Desaparece una figura destacada de la Iglesia en Chile

El padre Renato Poblete, innovador en el campo de la solidaridad

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SANTIAGO DE CHILE, miércoles, 24 febrero 2010 (ZENIT.org).- Con el fallecimiento el pasado jueves del padre Renato Poblete, jesuita, desaparece una figura destacada de la Iglesia de Chile considerado un innovador que cambió el modo de hacer solidaridad en este país.

“Para nosotros los chilenos y muchos otros países más, fue un hombre ejemplar que dió gran énfasis a la obra del Padre Hurtado, San Alberto Hurtado SJ. Lo entregó todo por los pobres, y no sólo en Chile, fue invitado también de otros países para dar testimonio y enseñar como ayudar”, afirma Viviana Romero Correa, desde Chile, al comunicar la noticia a ZENIT.

El jueves 18 de febrero falleció el Padre Renato Poblete Barth, quien se encontraba en el Centro de Espiritualidad Loyola en Padre Hurtado, junto a sus compañeros jesuitas en el “Encuentro Anual de la Provincia chilena”.

Miles de personas acompañaron al padre Poblete en la Iglesia San Ignacio de Loyola. Durante la jornada, representantes de distintos sectores acudieron a despedirse del apreciado sacerdote, entre ellos el ex presidente Patricio Aylwin, ministros de gobierno, empresarios y miembros del futuro gabinete del presidente electo, Sebastián Piñera.

La misa funeral fue presidida por el cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo de Santiago, y concelebrada por monseñor Alejandro Goic, obispo de Rancagua y Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile.

El padre Renato Poblete pasará a la historia como el gran innovador que cambió la manera de hacer solidaridad en Chile. Desde el puesto de capellán general del Hogar de Cristo --entre los años 1982 y 2000- convirtió a esta institución en una verdadera empresa. Aumentó su tamaño, su presencia en el país y la cantidad de gente que se incorporó a la obra para combatir de manera eficiente la pobreza, informa la página web del Hogar de Cristo.

Conjugó una gran austeridad personal con la recolección y manejo de enormes fondos necesarios para las obras sociales. Esto contribuyó fuertemente a la gestión creativa y exitosa del Hogar de Cristo, fundado por san Alberto Hurtado, que incorporó el marketing más reciente y la cultura empresarial para el ejercicio eficiente de la caridad.

Varias de las actividades que hoy realizan las instituciones de beneficencia las inventó el padre Renato. Se le conocía como una “máquina de ideas” y muchos expertos coinciden en que fue un precursor del marketing empresarial por la forma como abordó la obtención de recursos. La Cena Pan y Vino, la donación de vueltos en el supermercado, la publicidad en diarios y revistas o los spots televisivos con el rostro de pobres mostrando su realidad, son algunos ejemplos de las creaciones del padre Renato.

Tenaz y perseverante, cuando tenía la convicción de que una idea podía resultar exitosa se embarcaba contra viento y marea para conseguirlo. “Gracias a Dios”, como dicen los que trabajaron con él, muy pocas veces se equivocó, le fue bien y el reconocimiento no tardó en llegar. En 1993 recibió el premio Icare a la excelencia empresarial.

Gracias a una personalidad acogedora y a saber hablar a cada cual, atrajo a cientos de voluntarios para el Hogar de Cristo, desde gerentes --que optaron por un cambio de vida y se dedicaron intensamente a la institución--, hasta grupos de mujeres, incondicionales y fieles seguidoras, que concretaban y organizaban gran parte de las miles de actividades que él ideaba. El padre Renato supo rodearse de laicos comprometidos, que fueron determinantes a la hora de poder ejecutar su trabajo.

En el Hogar de Cristo marcó una época y su labor fue observada en detalle por sus admiradores y detractores.

En los casi veinte años de su gestión, el Hogar creció de siete a cincuenta filiales. En 1982, trabajaban 162 funcionarios y en el 2000, eran 3.200; de los 85 voluntarios, se pasó a 5.000. De 350 asistidos por día se llegó a 22.000.

El padre Renato Poblete llegó al Hogar de Cristo cuando era una pequeña obra y la convirtió en una gran empresa, reconocida, respetada y admirada por su eficiencia. En una encuesta de esos años, esta institución tenía un 86% de confiabilidad, lo que da cuenta de la imagen que logró proyectar con esta obra. La gente no sólo conoció el Hogar de Cristo, aprendió a quererlo y ayudarlo.

Bajo su gestión, el Hogar continuó siendo una hospedería que recibía cada tarde a hombres y mujeres que no tenían dónde pasar la noche y que llegaban hasta la puerta de su sede principal. Pero también para aquellos que preferían pasar la noche en la calle y que se resistían a abandonar la vía pública y que sólo lo hacían frente a una taza de té o una sopa caliente que les ofrecían los voluntarios que salen en las noches a buscarlos. Además, siguió siendo un lugar que acogía a los enfermos terminales y que les ofrecía una oportunidad de enfrentar la muerte de manera digna.

Bajo su mandato también comenzó el trabajo en las cárceles, especialmente con los menores de edad, que en ese tiempo no se alojaban en recintos penitenciarios especiales y que estaban expuestos a todo tipo de abusos. También se creó el Área de Niños y Jóvenes en Alto Riesgo Social que fue una de las de mayor crecimiento. Se implementaron trabajos, talleres, servicios y capacitación a los jóvenes que llegaban derivados de los tribunales.

Rápidamente se pasó a atender también a las personas con adicción a las drogas y alcohol. El Hogar de Cristo pasó a ser una de las instituciones de rehabilitación para adicciones, líder en el país y reconocido por haber diseñado uno de los programas más eficientes y de menor costo para estos tratamientos.

Otra área en que el Padre Renato enfocó su trabajo fue en la atención de los discapacitados mentales. Muchas de las personas que llegaban a las hospederías tenían problemas psiquiátricos severos y se crearon hogares especiales para ellos. Bajo la Capellanía General del Padre Renato se llegaron a construir tres de estos hogares.

El año 2000, aunque dejó de ser el capellán general del Hogar de Cristo, su agenda siguió igual de intensa que años anteriores. Continuó en la difícil tarea de recolectar fondos y de relacionarse con todas las personas que de una u otra forma podían ser útiles a esta obra: la institución de beneficencia más grande del país, la que más ha ayudado a combatir la pobreza, la que más mueve recursos.

Para más información: http://www.hogardecristo.cl