Desafíos de la Vida Religiosa en la Nueva Evangelización

Entrevista a la superiora general de las Religiosas de María Inmaculada (Primera parte)

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Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, Lunes 30 de julio de 2012 (ZENIT.org).- Cada vez son más las congregaciones y órdenes religiosas que vienen respondiendo al llamado del papa a adecuar su trabajo, y su estilo de vida, a los desafíos de una nueva evangelización en la Iglesia. Las reuniones de estudio y las publicaciones se multiplican, así como los lemas y los buenos propósitos.

Entre quienes se vienen preparando para este momento --incluso desde años atrás cuando llamaron a su Capítulo General con el tema de la ‘Nueva Evangelización’--, son las Religiosas de María Inmaculada, conocidas también como las del “Servicio doméstico”, por la importante labor que realizan entre las jóvenes que ejercen los oficios más simples.

Como parte de la serie que venimos ofreciendo a  nuestros lectores, ZENIT tuvo la fortuna de entrevistar a la hermana Daría Fernández Ramos, rmi, a pocas semanas de ser electa superiora general, en un Capítulo que le ha dado como mandato llevar a la familia religiosa fundada por santa Vicenta María en 1876, por renovadas sendas de evangelización.

¿Cómo ha recibido su Congregación el llamado del papa a la Nueva Evangelización?

-Hna. Daría Fernández: Nosotras vimos en este acontecimiento como un ‘kairos’ en la Iglesia. Antes de que el papa convocara al sínodo, ya habíamos elegido como tema central del XXII Capítulo general, la nueva evangelización. Este tema expresaba la inquietud presente en todos lo corazones de las hermanas, sobre cómo poner a las jóvenes con quienes trabajamos, en contacto directo con Jesús, el verdadero evangelio del Padre.

Ustedes que trabajan con jóvenes, ¿cuál debe ser el énfasis de la nueva evangelización?

-Hna. Daría Fernández: Lo que buscamos, como nos enseña nuestra fundadora, es que se encuentren con Jesús, conscientes de que solo El puede transformar a la persona; cuando se  vive una experiencia de encuentro en profundidad con Jesús, cambia la vida; lo vivimos en las jóvenes, tal vez con los mismos deseos de promoción y con grandes expectativas, pero si han vivido esta experiencia, sus vidas tienen un sentido profundo, más pleno.

Hay otras jóvenes que tocan sus puertas para ser religiosas... ¿qué busca la joven de hoy al querer consagrar su vida?

-Hna. Daría Fernández: Los motivos son diversos ya que Dios toca el corazón de cada persona según la propia individualidad. Hay un denominador común, la experiencia de Dios y una gran inquietud por los grandes desafíos sociales. Algunas se sienten llamadas a ser apóstoles entre sus compañeras, como desea Benedicto XVI, les duele saber que hay jóvenes que no encuentran sentido a su vida, y se sienten enviadas a compartir lo que han experimentado, se sienten llamadas y enviadas… La  oración, la Eucaristía y el contacto con la Palabra de Dios son medios importantes a través de los que Jesús sale al encuentro del joven de hoy de distintas maneras, también en los momentos más difíciles y en experiencias de dolor, cuando han pasado por el sin sentido y recomienzan un nuevo camino.

Para estos tiempos, ¿Qué se debería enfatizar en la formación de las novicias?

-Hna. Daría Fernández: Las jóvenes que desean hoy unirse a la congregación en la vida religiosa vienen de distintos contextos y poseen valores muy diversos. Se sienten atraídas principalmente por el trabajo social que las religiosas de Maria Inmaculada realizamos en el mundo, de acogida y promoción de la mujer y sobre todo por el estilo humano, alegre y desinteresado con el que lo llevamos a cabo que les hace pensar que ese ‘ver las cosas y vivirlas de otra manera’ está basado en el evangelio de Jesús y es algo que merece la pena.

Siempre hay que reforzar algo, ¿no?

-Hna. Daría Fernández: Estas jóvenes, generosas y decididas, con sus fragilidades propias, necesitan un buen equipamiento para poder vivir su consagración en plenitud. Lo más importante es la profundización en la fe y es en el encuentro con el Jesús de la vida y de la historia, que les ayudará a entender la existencia desde un humanismo cristiano, y a entrar en un proceso de salvación para ellas y para las personas con las que entren en contacto. Una base importante para este proceso formativo es el conocimiento de sí, que cada joven se sienta implicada en su propio proceso y que potencie su propia identidad desde el carisma recibido. La mejor ayuda es el vivir todo esto en una comunidad donde la oración personal, la verdadera fraternidad y el compromiso con la Iglesia y con las jóvenes de hoy sean una realidad palpable.

Usted ha mencionado el Concilio Vaticano II, ¿cuál fue la mayor riqueza que aportó para la vida religiosa y a qué faltaría responder aún?

-Hna. Daría Fernández: Justamente, yo entré a la vida religiosa después de Vaticano II y soy hija del Concilio. Creo que fueron grandes los desafíos. Siempre que voy a la Basílica de san Pedro venero a Juan XXIII por esa gran aventura en que metió a la Iglesia, y después a Pablo VI que fue el papa de mi juventud, durante mi formación en la vida religiosa. Uno de los grandes desafíos fue acercar la vida religiosa al mundo y abrir las puertas para que entrase la riqueza de la cultura de la modernidad. La vida religiosa se abrió y se acercó más al mundo, para “estar en el mundo sin ser del mundo”, como dijo Jesús. Otro de los desafíos fue volver a las fuentes, reeditar el carisma, porque el carisma es siempre nuevo, como el Evangelio. Hoy, después de 50 años debemos seguir respondiendo a los “signos de los tiempos”, a lo que Dios y los jóvenes nos siguen pidiendo. Como decíamos en nuestro capítulo: el desafío es vivir nuestra fe y nuestro ser de religiosas de un modo más coherente. Uno de los pilares es la primacía de Dios en la misión.

¿Ve otros desafíos?

-Hna. Daría Fernández: Otro gran desafío es saber vivir ese camino de santidad en común, porque creemos que hoy la fraternidad es un signo en este mundo donde las relaciones se han hecho más difíciles. Somos llamadas a vivir la comunión en la diversidad como hermanas que nos queremos y  nos ayudamos. Y un tercer desafío es un nuevo modo de hacer pastoral... Evangelizar es ofrecer una Buena Noticia, pero ¿cómo podríamos traducir el lenguaje de Jesús a los tiempos nuevos? Nosotras hemos elaborado un plan de pastoral para que los jóvenes sean capaces de entrar en contacto con su propio misterio, descubran al Dios de Jesús, y puedan encontrar en Él respuestas a los desafíos.