Del campo nazi de Dachau a la aldea de los leprosos en India

Proponen al misionero verbita polaco Zelazek para el Nobel de la Paz

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ROMA, 19 febrero 2002 (ZENIT.org).- En el Palacio de Congresos de Varsovia fue anunciada el pasado 30 de enero la candidatura al premio Nobel de la Paz del misionero polaco Marian Zelazek.



La propuesta, presentada por un grupo de laicos, fue apoyada por muchos políticos, tanto de India como de Europa, científicos y gente de cultura, entre ellos dos premios Nobel polacos, Czeslaw Milosz y Wieslawa Szymborska.

El padre Marian ha recibido con sorpresa la noticia de su candidatura, que en la intención de los promotores sería un reconocimiento al trabajo de todos los misioneros dedicados a la lucha contra la lepra y al diálogo entre religiones y culturas.

El padre Marian Zelazek, misionero del Verbo Divino, nació el 30 de enero de 1918. Su decisión de hacerse sacerdote cristalizó durante su educación escolar y en el seminario poco antes de la II Guerra Mundial.

Estuvo cinco años en el campo de concentración nazi de Dachau. Sobrevivió a pesar del trato brutal gracias a su determinación de ser sacerdote. Una experiencia que no le amargó sino que le hizo profundizar en su fe, en la dignidad de cada ser humano, y desear hacer un mundo bueno siendo él bueno. Cuando terminó la guerra, completó su educación en Roma y, tras su ordenación sacerdotal en 1948, se fue como misionero a India.

Durante los primeros 25 años de su estancia en India, se dedicó a la educación de los aborígenes adivasi. Desde 1975 hasta hoy, ha trabajado en Orissa, en la ciudad de Puri, que es uno de los lugares santos de los hindúes. En la periferia de esa localidad, organizó una colonia de leprosos que constituye el trabajo de su vida, lleno de amor por los últimos.

La colonia crece incesantemente y actualmente tiene 600 habitantes permanentes en su mayoría pacientes en tratamiento. Este centro de acogida les ofrece casa, comida y ropa y acoge también a sus familiares. Los que quieren pueden trabajar.

Los niños reciben un cuidado especial. Junto a la colonia, hay una escuela para los hijos de los leprosos. Entre los profesores, hay leprosos que se han curado. La escuela tiene sus propios dormitorios y campos de juego porque el padre Zelazek piensa que los niños no deben vivir entre gente enferma y no deben sentirse inferiores a los demás niños.

El padre Zelazek busca en todo el mundo padres adoptivos a distancia para financiar la educación de estos niños.

La colonia tiene su propio hospital y una clínica dental así como una fábrica textil, una sastrería y una tienda de ropa. Mantiene su propia huerta y una granja de pollos que producen lo necesario para mantener a los miembros de la colonia y un plus para vender en el mercado.

Pero el padre Zelazek no trabaja sólo en la colonia. Ha organizado a los habitantes de la aldea cercana para construir un dique y proteger sus casas y campos de las inundaciones.

En su labor, el padre Zelazek se ha abstenido escrupulosamente del proselitismo prefiriendo mejor ser un testigo viviente de los valores del Evangelio. Ha construido un iglesia en medio de la ciudad, que le ha atraído sin embargo las críticas de los fundamentalistas de «proselitismo». Junto a la iglesia ha construido una librería y un centro de diálogo interreligioso.