Desde Brasil a Puglia: una misión perpetua

En su último libro, el arzobispo de Taranto, monseñor Filippo Santoro, reflexiona sobre la contribución de la Conferencia de Aparecida del 2007 y sobre los desafí­os para el catolicismo latino-americano e italiano

Rimini, (Zenit.org) Luca Marcolivio | 558 hits

Transmitir la experiencia de la Conferencia de Aparecida a los fieles de todo el mundo, más allá de los confines de América Latina. Este es el objetivo del último libro firmado por el arzobispo de Taranto, monseñor Filippo Santoro, con el título La fuerza del encanto cristiano. La contribución de un testimonio de la Conferencia de Aparecida (La forza del fascino cristiano. Il contributo di un testimone della Conferenza di Aparecida).


El volumen recorre y actualiza los aspectos más destacados de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, que se celebró en 2007, con un rol determinante desempeñado por el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio.

Al finalizar la presentación del libro, en el Meeteng de Rimini, ZENIT ha entrevistado al autor, que ha delineado los puntos en común y las diferencias entre los desafíos de la evangelización en América Latina (monseñor Santoro, además de haber participado en las sesiones de Aparecida, ha sido misionero en Brasil durante varios años) y en Europa, en particular en Italia.

Excelencia, ¿cómo nació la idea de un libro sobre la conferencia de Aparecida?
--Monseñor Santoro: El libro responde a una exigencia de hacer conocer también en Italia la Conferencia de Aparecida, un evento del que, fuera de América Latina, se sabe poco, al punto que durante un Sínodo, un obispo australiano me preguntó: "Who is Aparecida?", (¿quién es Aparecida?), como si se tratara de una mujer... La clave de lectura del libro es precisamente la experiencia de la belleza y del encanto cristiano. En la Conferencia de Aparecida se afrontan todas las problemáticas de América Latina, sin embargo, como afirmó explícitamente en una intervención el cardenal Bergoglio, esto sucede a partir de la experiencia de la fe, a partir del ser, del corazón y de la mirada de los discípulos misioneros. En esta perspectiva los pasos indispensables son dados por la formación de los discípulos misioneros, después son propuestas varias opciones entre las cuáles la recuperación y la profundización de la opción preferencial por los pobres.

¿Podremos decir que Aparecida, en virtud del rol determinante jugado por el entonces cardenal Bergoglio, representa una especie de manifiesto programático del pontificado de papa Francisco, que ha iniciado seis años más tarde?
--Monseñor Santoro: El verdadero documento programático de papa Bergoglio es la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, la cual está llena no solo de citaciones de Aparecida sino del espíritu de Aparecida. Es un documento lleno de experiencia que el cardenal Bergoglio ha hecho, logrando sintetizar varios elementos y desafíos que, a veces de manera conflictiva, han surgido en Aparecida. En la redacción, Bergoglio ha unificado los estímulos que venían de la galaxia de la Teología de la Liberación, de las sectas, del fenómeno de la secularización, de la pobreza, de la corrupción, de los derechos humanos, de la dignidad de la persona: todo ello se ha puesto en un contexto que pone al centro la belleza del ser discípulos de Cristo, personas que han encontrado al Señor, han quedado fascinadas y lo han seguido, por tanto, entran dentro de los problemas con un corazón y una mirada nueva.

Aparecida es sin duda uno de los hilos que llevan el magisterio del Papa que no se queda en un magisterio sectorial o "local", sino que se propone a toda la Iglesia, ya que profundiza en lo esencial: el amor de Cristo que viene a través de la muerte y resurrección, su misericordia, la cercanía de Dios a nosotros.

¿Cuál es la lección más grande que recibimos de la religiosidad de los pueblos latino-americanos?
--Monseñor Santoro: La primera lección es la de la actualización del Concilio, un objetivo asumido por todas las conferencias del episcopado latino-americano, a partir de Medellín (1968), pasando por Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), hasta llegar finalmente a Aparecida.
Esto se ha vivido en un ambiente dominada por la fe católica y de un marcado entusiasmo pero la expansión de las sectas ha sido como un latigazo, ha interrogado profundamente a los católico sobre qué querían hacer, en particular para las clases más desfavorecidas, donde estaba la Teología de la Liberación pero, finalmente, muchos pobres han terminado en las sectas.
Hay por tanto un interés en mejorar las condiciones humanas y sociales pero sobre todo de proponer de nuevo el anuncio de Cristo en su belleza. La novedad de la Iglesia latinoamericana se debe a la experiencia que el Espíritu ha suscitado a través de las nuevas comunidades, los movimientos, las comunidad de base (que también se inspiran en parte por la Teología de la Liberación), las comunidades parroquiales, las pequeñas comunidades. Esta experiencia pone de nuevo la fe en el centro de la existencia, no solo como premisa sino también como dinámica de agregación, de unidad de las personas, de atención a los dramas de la gente. Esta es la experiencia que hace viva la Iglesia en América Latina: el encuentro con el Señor vivido en la secuela, en la alabanza, en el canto, en la solidaridad. Y en esta experiencia es posible vivir con intensidad la opción preferencial por los pobres, que en Aparecida no fue vaciada o empobrecida sino intensificada, porque el corazón de Cristo se hace cercano a la gente.

Usted tiene un pasado como misionero en Brasil: ¿cuánto revive este experiencia en su actual ministerio episcopal?
--Monseñor Santoro: Nada más llegar a Taranto, me he encontrado delante de desafíos muy grandes. Las lecciones que he recibido en América Latina han sido sobre todo la cercanía a las personas. Una de las primeras visitas que he hecho en mi diócesis actual ha sido en un hospital, donde he visitado todos los pacientes; después visité la cárcel donde la directora me hizo ver a 70 detenidos de los 700, pero yo quise visitar todos los sectores individuales, a pesar de que me habían dicho que era peligroso. Quería saludar uno a uno estrechándoles la mano a través de las barras de la cárcel y decirles: "si estáis aquí algo habéis hecho, pero no perdéis la dignidad, la podéis recuperar completamente".
El aspecto misionero, por tanto, ha sido como un dejar suceder los desafíos pero el corazón es el que comunica la esperanza cristiana, estar cerca a la gente porque encuentre la Iglesia no como un conjunto de doctrinas y de normas, sino como una vida que refleja la belleza de Cristo que te lleva y ya no te suelta.

¿Cuáles son los puntos de fuerza en la Iglesia italiana?
--Monseñor Santoro: La experiencia italiana es notable en particular desde el punto de vista de la catequesis: el camino catequético hasta ahora cumplido representa una riqueza, no solo para Italia sino también para otros países. Está después la valoración de ciertas realidades unidas a la devoción popular. En Taranto, por ejemplo, yo encuentro una gran religiosidad popular que se sintoniza fuertemente con uno de los capítulos más bellos de Aparecida, que es la piedad popular. En Italia he encontrado a menudo una agudeza profunda en la fe, sistemática, intensa, que desarrolla al mejor nivel de la experiencia y por tanto de la cercanía a los problemas vividos por las personas.