Declaración luterano-católica: un balance a un año de su publicación

Hablan el obispo luterano Krause, monseñor Kasper y el padre Giordano

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ROMA, 2 nov (ZENIT.org).- Hace un año, el 31 de octubre, caía uno de los motivos principales de la división entre católicos y luteranos: la comprensión del misterio de la salvación, punto central de la fe cristiana.



En Ausburgo, Alemania, tenía lugar solemnemente la firma de la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación. Decaían las condenas recíprocas del pasado en esta materia y, a nivel existencial, se derrumbaban prejuicios seculares. Desde entonces se han multiplicado los encuentros de oración entre católicos y protestantes, en Alemania y en muchos otros países.

El acuerdo alcanzado en Ausburgo, tras 30 años de estudio, oración y empeño de muchos cristianos de las dos confesiones, ha tenido repercusiones incluso a nivel político. Lo comenta el obispo luterano Christien Krause, presidente de la Federación Luterana Mundial, en declaraciones a «Radio Vaticano»: «No me lo esperaba. En Europa ha habido un gran aprecio de este consenso alcanzado por las dos Iglesias que ha derrumbado prejuicios seculares y este hecho tiene importantes repercusiones en el proceso de integración europea».

Por su parte, el padre Aldo Giordano, secretario general del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE) explica que ahora los cristianos tienen nueva responsabilidad ante Europa, como se vio de manera evidente en el primer encuentro que tuvieron obispos del Viejo Continente con miembros del Parlamento y la Comisión Europea (Cf. «Europa ha perdido la posibilidad de dar fundamento ético a su unidad»).

«Ahora sentimos que juntos debemos contribuir a dar un alma ética y responder a la búsqueda de sentido a la existencia que se da en Europa --explica el sacerdote a la emisora vaticana--. En el encuentro con los responsables de las instituciones europeas nos dijeron que esta es tarea nuestra, es la tarea de las confesiones cristianas. Es claro que sólo juntas las Iglesias pueden dar este sentido».

¿Cuál es el punto esencial del acuerdo logrado hace un año? El obispo Walter Kasper, secretario del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, que durante años ha trabajado en la Comisión Teológica Internacional católico-luterana, responde: «La firma conjunta ha sido un acontecimiento muy importante porque hemos encontrado un punto de acuerdo sobre el meollo del Evangelio. ¿Qué significa Jesucristo para mí, personalmente? Esta era la pregunta de Lutero y esta es también la pregunta de hoy».

El nuevo paso que espera a católicos y luteranos a nivel teológico es ahora la profundización de la diversa visión de la Iglesia, continúa explican el arzobispo ante los micrófonos de «Radio Vaticano»: «tenemos mucho en común pero la Iglesia católica es una Iglesia sacramental y jerárquica, mientras que las Iglesias o comunidades protestantes están centradas en la Palabra de Dios. Pero podemos aprender de ellos porque también nosotros desde el Concilio hemos comprendido la importancia de la Biblia, de la Palabra de Dios. Por otra parte, también los protestantes comprenden ahora la importancia de la liturgia, de los símbolos, de los sacramentos, etc. Hay un mutuo intercambio entre protestantes y católicos, pero hay todavía problemas, como por ejemplo, sobre el ministerio de los obispos y sobre el ministerio del Papa».

Esta diferente visión de la Iglesia había sido puesta de relieve por el reciente documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, «Dominus Iesus», que ha suscitado muchas reacciones en ambientes luteranos. Ahora bien, estas dificultades constituyen un estímulo.

«La realidad ecuménica --explica el padre Aldo Giordano-- vive un momento delicado. Los obispos europeos son conscientes. Esto no significa que no se percibe la exigencia de un salto evolutivo en el ecumenismo. Hoy se siente particularmente la exigencia de redefinir las identidades de las comunidades cristianas. Esto puede crear, quizá, una pausa en el diálogo, pero podría también obligarnos, verdaderamente, a dar un nuevo paso adelante hacia un diálogo que se hace más maduro, pues es capaz de mirar cara a cara las identidades y, por tanto, también las diversidades».

«Para el futuro --concluye monseñor Kasper-- no soy pesimista. Tengo esperanza y mi esperanza está fundada en la convicción de que el camino ecuménico es una obra del Espíritu Santo. ¿Y quién puede frenar al Espíritu Santo?»