Declaración de los diáconos invitados por el Papa a participar en Aparecida

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APARECIDA, martes, 29 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la declaración de los diáconos invitados por el Papa a participar en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.



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En nombre de nuestros hermanos diáconos, agradezco la invitación del Santo Padre para participar en esta V Conferencia, ha sido una hermosa gracia, en lo personal y para el diaconado, que fue aceptada por todos con alegría, responsabilidad y humildad.

Queremos entregar lo mejor de cada uno de nosotros a nuestra amada Iglesia en el servicio en comunión con nuestros Pastores.

En nuestra ordenación, el Obispo, al entregarnos el Evangeliario nos dijo: “Recibe el Evangelio de Cristo del cual has sido constituido mensajero”, en ese momento recibimos el mandato específico de ejercer el ministerio profético, que tal vez no ha sido valorado en toda su dimensión, ni siquiera por nosotros mismos. Se trata de un verdadero tesoro que el Señor nos regala en nuestra triple ministerialidad: “ la Palabra , la Liturgia y la Caridad ” (CVII).

Anunciar la Palabra de Dios a todos los hombres es un mandato que Cristo por su Iglesia nos grabó en el corazón en el día de nuestra ordenación. Queremos poner este don al servicio de nuestros hermanos y exclamar como san Pablo “ay de mí si no predicara el Evangelio (1 Cor 9,16).

Los diáconos queremos ser testigos de la esperanza y saber dar razones de ella en un mundo desorientado.

También queremos celebrar nuestra fe junto al altar haciendo de nuestras vidas un signo vivo de lo que celebramos.

Queremos identificarnos “por Jesús, con Jesús y en Jesús” como servidores humildes, mostrando la bondad de Dios, nuestro Padre. La actitud de Jesús, que nos relatan los Evangelios, es la de un servicio a los más pobres, excluidos y desvalidos. En esta V Conferencia hemos escuchado reiteradamente confirmar la continuidad de la opción preferencial por los pobres. La enseñanza de Jesús marca indeleblemente nuestra vida y la relación con nuestros hermanos ya que “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir (Mt 20, 28), esperando llegar a decir como san Pablo “Ya no soy yo el que vive, sino Cristo que vive en mi” (Gal 2, 20).

Esto nos lleva a ser servidores de la comunidad y superar cualquier actitud que genere privilegios o que nos aleje del Pueblo de Dios del cual somos parte y al cual servimos. Queremos ser puente de comunión eclesial, junto a nuestros Obispos y en estrecha colaboración con nuestros hermanos Presbíteros, como alegres servidores del reino.

Otro aspecto importante es que, la mayoría de nosotros, primero recibimos el sacramento del matrimonio, posteriormente el sacramento del orden, ambos orientados al servicio. Dios nos ha bendecido doblemente. El ser diaconal nos lleva a servir desde el matrimonio a la familia, primero a la nuestra. Allí, libremente amamos y recibimos amor de la esposa, de los hijos, de los nietos y de las personas que nos rodean a los cuales servimos. Desde el hogar y la Parroquia preparamos toda nuestra acción pastoral y al hogar traemos el cariño y la rica enseñanza de nuestras comunidades.

En relación a la misión, recordemos Santo Domingo que en el punto 76 nos dijo y nos dice hoy: “Para una Nueva Evangelización que por el servicio de la Palabra y la Doctrina Social de la Iglesia , responda a las necesidades de promoción humana y vaya generando una cultura de solidaridad, el Diácono Permanente, por su condición de ministro ordenado e insertado en las complejas situaciones humanas, tiene un amplio campo de servicio en nuestro continente”. Por ello proponemos a nuestros Obispos promover el Diaconado en toda Latinoamérica.

A la Virgen María , Madre de Jesucristo le pedimos en este santuario de Nuestra Señora Aparecida que interceda por todos nosotros, sus hijos, ante el Padre para que conservemos sólida nuestra fe, seamos fortificados en nuestra esperanza, nuestra caridad se incremente día a día; y envíe su Espíritu a todos nuestros hermanos.

Diácono Víctor Alejandro Bonelli (Argentina)
Diácono Luiz Cezar Bahia (Brasil)
Diácono Alberto Ferrando Fuentes (Chile)
Diácono Jorge Wise de la Garza (México)