Desarrollo sostenible: “Las personas no son un obstáculo”

La Santa Sede invita a la ONU a reconsiderar ciertas políticas de desarrollo

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NUEVA YORK, jueves 10 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Las personas humanas deberían ser consideradas el objetivo del desarrollo, más que una barrera, afirmó el delegado de la Santa Sede en las Naciones Unidas.

El pasado lunes, Charles Clark, profesor de economía en la Universidad St. John, se dirigió al Segundo Comité Preparatorio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, en representación del arzobispo Francis Chullikatt, Observador Permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas.

Las reuniones se están realizando como preparación a la conferencia sobre el desarrollo Rio+20, que tendrá lugar del 4 al 6 de junio de 2012 en Río de Janeiro, Brasil, en el 20 aniversario de la Cumbre de la Tierra de 1992.

Clark afirmó que “para la consecución del objetivo 'Economía verde en el contexto del Desarrollo Sostenible y Erradicación de la Pobreza' (GESDPE), mi delegación confía en que no nos olvidemos que el propósito del desarrollo es el desarrollo humano integral y que todas nuestras estrategias y prácticas deberían ser juzgadas en base a esta norma -que los seres humanos son y deben seguir siendo nuestra principal preocupación”.

“Si los humanos en su entera humanidad no son considerados como el objetivo definitivo del desarrollo como se acordó en Río hace 20 años, entonces nos tememos que los seres humanos serán para muchos como el primer obstáculo para el desarrollo” advirtió.

El delegado añadió que “estamos seguros de que estos seres humanos serán: los pobres, los marginados, los que causan molestias, aquellos que no han nacido todavía y los que debido a su edad, discapacidad o enfermedad no sean capaces de defenderse a sí mismos”.

El delegado observó que “muchas de las estrategias de desarrollo y políticas que han fracasado en la promoción del desarrollo humano integral en el pasado, lo han hecho porque los seres humanos han sido reducidos a una sombra de su humanidad”.

Clark explicó que “por un lado se nos dice que el egoísmo y la codicia son los únicos controladores de la conducta humana, y que los 'mercados libres' son lo que se necesita para convertir el vicio privado en virtud pública”.

“Por otro lado se nos dice que la naturaleza humana es lo que la sociedad produce, dándonos una estrategia de desarrollo que se centra en estructuras e instituciones, con la esperanza de que las instituciones de derecho sean suficientes para promover el desarrollo”.

Toda la verdad

El delegado admitió que “cada opinión posee una parte de la verdad: los seres humanos a menudo se dejan llevar por el propio interés y las instituciones sociales forman en gran medida los comportamientos humanos y acciones, mercados y políticas de gobierno, ambos con el potencial de promover el bien común”.

“Pero la humanidad no puede ser reducida a los egoísmos individuales o construcciones sociales”, afirmó el delegado.

“Un total entendimiento de lo que significa el ser humano también debe incluir la solidaridad básica que es una parte necesaria de nuestra humanidad, que concuerda con la dignidad fundamental de cada persona y que pide justicia”, dijo.

“Una economía no basada en una ética que tenga como centro las personas y la moralidad indudablemente instrumentalizará las riquezas de la tierra en beneficio de los ricos y poderosos”, advirtió Clark.

Continuó diciendo: “a su vez los indicadores sociales y medioambientales, que pueden ser importantes herramientas que ayuden a promover un auténtico desarrollo humano, en el momento de realizar estadísticas y falsos objetivos dan la apariencia de progreso pero no reflejan la realidad del verdadero progreso”.

“O peor, se pueden convertir en excusas por las que se sacrifiquen derechos humanos y se agreda la dignidad humana, todo desde una visión distorsionada del bien común”.

“El desarrollo real no será y no puede ser producido sólo por cambios en estructuras o incentivos de mercado”, afirmó el delegado. “De igual importancia es el cambio necesario en nuestros corazones y mentes así como en nuestras acciones posteriores”.


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En la Web de ZENIT:
Texto completo: www.zenit.org/article-38555?l=spanish