De la memoria del nazismo una lección para la humanidad

El portavoz vaticano explica el objetivo del viaje de Benedicto XVI a su patria

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BERLÍN, viernes, 23 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- El viaje de Benedicto XVI a su tierra natal está sirviendo para no olvidar las lecciones de la catástrofe provocada por el nazismo, considera el portavoz vaticano.

De hecho, como reconoce el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, “no es posible pasar por Berlín sin experimentar el peso de la página más oscura de la historia de Alemania y Europa en el siglo pasado: los años del nazismo y de su locura de poder y homicidio”.

“Memoria fuertemente presente en las palabras del Papa alemán entre su pueblo”, reconoce Lombardi, como cuando citó a san Agustín, uno de los autores preferidos de Joseph Ratzinger, para denunciar la “banda de malhechores” a la que se reduce un Estado sin derecho ni justicia.

Otro momento importante de la visita tuvo lugar el jueves al recibir a una delegación judía, testigo y víctima del criminal proyecto del Holocausto. 

Pero en la noche del nazismo también brilló “la luz intensa” de hombres y mujeres que dieron su vida por los demás y que hoy son faro de inspiración para el futuro, asegura el portavoz.

Algunos de ellos fueron recordados por el presidente federal de Alemania Christian Wulff, quien en su discurso al Papa citó en particular a Bernhard Lichtenberg (1875-1943), el párroco de la catedral católica de Berlín; Dietrich Bonhoeffer (1906–1945), el gran teólogo protestante; Edith Stein (1891-1942), la hija de Israel, religiosa católica, asesinada en Auschwitz.

“El ecumenismo de los mártires es el testimonio del que cada quien puede sacar el entusiasmo y la profundidad --aclara el padre Lombardi--. Testimoniar a Dios y a Jesucristo, pagando el precio de la propia vida: ¿qué fundamento más sólido y vivo para retomar o continuar el camino de una unión que no sólo quede atrás sino que también nos guíe en el futuro?”.