela también a esta mirada sus fragilidades: incomunicación, soledad, desarraigo, anonimato, vorágine, fugacidad (Prof. Antonio Pérez García).

     La perspectiva pastoral exige profundizar la mirada en clave teologal. Así en la cultura urbana se reconocen distintas realidades en el ámbito religioso, entre las que se cuentan los valores de la piedad popular que contrastan con otros fenómenos: agnosticismo, indiferencia, sincretismo religioso, "new age" práctica y secularismo (Pbro. Dr. Juan Roger Rodríguez Ruiz), y se exponen algunos criterios orientadores hacia una teología de la ciudad (Dra. Virginia Raquel Azcuy). Como ejemplo inspirador para la evangelización en la ciudad, sigue vigente la experiencia del apóstol san Pablo, quien fue un evangelizador urbano que asumió las redes de comunicación y los ámbitos naturales de encuentro en el seno de las ciudades, incluyendo las sinagogas mediterráneas. Para lograrlo, no resultó accidental el simultáneo conocimiento y dominio, que tuvo Pablo, de las lenguas y culturas: judía, griega y romana (Pbro. Dr. Gerardo Söding).

     Las exposiciones contribuyeron a animar los debates, los talleres en grupos y el plenario con los participantes. Estas Conclusiones intentan reflejar, en una brevísima síntesis, algunos aspectos más relevantes de una experiencia de diálogo e intercambio, que han resultado ser iluminadora, rica, densa, desafiante, por lo que requeriría ser proseguida.

Conclusiones

     El título del Encuentro: "Cultura Urbana y Conversión Pastoral" constituyó un desafío muy particular: hemos de ser capaces de asumir lo urbano como un escenario cultural multifacético que hoy es posible re evangelizar. La conversión pastoral nos exige conocer y explorar con detenimiento los disímiles escenarios urbanos, sus múltiples lenguajes, fracturas e identidades, para poder llegar a identificarnos con ellos, dominar sus plurales formas de comunicación y aprender nuevos modos de ser "prójimos" en la gran ciudad. Por tanto proponemos:

1. La toma de conciencia sobre la cultura urbana en la pastoral 

      Diversos intentos de respuestas pastorales, todavía parciales, en muchas de nuestras Iglesias locales, indican que hay alguna conciencia de esta problemática que, sin embargo, se percibe como aún escasa, germinal. De crecimiento lento y progresivo, ella aún necesita de impulsos fuertes para expandirse y extenderse a las distintas iniciativas y realidades de una pastoral urbana más incisiva, acertada, inculturada y eficaz, en las -muy diversas y, a la vez, semejantes- ciudades de América Latina y el Caribe. 

2. La complejidad y ambigüedad de la cultura urbana 

      Un aspecto de la conversión es la actitud inicial con la que procuramos mirar la realidad de la cultura urbana. Hemos realizado el intento de contemplarla desde dentro: involucrándonos en ella. La hemos mirado como un desafío pastoral y no predominantemente como una confusión aplastante, negativa o amenazante, en razón de sus aspectos más desconocidos y temibles (cf. DA 513).  

      Recurrimos a algunos binomios (cf. DA 512) para expresar: tanto la complejidad como la ambigüedad de la cultura urbana. Ellas se muestran desde: 

las experiencias personales y los problemas conocidos socialmente los vínculos que se establecen y las rupturas que se padecen las oportunidades de mayor humanidad y las nuevas realidades inhumanas los centros urbanos, las periferias suburbanas, las redes de ciudades y la creciente influencia de la urbe en los ámbitos rurales el conocimiento y la afectividad los espacios y los flujos los habitantes, los viajeros y los excluidos lo local y lo global la información y la comunicación la dispersión y la concentración la experiencia del desarraigo y las nuevas formas de vecindad lo rural y lo urbano la pluralidad cultural y el diálogo intercultural las posibilidades de comunión y las nuevas injusticias y exclusiones lo humano y lo divino que configuran el "misterio" en la ciudad con agentes pastorales que se ven, a la vez, dentro y fuera del contexto urbano.

       Éstas y otras realidades contrastantes atraviesan la cultura urbana con todas las gamas de luces, sombras y amplitud de grises, propios de la libertad humana en la historia; y exigen un cuidadoso discernimiento pascual de los signos o indicios de vida y de muerte. 

3. La necesidad de múltiples aproximaciones a la cultura urbana 

       La "cultura" incluye un conjunto de vínculos (cf. DA 476) y, en cuanto tal, convoca a la colaboración entre las diversas ciencias de lo humano. En la "urbe" se hablan muchos "lenguajes" simultáneos y nadie puede, en la actualidad, comunicarse y discernir acerca de todos ellos. Tanto desde la orientación evangelizadora de los pastores como, sobre todo, desde el pensamiento, experiencia y acción de sus ciudadanos laicos, se requiere un trabajo interdisciplinar. 

      Será  importante identificar y precisar los límites de cada disciplina y de su método para conocer mejor la actual cultura urbana. Los acercamientos de las ciencias humanas y sociales son parciales, y requieren un diálogo entre ellas y de ellas con la filosofía y con la teología. 

4. El discernimiento requerido 

      Supuestos los análisis que las ciencias humanas aportan, en sus diversos niveles, nos referimos al "discernimiento" en su nivel "teologal" y "sapiencial", y por tanto: propiamente teológico y pastoral. Se requiere un discernimiento sobre las actitudes (¿cómo salir de la rutina o de la inercia?) acerca de la Iglesia en la ciudad (¿cómo salir de la perplejidad?) y sobre las estrategias para la acción (¿cómo responder creativamente?).  

