Declaración de la Santa Sede en la ONU sobre el comercio de armas

“El tráfico ilícito de armas y municiones ha provocado sufrimientos humanos”

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NUEVA YORK, martes 26 de julio de 2011 (ZENIT.org).- A continuación ofrecemos la declaración de la delegación de la Santa Sede en el Tercer Comité Preparatorio de las Naciones Unidas en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Tratado del Comercio de Armas, que tuvo lugar del 11 al 15 de julio en Nueva York.

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1. En 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas solicitó a los países a presentar sus puntos de vista para la elaboración del Tratado del comercio de armas. Más de 100 países presentaron sus opiniones, que fueron recogidas en el informe de 2007 por el Secretario General en este asunto. Sucesivamente, en 2008, un Grupo de Expertos Gubernamentales realizó un segundo informe en este asunto.

A finales de 2009 la Asamblea General decidió convocar una Conferencia sobre el Tratado Comercio de Armas (TCA) para 2012 “para elaborar un instrumento jurídicamente vinculante sobre los estándares más comunes para la transferencia de armas convencionales”. La Asamblea General también indicó que cuatro sesiones de grupos de trabajo se mantendrán como sesiones del Comité Preparatorio (PrepCom) domo preparación para la Conferencia. La primera PrepCom tuvo lugar en julio de 2010. En 2011, dos PrepComs más se realizaron: del 28 de febrero al 4 de marzo y el 11 al 15 de julio. Una cuarta PrepCom está programada para el 13 al 17 de febrero de 2012, antes de la adopción esperada del Tratado por la Conferencia.

2. En muchas partes del mundo, el comercio ilícito de armas y de munición ha provocado sufrimiento humano, conflictos internos, disturbios civiles, violaciones de los derechos humanos, crisis humanitarias, crimen, violencia y terror. De hecho, la comunidad internacional se enfrenta a tratados irresponsables de armas en varios lugares del mundo. A pesar de que existe una serie ecléctica de medidas nacionales y regionales de control sobre la transferencia de armas, el comercio de armas convencionales -desde buques de guerra y tanques hasta aviones de combate y ametralladoras- permanece sin regular en ausencia de unos estándares acordados internacionalmente. Por lo tanto la Santa Sede ha participado en negociaciones sobre el Tratado desde su mismo principio.

3. La Santa Sede reconoce la gran importancia del actual proceso TCA, ya que aborda en particular el gran coste humano que resulta del comercio ilícito de armas. El comercio no regulado y no transparente y la ausencia de de sistemas de monitorización efectivos del comercio de armas a nivel internacional ha tenido serias consecuencias humanitarias, ha frenado el desarrollo humano integral, a socavado el Estado de Derecho, hace aumentar los conflictos y la inestabilidad en todo el mundo, pone en peligro los procesos de paz en los distintos países y generan una cultura de la violencia y de la impunidad. En este punto hay que tener en cuenta las graves repercusiones del tráfico ilícito de armas en la paz, el desarrollo, los derechos humanos y las situaciones humanitarias, especialmente el profundo impacto que deja en las mujeres y los niños. Estos asuntos pueden ser resueltos eficientemente sólo a través del compartir las responsabilidades por parte de todos los miembros de la comunidad internacional.

4. Las armas convencionales o las armas pequeñas o ligeras, no deberían ser considerados un tipo de mercancía cualquiera que se pone a la venta en mercados internacionales, nacionales o regionales. Su producción, comercio y posesión tienen implicaciones éticas y sociales. Necesitan ser regulados de acuerdo a principios específicos del orden y ley morales. Se requieren todo tipo de esfuerzos para prevenir la proliferación de todo tipo de armas que alientan las guerras locales y la violencia urbana y matan a muchas personas al mundo cada día. De aquí la urgencia de la adopción de un instrumento legal, que la Santa Sede apoya plenamente, con medidas legales vinculantes sobre el control del comercio de armas y municiones convencionales a nivel internacional, nacional y regional.

5. La comunidad internacional necesita un instrumento legal fuerte, creíble,efectivo y preciso para mejorar la transparencia en el comercio de armas, promover la adopción de un criterio común sobre el control del comercio de armas y establecer un marco legal vinculante para la regulación del comercio de armas y municiones convencionales, así como las licencias y el comercio de las tecnologías destinadas a su producción.

6. El resultado del actual proceso TCA pondrá a prueba la voluntad política y la credibilidad de los Estados en la asunción de su responsabilidad moral y legal para fortalecer aún más el régimen internacional en el comercio no regulado existente del comercio de armas. Centrándose en la gravedad de la situación de los afectados y de los que sufren a causa del flagelo de la difusión ilícita de armas y de municiones debería desafiar a la comunidad internacional para conseguir un Tratado sobre el Comercio de Armas efectivo y aplicable. Los estados que exportan e importan deberían poner en vigor normas reglamentarias obligatorias, transparentes, verificables y universales y mecanismos para frenar el comercio de armas ilegal, mediante la aplicación efectiva de sistemas de mantenimiento de registros y presentación de informes a través de una asistencia internacional eficiente y de la cooperación internacional y del mejoramiento de las relaciones basadas en la confianza entre los Estados. Los Estados que exportan e importan tiene también el importante papel a desempeñar en la exclusión de la corrupción potencial y de la vigilancia del cumplimiento de las normas internacionales de comercio por parte de las industrias armamentísticas y de los traficantes.

7. Para conseguir un TCA fuerte, efectivo y completo, la comunidad internacional no debería dejar de lado la importancia de la asistencia a las víctimas y la compensación. El principal objetivo de un TCA debería ser salvaguardar la vida humana y construir un mundo más respetuoso son la dignidad humana, no sólo regular el comercio ilícito de armas. Un TCA debería desafiar el enfoque de “negocio habitual” que provoca las continuas violaciones de la inmunidad civil en situaciones de conflicto. Usando los medios responsablemente se promueve una verdadera cultura de paz y de vida. En este sentido, también es importante promover una educación en la paz y programas de sensibilización que impliquen a todos los sectores de nuestra sociedad, incluyendo a las organizaciones religiosas.

8. La Santa Sede está convencida de que un Tratado de Comercio de Armas puede hacer una contribución importante en la promoción de una verdadera cultura global de paz a través de la cooperación responsable de los estados, en colaboración y solidaridad con la industria armamentística y en solidaridad con la sociedad civil. Desde esta perspectiva, los esfuerzos actuales para llegar a un Tratado de Comercio de Armas podrían, sin duda, convertirse en una señal prometedora de la muy necesaria voluntad política por parte de las naciones y de los gobiernos para asegurar una mayor paz, justicia, estabilidad y prosperidad en el mundo.

9. Como declaró el Papa Benedicto XVI: “El momento de cambiar el curso de la historia ha llegado, de recuperar la confianza, de cultivar el diálogo, de alimentar la solidaridad. Estos son los nobles objetivos que inspiraron a los fundadores de la Organización de Naciones Unidas, una experiencia real de amistad entre los pueblos. El futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno. Sólo siguiendo un humanismo integral y solidario, en cuyo contexto el asunto del desarme toma una naturaleza ética y espiritual, la humanidad será capaz de caminar hacia el deseo auténtico de una paz duradera” (Seminario Internacional sobre el “Desarme, Desarrollo y Paz, Perspectivas de un desarme integral” 10 de abril de 2008).

[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]