Cumbre en el Vaticano despeja malentendidos sobre la «conciencia»

Asamblea General de la Academia Pontificia Para la Vida

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 1 marzo 2007 (ZENIT.org).- ¿Qué es la conciencia? A esta pregunta ha respondido la Asamblea General de la Academia Pontificia Para la Vida (PAV).



La cumbre de teólogos, filósofos, juristas, científicos y bioéticos se celebró del 23 al 24 de febrero en Roma sobre el tema «La conciencia cristiana en apoyo del derecho a la vida».

Uno de sus participantes, el profesor Carlo Valerio Bellieni, neonatólogo profesor de Terapia Neonatal en la Escuela de Especialización en Pediatría de la Universidad de Siena, ha informado a Zenit sobre algunos de los argumentos tratados.

Según el profesor, en la Asamblea «surgieron muchas indicaciones valiosísimas sobre el derecho-deber de ejercer la objeción de conciencia frente a leyes que atentan contra la el carácter sagrado de la vida: se explicó que en varias partes del mundo este derecho se pone en duda».

El profesor Bellieni sostiene que «la primera aportación que ha hecho el congreso ha sido subrayar qué es en realidad la conciencia. En efecto, es muy simplista pensar que pueda ser identificada con un ‘sentir’ inmediato, que en cambio tantas veces es fruto o de un estado de ánimo concreto, o de una presión de los medios de comunicación».

La conciencia, en cambio, no está ligada al instinto sino a la razón, como subraya el Santo Padre en el saludo a los participantes en el congreso: «es un juicio de la razón mediante el cual la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que está por realizar, está realizando o ha realizado».

«De esta definición emerge que la conciencia moral, para ser capaz de guiar rectamente la conducta humana, debe sobre todo basarse en el sólido fundamento de la verdad, debe ser iluminada para reconocer el verdadero valor de las acciones y la consistencia de los criterios de valoración, de manera que sepa distinguir el bien del mal, incluso allí donde el ambiente social, el pluralismo cultural y los intereses superpuestos no ayuden a ello», decía el Papa.

Para el profesor Bellieni, «la Iglesia, por tanto, es el lugar donde la capacidad de escuchar la conciencia en modo no adulterado es favorecida, según lo expresado por el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, y en la que se aprende a captar su lenguaje».

En este sentido, el cardenal Barragán citó al entonces cardenal Joseph Ratzinger, según el cual «el concepto moderno de conciencia es la canonización del subjetivismo relativista, sobre la cual no puede haber ninguna instancia superior. Es imposible que haya normas morales y religiosas comunes. Mientras para Pablo y la tradición cristiana la conciencia es la garantía de la unidad del hombre y la cognoscibilidad de Dios y la obligación común al mismo y único bien».

El profesor Bellieni ha explicado a Zenit que de este modo el entonces cardenal Ratzinger «ponía en guardia contra una errada idea de ‘conciencia’ que lleva a pensar que cada uno la pueda interpretar a su manera y que no haya una ley común y compartida, una gramática moral, como la llamó hace pocos días el Papa».

En el saludo a los participantes, Benedicto XVI constató: «Hace falta reeducar en el deseo del conocimiento de la verdad auténtica, en la defensa de la propia libertad de elección, frente a los comportamientos de masa y las lisonjas de la propaganda, para alimentar la pasión de la belleza moral y de la claridad de la conciencia. Esta es una tarea delicada de los padres y de los educadores que los acompañan; y es tarea de la comunidad cristiana respecto a sus fieles».

En opinión del profesor Bellieni, por tanto, de la Asamblea de la Academia Pontificia ha salido «un doble mensaje en favor de la libertad del hombre».

El primer mensaje es «la libertad para disentir de la mentalidad dominante y de prácticas consideradas ilícitas, que parece estar puesta a dura prueba en la sociedad de la tolerancia».

Respecto a la tolerancia, monseñor Jean Laffitte, vicepresidente de la PAV, habló de la paradoja según la cual «una sociedad ideológicamente tolerante, en el sentido contemporáneo del término, no está dispuesta a soportar, no puede tolerar la objeción de conciencia, porque ésta en ciertos sentido se escapa a su control: en efecto no tolera la idea de que haya una verdad que buscar, que tal verdad pueda tener un carácter universal».

El segundo mensaje, «es la certeza de que sin el uso de la razón no existe conciencia», subrayó el profesor, citando al padre Brian V. Johnstone, el cual aclaró que «la conciencia es un juicio de la razón».

«Esto implica una educación continua en la escucha y la ‘lectura’ de la conciencia, que no encuentra en la Iglesia un obstáculo, sino la cumbre de la ‘didáctica’ en la interpretación de este lenguaje», añadió el profesor Bellieni.

Sobre el mismo tema, monseñor Anthony Fisher, obispo auxiliar de Sydney, precisó que «la conciencia debería ser un antídoto en lugar de una excusa para el subjetivismo y el relativismo. Pero la conciencia deber estar tanto bien-informada como bien-formada».

En conclusión, el profesor Bellieni afirmó que «ésta puede ser una advertencia a quien cree poder legislar u obrar contra la vida y la dignidad de la persona, con la justificación de hacerlo “según conciencia”».

En realidad, esta expresión, «demasiado a menudo quiere decir hacerlo según la propia personal interpretación o humor, y sin dar justificaciones a nadie».