     Será  necesario determinar y comprometer específicamente a los diversos sujetos, particularmente a los fieles laicos, que han discernir los nuevos signos de los tiempos presentes en el mundo urbano, para reformular las diversas instancias de la vida y la acción pastoral. 

      En cuanto expresión de nuestra fe trinitaria y cristocéntrica, el discernimiento teologal atiende a la acción de las Personas divinas en la/s cultura/s. Creer que "Dios habita en la ciudad" implica discernir al Padre en su providencia salvífica, al Hijo Jesucristo en los signos del Reino de Dios, al Espíritu Santo en los "indicios" o "gérmenes" de Vida plena que suscita. Hay que descubrir, reconocer y cultivar toda esta obra divina en medio de y a través de todas las ambigüedades y complejidades de la vida y la convivencia de los ciudadanos de nuestras urbes, quienes no pocas veces parecen referirse a lo divino sólo como ausencia o nostalgia. 

      En este arduo trabajo común, será necesario atender más a las expresiones actuales de la religiosidad y la "mística" popular (cf. DA 262), y revisar críticamente los estilos y lenguajes empleados por las diversas áreas de la vida pastoral (primer anuncio, misión, liturgia, catequesis y predicación) para verificar si efectivamente responden a los nuevos desafíos (cf. DA 517d) que se presentan en las urbes.  

     La contemplación del Amor de Dios Trinidad "inclinado" hacia el ser humano sufriente, vuelve a requerir desde lo más profundo de la fe cristiana el discernimiento (donde se da) y la realización (donde se reclama) de la misericordia divina en los gestos de compasión humana y de caridad pastoral hacia todas las múltiples formas del "sufrimiento urbano" (DA 517j). Los rostros de los pobres de siempre y los nuevos: son un llamado a hacerles presente, cercano y vivo, el amor misericordioso del Padre, en Cristo, por el Espíritu Santo y con María. 

5. Sugerencias y propuestas de conversión y acción pastoral 

     Dentro del marco general que propone el acontecimiento de Aparecida acerca de la pastoral urbana (cf. DA 517) y de los agentes que la realizan (cf. DA 518), los participantes de este Encuentro se ha permitido subrayar algunos aspectos. Se hace necesario profundizar la reflexión y el estudio sistemático de esta realidad, tan vasta y compleja como desafiante, para acompañar el crecimiento de la conciencia eclesial y la audacia de una acción pastoral marcada por la conversión y la renovación en los lenguajes y estilos de comunicación.  

     En términos generales esto pide el desarrollo de un protagonismo laical mucho más decidido, no sólo desde los ámbitos profesionales propios, sino también desde su espiritualidad específica. Son ellos quienes hoy viven y desarrollan la ciudad. Es necesario promover, con audaz creatividad, los nuevos ministerios y servicios laicales que la ciudad requiera, como: la escucha, la salud, la investigación, la comunicación, el acompañamiento, el alivio, la educación, la solidaridad, etc.  

     El cambio de mentalidad que implica la conversión pastoral requiere también el trabajo en común, evitando los individualismos que llevan a un desaliento generalizado. El ejercicio del discernimiento pastoral ha de involucrar todos los niveles: regiones, diócesis, decanatos o arciprestazgos, parroquias, barrios, sectores y tribus urbanas. Así como una planificación y acción pastoral más cercana y capilar, en ocasión de los encuentros propios de la vida cotidiana en las urbes. La conversión pide también una mayor y más visible presencia pública de la Iglesia en la vida de la ciudad (cf. DA 517k). Hay que "ir" hacia lo urbano tanto en sus centros como en sus periferias existenciales (cf. DA 517j), con una presencia y una participación, efectivamente, activa. 

     Sin descuidar las instancias puntuales como: los sínodos, asambleas, encuentros, foros, y congresos, las propuestas más concretas se concentran en cuatro áreas de la investigación y la formación teológico-pastoral de carácter permanente

a. Que el ITEPAL inicie una Sección específica dedicada al estudio y la promoción de la Pastoral Urbana, donde se pueda recoger y sistematizar todo lo trabajado desde el Concilio Vaticano II, profundizar la reflexión teológica e interdisciplinaria, y ofrecer un original servicio que ilumine y oriente la misión evangelizadora de la Iglesia en América Latina y el Caribe, en razón que el 80% de su población actual habita en ciudades. b. Que las Conferencias Episcopales, nacionales o por regiones, formen Equipos de Reflexión sobre este tema. En cada país la sede de ese equipo puede ser una diócesis o una arquidiócesis situada en una gran urbe o en una megalópolis. c. Que las Universidades Católicas, a través de Facultades, Institutos, Departamentos, Cátedras o Proyectos de diverso tipo, colaboren en la sensibilización, la investigación, la reflexión y la formación acerca de la cultura urbana, la evangelización y la acción pastoral en la ciudad. d. Que las Conferencias Episcopales promuevan y protejan la religiosidad popular, patrimonio de todos los sectores sociales, "precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina" (Benedicto XVI).

     Todos estos trabajos han de llegar, de modo eficaz y adecuado, para impregnar las diversas instancias posteriores de formación: catequesis, misión, liturgia, espiritualidad, vocación laical, etc. 

      El Espíritu alienta la misión y sólo Él hace posible la conversión de todo aquél que se abre a su acción. Con la confianza que con nuestro trabajo podamos oír su voz y seguir sus huellas, renovamos nuestro compromiso ciudadano como miembros del pueblo de Dios peregrino hacia la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén. Esperamos esa plenitud que "ya está realizándose en Jesucristo" (DA 515) y la anticipamos en el caminar misionero para que nuestros pueblos "puedan encontrar en Cristo la plenitud de vida" (DA 518).