Derechos humanos en peligro a causa de su politización

La Academia de Ciencias Sociales debate la moralidad y la avaricia

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ROMA, domingo 17 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- Los derechos humanos se están politizando tanto en el mundo de hoy que el concepto está perdiendo credibilidad y está en peligro de derrumbarse. Ésta es la dura advertencia dada la pasada semana en la reunión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales reunida en Villa Pia, sede de la academia en los Jardines Vaticanos.

En una oportuna presentación, Janne Haaland-Matlary, profesora de política internacional en la Universidad de Oslo, explicaba que, debido a una falta de acuerdo en la sociedad sobre lo que constituye la naturaleza humana y cómo se define, los derechos humanos se están volviendo cada vez más vulnerables a la explotación política.

Este proceso de manipulación no es, por supuesto, nuevo; comenzó a acelerarse en los noventa cuando grupos de presión, organizaciones no gubernamentales y gobiernos, utilizando caminos bien trillados en los organismos supranacionales y nacionales, buscaron cambiar la opinión pública sobre temas como el aborto, y ahora, cada vez más, el matrimonio y la familia.

Pero Matlary, que en su momento fue ministra de asuntos exteriores de Noruega, mantiene que a dicha politización de los derechos humanos por gobiernos no democráticos - que quieren subirse al vagón de los derechos humanos para darse legitimidad, o ganar puntos políticos - también se está sumando su grave erosión.

Hablando conmigo tras su presentación, Matlary afirmó que cuanto más se esfuerzan estos gobiernos en inflados ejercicios retóricos sobre el tema, "tanto más pierden los derechos humanos su valor para quienes verdaderamente están preocupados". Y añadía que, si los derechos humanos continúan por este camino, el concepto "quebrará porque ya no tendrán valor simbólico".

Daba como ejemplo la reciente conferencia en Durban sobre racismo, en la que Irán utilizó el foro para promover su propio punto de vista de los derechos humanos (los delegados que seguían al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad criticaron a Israel por racista, y pidieron que se castigara la blasfemia). El incidente sacó a la luz lo intensamente politizados que se han vuelto los derechos humanos.

"Hoy todos los gobierno, quitando a Myanmar y a Corea del Norte, hablan de derechos humanos, y esto hace que sea imperativo definir los derechos humanos de la manera más objetiva posible", afirmaba, recordando que los derechos humanos "surgen y derivan de la dignidad humana" y no son "dados, quitados o cambiados por los estados".

"Los derechos humanos fundamentales son un conjunto - universal, indivisible, e interdependiente", explicaba. "Tienen como premisas la libertad y responsabilidad individuales, la división entre política y religión, y la diferencia entre la esfera pública y la privada - es decir, presupones una visión específica de la persona humana".

Añadió que la tradición de la ley natural, como se ha desarrollado en el pensamiento y la filosofía occidentales y la Iglesia católica ha preservado, "puede ayudar a definir a la persona humana y el significado de los derechos humanos".

Pero apelar al derecho natural es difícil debido al carácter relativista y neutral ante los valores de las democracias modernas. Se ve además obstaculizado por los medios que tienden a crear un círculo de consenso ante las posturas de relativismo, dejando a quienes adoptan una línea de principios fuera de dicho círculo y vilipendiando sus creencias.

Matlary hizo además hincapié en que, en la sociedad internacional de hoy, que carece de una autoridad moral que la guíe y en la que el nominalismo derriba cualquier concepto sobre los primeros principios filosóficos, la ley y la democracia se han convertido en simples procedimientos, haciendo difícil definir algo como éticamente malo. Haciéndose eco de Benedicto XVI, cree que apelar a la razón más que a la postura de relativismo es una forma de abordar el peligro.

Benedicto XVI explicaba a los miembros de la academia el lunes 4 de mayo, porqué es la razón - "la presencia penetrante de un logos" - la que permite al hombre "distinguir no sólo entre lo verdadero y lo falso, sino también entre el bien y el mal, entre lo mejor y lo peor, entre la justicia y la injusticia".

"Esta capacidad de discernir, esta actuación radical, permite a toda persona descubrir la ley natural", explicaba el Santo Padre. "La ley natural es una guía universal que todos pueden reconocer y sobre esta base todos pueden comprenderse y amarse recíprocamente".

Pero advertía que "si se ignora esta sólida base ética y política, los derechos humanos se debilitan, pues quedan privados de su fundamento".



Una cuestión de ética

También estaba presente en el encuentro, cuyo tema ha asido "La Doctrina Social Católica y los Derechos Humanos", el Premio Nobel de economía 2001, Joseph Stiglitz.

Para el académico norteamericano, que fue miembro del gabinete del presidente Bill Clinton y actualmente forma parte de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, el desafío al que se enfrentan los derechos humanos hoy es donde dibujar las fronteras de su aplicación. Cree que se ha hecho demasiado poco para reforzar las leyes sobre temas importantes como la tortura y demasiado mucho en aquellas áreas que "no están dentro de su objetivo".

En cuanto al tema de la economía de Estados Unidos, Stiglitz, que da clases de economía en la Universidad de Columbia, criticó abiertamente al sector bancario por precipitar la actual recesión. Le planteé si, como Benedicto XVI dijo hace poco en una audiencia general, ha sido la avaricia del sector financiero la culpable de las penurias económicas actuales.

"La avaricia no describe plenamente el indignante comportamiento de nuestros banqueros", afirmó. "Lo que hicieron fue hacer presa en los norteamericanos más pobres - era avaricia sin ninguna conciencia moral". También culpó al sistema financiero que se creó de forma que nadie tuviera que hacer preguntas morales.

"Todos dicen ‘yo sólo hacía mi trabajo', nadie es responsable y nadie tiene que pensar en las consecuencias morales", afirmaba. La cuestión ahora, cree, es cómo ir desde estos "fallos del sistema a la responsabilidad individual".

También mostró su enfado por el hecho de que el gobierno de Estados Unidos hubiera garantizado a los bancos con trillones de dólares sin ningún sentido de la responsabilidad. La decisión, afirmaba el antiguo economista jefe del Banco Mundial, fue un "ultraje moral" y no está, ciertamente, en la línea de la Doctrina Social Católica.

En el encuentro también estaba el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, en Honduras. El cardenal, que se ha convertido en un campeón de los materialmente más pobres de la sociedad, habló de las implicaciones de la globalización desde el punto de vista de ellos.

La globalización no puede reducirse sólo a libre mercado, afirmaba, sino que es necesario "que vaya más allá", si se va a convertir en lo que el Papa Juan Pablo II llamó la "globalización de la solidaridad". Haciéndose eco de los puntos de vista de Stiglitz, cree que la crisis económica no se debe a los mercados sino al "déficit de ética" en el mundo económico.

"El ser humano está siempre sujeto e inclinado al pecado, por lo que necesitamos recuperar la dimensión ética, pero no como si la Iglesia pusiera un sombrero sobre las personas, o una chaqueta a medida", explicaba. "La ética tiene que salir del interior de la persona, de la mejor parte del ser humano, que se hace dos preguntas básicas: ¿Quién soy? ¿Y por qué estoy en este mundo?".

Añadió que esta perspectiva ética se puede formar si cada individuo mira a la economía en un sentido más amplio, en vez del estrecho limitado "a la bolsa o a los mercados".

Mucha materia para pensar que sin duda se incluirá de alguna forma en la próxima encíclica social del Papa "Caritas in Veritate".

Por Edward Pentin