Declaración del observador permanente de la Santa Sede en la ONU

Segundo Comité Preparatorio para la Conferencia ONU sobre Desarrollo Sostenible

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NUEVA YORK, jueves 10 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- A continuación ofrecemos la declaración de monseñor Francis Chullikatt, Observador Permanente de la Santa Sede, leída en representación suya por Charles Clark, profesor de economía en la Universidad St. John, durante el Segundo Comité Preparatorio para la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible.

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Señor Presidente,

En primer lugar mi delegación quiere expresar su gratitud por la invitación realizada a la Santa Sede para participar en este Comité Preparatorio, como hizo hace exactamente 20 años, durante el cuarto Comité celebrado en marzo de 1992 antes de la Conferencia de Río donde acordamos que los seres humanos están en el centro de nuestra preocupación.

La promoción de un desarrollo sostenible es uno de los mayores retos que la humanidad afronta actualmente. Como el foro más importante de diálogo sobre cuestiones globales, las Naciones Unidas como “Familia de Naciones”, desempeñará necesariamente un papel clave en la promoción de la cooperación internacional hacia este objetivo. Estas reuniones preparatorias ofrecen a los Gobiernos y sociedades civiles una oportunidad provechosa de debatir sobre la mejor manera en la que la comunidad internacional puede alcanzar el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza. Mi delegación espera que esta segunda ronda de reuniones preparatorias para la Conferencia Río +20 sobre el Desarrollo Sostenible, tenga éxito, confía en que todas las preocupaciones sean escuchadas y atendidas en el respeto mutuo y espíritu de buena voluntad, y propone su pequeña contribución con este mismo espíritu. Sobre todo, tenemos que admitir que los seres humanos deben permanecer en el centro de nuestra atención y ser la base de nuestras acciones para el desarrollo sostenible.



Aunque muchos han sugerido que este comité debería centrarse exclusivamente en “estrategias” y “mejores prácticas” y rechazar “debates teóricos”, desde el punto de vista de mi delegación sería provechoso reafirmar los principios que son necesarios para dirigir el desarrollo de estrategias y políticas no sea que nuestros esfuerzos acaben creando políticas que puedan ser perjudiciales. Esto se da cuando consideramos conceptos como la propuesta del tema de la “economía verde” como recomienda el informe del Comité. Para la consecución del objetivo de “La economía verde en el contexto de un desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” (GESDPE), mi delegación confía en que no nos olvidemos que el propósito del desarrollo es el desarrollo humano integral y que todas nuestras estrategias y prácticas deberían ser juzgadas en base a esta norma -que los seres humanos son y deben seguir siendo nuestra principal preocupación.

Muchos años ante de la Cumbre de la Tierra, la Santa Sede pidió una nueva perspectiva del desarrollo que promoviese “un desarrollo humano auténtico” de todas las personas y de persona en su totalidad. Esta visión del desarrollo no está en oposición con el crecimiento económico y el progreso; en vez de esto, es un reconocimiento de que el crecimiento económico, si es conducido por los mercados o los Estados, no necesariamente promoverá un tipo de desarrollo digno de los seres humanos. Promover el desarrollo económico no debería ser a expensas de los pobres y marginados o de las generaciones futuras, que se define a menudo como “compromiso intergeneracional y justicia”. El bienestar de todos, especialmente de aquellos que viven en la penuria del hambre y los que están excluidos de la contribución y beneficio de la vida económica, social y política de sus comunidades, requiere que ambos, mercados y políticas de gobierno, sean dirigidas hacia el mayor objetivo del desarrollo integral humano, basado en el principio de la dignidad humana fundamental de cada persona. Con ellos, está nuestra solemne obligación de permanecer en solidaridad. Debemos trabajar juntos para asegurar que esto se incorpore al objetivo del desarrollo sostenible y al concepto de “economía verde”.

Muchas de las estrategias de desarrollo y políticas que han fracasado en la promoción del desarrollo humano integral en el pasado, lo han hecho porque los seres humanos han sido reducidos a una sombra de su humanidad. Por un lado se nos dice que el egoísmo y la codicia son los únicos controladores de la conducta humana, y que los “mercados libres” son lo que se necesita para convertir el “vicio privado en virtud pública”. Por otro lado se nos dice que la naturaleza humana es lo que la sociedad produce, dándonos una estrategia de desarrollo que se centra en estructuras e instituciones, con la esperanza de que las instituciones de derecho sean suficientes para promover el desarrollo. Cada opinión posee una parte de la verdad: los seres humanos a menudo se dejan llevar por el propio interés y las instituciones sociales forman en gran medida los comportamientos humanos y acciones, mercados y políticas de gobierno, ambos con el potencial de promover el bien común. Pero la humanidad no puede ser reducida a los egoísmos individuales o construcciones sociales. Un total entendimiento de lo que significa el ser humano también debe incluir la solidaridad básica que es una parte necesaria de nuestra humanidad, que concuerda con la dignidad fundamental de cada persona y que pide justicia. Así como necesitamos mejorar el funcionamiento de los mercados y la efectividad de las políticas de gobierno, debemos trabajar también en promover la solidaridad y la justicia social.

El desarrollo real no será y no puede ser producido sólo por cambios en estructuras o incentivos de mercado. De igual importancia es el cambio necesario en nuestros corazones y mentes así como en nuestras acciones posteriores. Benedicto XVI escribió: “el desarrollo humano integral es en primer lugar una vocación (Caritas in veritate, 11), para que el desarrollo sea significativo y sostenible tiene que haber un desarrollo humano, el desarrollo de cada ser humano en la totalidad de su humanidad, dirigido hacia el bien común. Si nuestro punto de vista de la Economía Verde en el contexto del Desarrollo Sostenible y la Erradicación de la Pobreza (GESDPE) se basa en cualquiera de los estrechos puntos de vista de personalidad, entonces las estrategias desarrolladas se centrarán sólo en “cambios estructurales y tecnológicos en las instituciones” y acabarán en el fracaso en la promoción del desarrollo humano auténtico. Los cambios estructurales y tecnológicos solo promoverán un desarrollo real si se usan para ayudar a la gente a ser más humanos. Cuando no promueven el desarrollo humano se arriesgan a convertirse en herramientas de control social y de exclusión.

La economía necesita una formación moral objetiva para poder funcionar correctamente -no de una ética cualquiera, sino de una formación moral que se base en las personas (CV45). Una economía basada en una ética centrada en las personas y una moralidad será necesaria para promover los objetivos del GESDPE, para que también se promuevan el cuidado de los seres humanos y el cuidado de la creación. Este enfoque debe reconocer que la economía empieza con varios regalos vitales: primero el don de la creación para todos los seres humanos y en segundo lugar el reparto de este don entre los seres humanos. Una economía no basada en una ética que tenga como centro las personas y la moralidad indudablemente instrumentalizará las riquezas de la tierra en beneficio de los ricos y poderosos. A su vez los indicadores sociales y medioambientales, que pueden ser importantes herramientas que ayuden a promover un auténtico desarrollo humano, en el momento de realizar estadísticas y falsos objetivos dan la apariencia de progreso pero no reflejan la realidad del verdadero progreso.

O peor, se pueden convertir en excusas por las que se sacrifiquen derechos humanos y se agreda la dignidad humana, todo desde una visión distorsionada del bien común. Si los humanos en su entera humanidad no son considerados como el objetivo definitivo del desarrollo como se acordó en Río hace 20 años, entonces nos tememos que los seres humanos serán para muchos como el primer obstáculo para el desarrollo y estamos seguros de que estos seres humanos serán: los pobres, los marginados, los que causan molestias, aquellos que no han nacido todavía y los que debido a su edad, discapacidad o enfermedad no sean capaces de defenderse a sí mismos.
Mi delegación confía en que el trabajo de este Comité establecerá el escenario para un nuevo compromiso en el desarrollo sostenible en Río +20. Puede ser una coincidencia que esta conferencia coincida con el 45 aniversario de la histórica encíclica del Papa Pablo VI “Populorum Progessio” (Desarrollo de los pueblos), considerada la carta magna del desarrollo. Esperamos que sea una llamada de atención a la gente de buena voluntad a un desarrollo humano integral que servirá de base para la paz, fundada en la justicia social y animada por la solidaridad.
Gracias, señor Presidente.

[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]